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Mateo Morrison
Nacionalidad:
Rep. Dominicana
E-mail:
msacalidadycultura@yahoo.es
Biografia

Mateo Morrison

Mateo Morrison, nació en Santo Domingo. En la historia de la literatura dominicana corresponde a la Generación literaria de Posguerra. Ha participado en un sinnúmero de conferencias, recitales, encuentros internacionales de cultura y poesía. Recibió en el 2010 el premio Nacional de Literatura, la más alta distinción que se otorga en vida a un escritor dominicano.  Ha publicado más de 30 obras correspondientes a diversos géneros literarios, principalmente de poesía. Entre ellos; Aniversario del dolor, Visiones del transeúnte, si la casa se llena de sombras, Nocturnidad del viento, Dorothy Dandridge, Espasmos en la noche, Tempestad del Silencio, Pasajero del Aire, El abrazo de las sombras y Terreno de Eros.

1

El tiempo es un anciano que descansa.

FRANCISCO BRINES

Casi libre de pensamientos

el anciano se aposenta

en el más pequeño

banco del parque.

El viento que levanta las faldas

le trae una leve sensación de bienestar.

 

Las horas llamearon su cuerpo.

Ahora está colocado

en esta miniatura de asiento

que le servirá de almohada.

Su cama será un conjunto de hilachas

con forma de estrella

pero sin luz.

 

Él, percibirá

en su extraño mundo

que la muerte merodea

como incendio voraz

su anatomía.

Vegetativamente sonríe

en una mueca

escoltada por dientes

que existieron.

 

A su lado la vida continúa.

Ratas multiplicadas en las aceras.

Ligeras lluvias acarician las rosas pisoteadas.

Una mariposa se pasea solitaria

y una luciérnaga

parece mantener la esperanza de que pronto

la noche cesará.

 

En este lugar todos avanzan veloces

para alcanzar algún espacio.

Nadie se detiene a acompañar

a este ser que lleva

el tiempo entre los huesos.

 

2

No es una mujer sola

es un estado transitorio

entre dos soledades.

YOLANDA PANTÍN

 

La anciana se desplaza en su hábitat.

Comparte su supervivencia

con insectos que van migrando

hacia lugares más propicios.

El sitio donde duerme no tiene borde.

Todavía siente las caricias

de la superficie que recoge sus pisadas.

Reza, pero su iglesia es la calzada

donde antes los muchachos fisgaban

su cuerpo.

La lascivia caía como agua de madrugada.

Se humedecieron alguna vez sus piernas

espejeando sus ropas raídas.

Humores antiguos cruzaron sus arterias.

Marismas cuajadas rondaban

por sus bronquios.

 

Ya ese vientre reclama cenizas.

 

Se zambulle en el recuerdo de unos labios

que fueron fosforescentes

y ahora no saben pronunciar el adiós.

Una manta trata de ocultar

el arribo del rocío.

Piensa que su estar en la tierra

fue demasiado fugaz.

El calor ahora pretende derretirla.

Sería bueno volver a contemplarla

antes de que se evapore su presencia.

 

3

 

La daga que construyes para herirme. El cuchillo imantado

que lanzas a mi pecho.

La tea con que incendias mis pisadas. La herida en mí descui-

dado rostro.

 Las abejas que entrenas para emponzoñar mi espíritu.

Las aguas infectadas del jardín que cultivas para ensañarte en

mi cuerpo derribado.

El pistoletazo que buscaste en el poema de Maiakosky para

penetrar en mi sien.

Los restos de cicuta que indagas en la historia para que su

esencia destruya mis entrañas.

Las investigaciones que avanzas para aprender y aplicarme las

torturas más sublimes de la postmodernidad.

La cámara de gas que fuiste a conocer para estudiar

 la posibilidad de mi holocausto particular.

La mirada que exhibes cada mañana forzando

a refugiarme en la quietud.

¿No son suficientes para detener tus asedios a mi sombra?

 

4

 

He aquí donde están colocadas las criaturas

que van a ser estatuas.

Entes tallados sin sudores

y sin nada que circule por sus venas.

Ya están listas lejos de las ciudades donde deambulan

tantos seres anónimos que nunca serán esfinges.

Trasladen ya a los seleccionados para la gloria

y déjennos con nuestra intrascendencia,

dispuestos a morir como llegamos,

emitiendo un pequeño grito.

Arropándonos con la sábana del olvido.

 

5

 

 

Los ojos que insertaste en las paredes

no ven más que a las paredes mismas.

Hacia los lados emerge una luz desvanecida.

¿Es que le falta amor a esos ojos?.

Un museo silente tu mirada.

 

Sólo el oblicuo sentido de la vida

mantiene esta ilusión

de sentimientos contrapuestos.

 

 

 

 

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