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Detalle

GLOVER GONZÁLEZ GALLARDO* O LOS TRES NIVELES DE “EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS”

Presentación. Por Feliciano Mejía**.

PERÚ-Lima: Conocí este libro (*) antes de ser escrito en su planificación rigurosa (cosa que yo en mi obra nunca puedo hacer) y antes de que se escribiera el primer verso. Eso, en conversaciones privadas con el autor, quien me decía que su próximo libro, luego de dado a luz  “MANANTIAL EN EL ESPEJO”, sería un homenaje a su padre fallecido y una auscultación de la incógnita de la muerte. Una primera constatación, publicado el libro, es que ese objetivo, para bien, ha sido sobrepasado.

Asomarme al “EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS”, me indica tres niveles, el primero de los cuales es un acercamiento a los desconocido, a las “sombras”, al no ser, al acabarse y ese “fulgor de la muerte” de la tercera cita de Jorge Luis Padrón con que inicia el libro. Casi todos los poemas es un enfrentar constante al acabar y a la soledad de la nada. Cito: “a la deriva con el cadáver / que hemos arrojado al fango” (…) “y hasta la muerte ha de acabar…” p.13. En varias estaciones del libro y en muchos versos se repite como una melopea amarga, el fin, fruto del acabarse del amor, un chisporroteo carnal de la derrota, transhumancia en la nada, confrontación con lo inacabado y la frustración en la agonía diaria. Esta línea de trabajo se diagrama explícita en el poema “Modalidades de la muerte, p. 71, con una cita esperanzadora del gran Antonio Machado: “Late corazón…. /  No todo se ha tragado la tierra”.


El segundo nivel, no por decir segundo es subalterno, es un canto orgiástico a la vida, en el camino del amor en general, espiritual y carnal, a veces visto en la culminación del orgasmo, que González define, p. 16, como “ímpetus de espasmos”. Pero no es solo el cuerpo y el canto a los sentidos que marcan este estadio, sino el norte de la esperanza atisbada. A ello apunta el poeta, a pesar del trasfondo constante de las sombras. Este es el nivel, la esperanza, por la cual Grover González dedica el libro a cuatro de sus niños en florescencia: Nayana, Laios, Olexa y Vania, subrayando “por la vida que son y por la que habrán de dar”. Por ello, en el libro, ese contundente poema a la cultura de Chan-Chán, cuya ciudadela, en el norte del Perú, es la más grande del mundo hecha en terracota. Además de otros textos de González, inmersos en la historia milenaria del Perú. El poema más notable, en mi criterio, es un texto que no debería faltar en ninguna antología iberoamericana. Me refiero a “La plegaria de Takaynamo”, pp. 26-27. No abundaré en este poema y su poesía histórica pre-inca, con su carga mítica y fuerza actual. Baste citar estos versos: “No he llegado desde el Sol ni con el trueno (…) esferas de fuego aguardan mi regreso (…) han pasado siglos, acaso milenios (…) nuestra marcha no ha cesado, / todavía se oye el gemido de niños famélicos (…) ninguna flor hubiera susurrado como una garganta: / si debemos decapitar, que sea a las inútiles batallas: / jamás detendremos los remos y las balsas, / huellas que prolongan los senderos del mañana; / no habrá reposo ni morada, / el hambre acabará aunque el mundo se vuelva una lágrima; / no más islas ni montañas / hasta que se reúnan en una sola gota todos los cielos y las aguas.”

Toda esa carga de historia milenaria, toda esa fuerza de nuestros ancestros (y cuando digo ancestros hablo del hombre sudamericano), toda esa fuerza en embrión contenida, sometida por ahora por los avatares de la historia actual, resumidos con diafanidad en este texto, hace que aliente públicamente a Glover González a seguir por esta veta encontrada; y a darnos en el futuro un libro completo con estos personajes y temas hallados, que nos alejan de este mundo aparentemente unipolar que nos ignora y se nos ha impuesto.

Pero hay un tercera línea o cuerda que veo en este libro. Recordemos: El primero: Desánimo-Desesperanza-Muerte; el segundo: Amor báquico-Amor Espiritual- Historia y sobre todo Esperanza. Este tercero lo veo como un acuerdo dialéctico de ambos polos, sin bajar el gran nivel de calidad de los poemas, es decir, de los textos y su esencia inmaterial de su poesía. Veo un tejido que es un vaivén de Amargura-Felicidad, Desesperanza-Visión de futuro. Por eso Grover escribe: “calma: / no soy un espectro / extraviado en la nada:”, p.18,  “sentarse sin piernas a contemplar la puesta de tus labios”, p. 20, “Tu carne solía volar como los peces, / arder como los pájaros, / abismarse en el ojo ciego de la muerte”, “oscura realidad que todavía fosforece”, p.20, “no ha de cesar el fuego mientras su furor / cabalgue  mis vértebras: los cuerpos eclipsan las praderas”, p.28, “el mar desaparece pero todavía crecen mis huesos”, p.60, “si has de divagar que sea al filo de mis dedo; (…) salimos en tropel a destruir las raíces secas del tiempo. / Nada podrá contener tanto ardor en un solo infierno”, p.61.

Y así. En todo el poemario. Una inconmensurable cantidad de versos fulgurantes que a veces nos deslumbran por su contundencia, por sus profundidades ónticas, y su unimismación con lo más eminente de lo surreal.

Pero ojo. Estas tres líneas demarcatorias que van en todo el poemario no están separadas poema por poema, capítulo por capítulo, de forma independiente y evidentes. Más. Yo diría que es un entramado inextricable en todo el libro, como los hilos de una fina alfombra persa, de esas que vuelan y vuelan de verdad. Además, para apoyar lo que digo, baste ver la sagacidad de la carátula, esos negros cuervos (desesperanza), el trigal de oro (vida y esperanza) y ese camino serpenteante hacia el sol desgajado y verdión, caótico, en el horizonte (simbolizando la dualidad, la indecisión) en el fragmento del cuadro de Van Gogh; para comprender esta idea que me han dado estos hermosos poemas. Y diciendo esto, debo resaltar el logrado esfuerzo formal, el dominio de la cesura, el manejo del discurso, aun en los textos proclives a llevarnos al hermetismo, y el fulgurante e infatigable encabalgamiento de las imágenes que nos invaden como gemas tocoloras.

Dicho todo lo anterior, como siempre lo hago al disertar o presentar los libros de los compañeros de ruta, debo recalcar que nunca estoy opinando sobre su o la poesía de nadie. De la poesía que nos vehiculizan los poemas, siempre me es imposible dar una idea, porque la pienso y la siento inasible. Ella es toda la realidad y ésta es inconmensurable, abarcando todo lo humano: Es como estar al pie de una montaña. Y frente a ello escribimos. Y hacemos textos que no son sino objetos  gramaticales en una lengua o idioma dado, que construimos  para intentar transmitir la poesía que vivenciamos. Podemos hablar de los textos o poemas, y yo lo hago desde mi formación constructivista. Pero me es imposible de lo arcano, de la poesía. Eso lo he aprendido en mis 68 años de vida. Ella, la poesía que hemos atisbado, solo se siente cuando el texto está bien hecho y permite, en los mejores autores, infinidad de relecturas.

Felizmente, en estos poemas de EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS del poeta Grover González, tan bien sufridos como trabajados, nos es permito innúmeras relecturas que nos hacen más ricos y nos calan en lo esencial. Ello nos demuestra la valía de nuestro autor.

Para terminar.

Nota aparte nos merecen el último poema La realidad más leve que las sombras, p.102, que es una pura elegía de lirismo, ternura dolida y confianza en la amada diciéndole: “debemos amanecer como una pedrada / en aguas que reúnen fósiles, ecos y bocas; (…) huyamos como la luz de tus pupilas al eclipsar la aurora”. Y, naturalmente, ese otro excelente poema titulado Llama efímera, p. 45, donde se condensa la agonía ante lo inconmensurable, donde el amor más acendrado se plasma en verse diáfanos, que nos dan la dimensión que ha alcanzado Grover González Gallardo. Nivel que me da alegría. Y por ello lo doy a la manera de Grover y a la mía:

 

LLAMA EFÍMERA

                                    A Ernestina Gallardo Abanto.

 

Mi madre es una nube

sobre la cama de un hospital

edificado sin presupuesto ni memoria;

llamarada de carne que van desnudando

las manos de enfermeras

en medio de siluetas caóticas:

contemplo su rostro,

los orificios de su piel,

los harapos donde reposa:

se diría que ha muerto ya,

que jamás volverá a ver la aurora;

pero aún le quedan lágrimas

que derramar ante su propia sombra:

un suspiro, una pregunta tal vez

para helar el fulgor de su pasada gloria.

 

FLAMME ÉFÉMÈRE

                                    Pour Ernestina Gallardo Abanto.

 

Ma mère est une nuage

sur le lit d’un hôpital

batissé sans butget ni mémoire;

une flambée qui vont dépuillant

les mains des infirmières

au millieu de silhouettes chaotiques:

moi, je comtemple son visage,

les petits trous de sa peau,

les guenilles où elle se repose:

ont dirait qu’elle est morte déjà,

que jamais de nouveau elle verra l’aurore;

mais encore ils lui reste de larmes

pour arroser devant sa prope ombre:

un soupir, une question, peut-être,

pour glacer l’eclat de sa gloire passée

 

C.F.

Lima, 8 de agosto de 2016.

www.felicianomejia.com

 

 

 

*Grover González Gallardo, poeta del mundo:

http://poetasdelmundo.com/detalle-poetas.php?id=8403

Nacionalidad: Perú

(*) GONZÁLEZ Gallardo, Grover, EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS, Ed. Vicio Perpetuo, Lima, Perú, mayo de 2016, pp. 103.

 

**Feliciano Mejía Hidalgo

Nacionalidad: Perú
E-mail: feliciano.mejia@gmail.com
Secretario Nacional de Poetas del Mundo - Perú

 

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