AGUALUNA I

He seguido la senda de la Luna
así como tú me dijiste;
anoche estuvo llena, grande y luminosa.
Se había posado frente a mis vitrales,
y su luz serena invadía mi cuarto.
Me quedé con ella
y le hablé de mis días, de mis noches,
de mi silencio
y del bullicio de mi corazón.
Como un vestido de novia
sus rayos de colores
envolvían mi cuerpo,
y su luz en pañoletas brillantes
danzaba con la brisa.
Después cerré mis ojos –quería dormir-
pero busqué tu imagen
y quise tu risa para abrazar tus besos.