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Manuel Gonzalez Busto
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
manuel@hero.cult.cu
Biografia

Manuel González Busto

Es autor de los poemarios Magio la rotura de mis flautas (Ediciones Luminaria, 1991), Premio Fayad Jamís l989; Confesiones de un loco descreído (Ediciones Luminaria, 1993), Premio Fayad Jamís l991; Último incendio en la memoria (Casa Editora Abril, 1993); Caramba, Manuel (Editorial Letras Cubanas, 1994), Premio Pinos Nuevos 1994; Testamento del loco (Editorial Letras Cubanas, 1998); La noche del visionario (Editorial Capiro, 2002), Premio Ser Fiel 2001; Ebriedad de los credos (Ediciones Luminaria, 2005); Poemas de cuando el hombre pudo razonar (Editorial Oriente, 2005); Delirios del aprendiz que quiso ser rey (Ediciones Luminaria, 2006); Adán: evidencia de los límites (Editorial Letras Cubanas, 2007); Parábola del triste (Ediciones Unión, 2007); Nueces para una añoranza (Ediciones Luminaria, 2008), Premio Fayad Jamís 2007;

Antología de la poesía oral-traumática y cósmica de Manuel González Busto, compilada y prologada por Fredo Arias de la Canal (Frente de Afirmación Hispanista A.C., México, 2009); Cartas a Giselle (Ediciones Luminaria,2010); Mítico segundo, décimas (Ediciones Luminaria, 2012), y El reino de los dilemas (Editorial Letras Cubanas, 2014).En el año 2015 publicó El invierno de la novia por Ediciones Luminaria, Cuba, y también por Editorial Guantanamera,Sevilla,España,2017.Próximamanete,será publicado por la Editorial Letras Cubanas su poemario inédito: Pasajero del olvido, en este año 2018.En el año 2015,la Editorial Samarcanda, Sevilla, España, en su sello editorial Guantanamera, publicó su poemario El invierno de la novia.  Su poemario Cartas a Giselle, se encuentra en plena Campaña de Búsqueda de mecenas para su posterior publicación por la Editorial Pentian, Sevilla, España..

Sus poemas aparecen en una decena de antologías, entre ellas Poetas del seminario (Editorial Letras Cubanas, 1992), Anuario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Ediciones Unión, 1993), Antología de la Poesía Cósmica Cubana, tomo III (Frente de Afirmación Hispanista A.C., México, 2002) y Cien poetas cubanos. José Lezama Lima, ese misterio que nos acompaña (Colección Sur Editores, 2010 y 2011).

Por su obra lírica ha recibido, asimismo, más de una decena de reconocimientos, entre ellos Premio Concurso Nacional de la revista Somos Jóvenes l987; Premio José Martí, en el VIII Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso 2003; Premio de Poesía del periódico Escambray (l987, l996, 2013 y 2015), y mención en Concurso Nosside Caribe 2004.

Como jurado, ha participado en varias ediciones de Encuentros Debates de Talleres Literarios, a nivel municipal y provincial; en Premio de la Ciudad de Sancti Spíritus; en Coloquios y Simposios de la Cultura Espirituana; en Jornadas Científicas del Centro Provincial de Superación para la Cultura, y en numerosos concursos de investigación y crítica literaria.

Por el valor de su obra y por sus aportes al desarrollo de la cultura espirituana ha recibido, entre otros reconocimientos, Diploma como Mejor Escritor, de la Filial de Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Sancti Spíritus, y Distinción Canto de Ciudad, máximo galardón otorgado por esa propia organización, ambos entregados en el año 2012.

Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)

 

POEMA QUE DEBIÓ ESCRIBIRSE MUCHO ANTES

 

Si delira por hacer un gran poema

Y solo se tiene a usted que no es un roble

ni una leyenda

ni un amador como Yarini

y su soledad está prostituida

de tanto nostalgiarse

y un día de éstos va a morir y nunca    nunca

fíjese bien

tuvo tiempo para consumir su propia vida

como un perfecto catador de vinos

o lo tuvo    pero un carajo de Dios le vino encima

y usted a su vez no lo mandó al carajo

y entonces dios    así en minúscula

vislumbró su rabia contenida

sus credenciales de bueno

incapaz de apuñalear a un cerdo

y dijo:

si este hombre al menos fuera un evangelio.

Si a punto de ser historia

o simplemente de no serlo

usted persiste en escribir un gran poema

y le preguntan por qué no se fabricó una isla

con los ojos de su amada

ni hizo vida de caníbal o de brujo

ni previó que llegaría adolescente a los cuarenta

rumiando corazonadas que no tuvo

espejos insalvables para los corceles de su hipocresía

en desbandada.

Si después de todo persiste

pero alguien al parecer inteligente

le dice:

sus deudas crecerán después de muerto

es usted un profesor almidonado

que no cree en los horóscopos

ni en los reclamos

ni en la sabiduría de los idiotas

que ama la desnudez como un mitómano

pero teme que le destapen el pecho

y salte la verdad relampagueante

los periódicos desinformando al corazón:

      QUE nunca fue sabio

       ni puro

       ni político

       porque la política, ah, la política.

       QUE padeció conflictos hasta sentirse anormal

       jurarse que haría un verso cortante

       y no lamparitas del silencio en los desvanes.

       QUE su ingenuidad fue casi perfecta

       pero en la aorta principal nunca hubo sol.

       QUE su fanatismo por lo bello era un pretexto

       para vengarse de los espejos

       y concluyen los periodistas

       UN HOMBRE CRUCIFICADO EN LAS ALETAS DE UN DELFÍN.

Si a pesar de todo

le quedan ganas de escribir un gran poema

lléguese primero al mundo

y salve cuanto queda:

hay buitres comiéndose las rosas.

 

CARAMBA, MANUEL

 

Qué ingenuidad la suya. Manuel se mofa de usted y aún lo duda. Él no quisiera, pero ama las piruetas, sabe que usted tiene defectos como cualquier mortal, y juega con usted. Quien en realidad no quiere soy yo. Soy yo quien teme que su paciencia estalle y no termine de leer este poema. Tiene tanta oquedad, tanta lluvia fina en el sitio donde la ciudad era casi un brillo, tanta certeza de que nunca podrá amarla, que decidió dejar constancia de su fuga.

Usted llegó a la ciudad una noche en que Manuel tenía frío. Una tristísima noche tan parecida a la soledad, que al mirarla supo no haberse perdido como creía y le aseguraban los espejos. Hay algo raro en los espejos. ¿Se habrá fugado el azogue? ¿Son acaso inmortales al punto de sobrevivirnos? Cuando Manuel escribe, es un visionario que no ha pulsado nunca el límite de los espejos. Yo sí. Los rompo convencido de que el azogue ha muerto.

Cuando quiero verme, busco los ojos que magian hondo, y la ciudad se llena de relámpagos. ¿Pero habrá muerto en realidad el azogue? Quien lo duda es Manuel: en el sitio del brillo no comprende por qué hay un campanario, ni por qué es el tiempo y no su rostro quien fulgura. Ahora, una mujer que no es usted, pero se le parece, se ha desnudado en el mismísimo centro de la ciudad. No importa su nombre, ni si ha hecho el amor o no, ni si nos mira como nunca lo hizo otra mujer, ni mucho menos su edad ni sus antecedentes, ni que su cuerpo también sea cómplice de los espejos, y el muchacho que fuimos nos haga trampas y no se deje ver como quisiéramos. Tampoco importa si va a morir en una ciudad donde los pájaros insomnian el campanario, como si no fuera a irse nunca el siglo, ni la fiebre a dejar el corazón.

Simplemente importa cuánto tiembla esa mujer y este deseo atroz de poseerla. Temo que la confundan con la estatua que solo existió en la imaginación de los locos. Por sus ojos anda la noche en que usted llegó a la ciudad y Manuel tenía frío. Ahora él delira, y he venido a pedirle que testimonie la urgencia de soñar el infinito. Los espejos siguen siendo un peligro, y él solo tiene un arcoíris para equivocarse, unos ardores para ser humanamente Manuel, y no el solitario que se miente los desastres y muere en la evidencia.

                                                         II

Sucede que Manuel está en Júpiter. Se olvidó de llevarme el muy maldito, y ahora soy yo quien se mofa de usted. A lo mejor delira por alguna selva. Conozco su atracción por los tigres, su miedo incurable a los naufragios, a la soledad y a los catarros cósmicos.

Cuando él regrese no espere cartas. Últimamente se viene suicidando la memoria, y dice a los que creen en la locura que si no fuera por los espejos él siguiera siendo yo, que sus versos padecen el trauma editorial, y que allá, en Júpiter, los críticos leen bajo la luz de los polvos lunares.

Pido un poco de ternura para los desvaríos de Manuel. Yo estuve durante treinta años en él y lo comprendo. Aunque es posible que cambie mis versos por los suyos, o hagamos con todos un único espejo donde sí fulgure su rostro y no se rompa el azogue.

Caramba, Manuel. Nadie sabrá de quién será esta fiebre que ahora escribo, esa mujer desnuda en el mismísimo centro de la ciudad y sus arterias. Pero hay quien se va de rones, confunde a las estatuas, los diciembres, y encuentra en los espejos una excusa.

                                                        III

Manuel escribió. Son una suerte los espejos. Su carta gravita en la punta de una estrella, noticiario del azogue que ahora escribo, aunque después Manuel no me salude y los tigres destrocen los espejos.

 

LA NOSTALGIA DE LA PRIMERA VEZ

 

 Se me va el pasado. Óiganlo bien. Estoy pidiendo auxilio porque algo grave le está ocurriendo a mi pasado y soy el primero en advertirlo. Uno será siempre el delator de uno mismo mientras otros no se preocupen con la rigurosidad que pide el corazón. Lo peor de todo es que puede llevarme consigo y, entonces, la pérdida sería trágica: no más Manuel. ¿Se dan cuenta? Ya no beso por primera vez. Ya no hago el amor sin tener nociones siquiera de cómo hacer el amor. Apenas me miro en el espejo. No me preocupa la camisa y poco me importan la lluvia y la universidad. Una hebra, tan solo una minúscula hebra blanca, puede ser el inicio de una épica que no historian los cronistas ni llega al mar para ser luz en el océano. Ya los libros no son el mundo ni creo que los libros puedan parecerse al hombre mientras el hombre no decida su corazón en dos cuartillas y siga evitando la lluvia por temor a los catarros. Ya no busco la señal de las premoniciones ni doy importancia a los pequeños desastres cotidianos. Individualmente, habría que cuestionarse la dialéctica: después de los treinta soy menos civilizado. Nunca anduve más cerca del animal. Cada día me preocupo más por mis funciones biológicas que por los duendes. La nostalgia de la primera vez será siempre la nostalgia de la primera vez en la vida de un hombre que se aleja y no quiere, pero sigue alejándose porque el tiempo, qué fuego, quién lo apaga. Pero el último acto de ese hombre no será nunca la muerte mientras tus ojos sigan disputándose el mundo, y, yo, desmemoriado andador de cuanto tiempo pone en duda la inmortalidad, deje de gritar por mi pasado y decida terminar mis días bajo el huracán tibio de tus pechos.

 

EL REVERSO DEL MITO

 

Yo los he visto matar

y nada dije

cuando esgrimen el poder

y se equivocan

pero tienen el poder

y no renuncian.

Solo claman por su credo sobre un auto

buena almohada

y dos salarios.

En sus oficinas azules leen decretos

dictan órdenes.

Allí la soledad los enloquece.

To be or not to be- murmuran ebrios-

mientras Dios crispa sus dedos iracundo.

 

Miles hay que creen en las estrellas

Y aunque humanamente se equivoquen

el poeta los aplaude

y les da el cetro.

 

DE CÓMO LA PACIENCIA VENCIÓ A DIOS Y MANUEL NADA PUDO HACER

Para mis amigos y no soy un hombre afortunado. Solo porque visto bien- demasiado bien para la  situación que vive mi país-, empuño con fineza un reloj de oro, y fluyo en cámara lenta como una secuencia silente.

                             Mi paciencia ha trascendido la ciudad

                             sus límites más preocupantes.

                              Dios ha decidido dilatarla

                              Indefinidamente

                              por considerarme la criatura menos verosímil

                              de su creación.

 

Como tú, ni las estatuas- me confesaron una vez mi paciencia y Dios, y no pude menos que asustarme. Pero como de paciencia hecho estoy, y con mucha paciencia concebido fui, no he logrado nunca impacientarme por más que clavan dardos, y el planeta: esa capa de ozono mutilada. Lo siento por Dios y por Manuel, pero tan obstinada es mi paciencia que dudo puedan derrotarla.

LA VERDAD DEL HOMBRE

Si es usted alguien con sentido común, que añora el reino de las cabezas célebres. Si ya empuña la égida, y sabe cuán triste es el balido de la oveja, el trono de los que solo amantizan el símil de la nieve. Si acaso fuera NADIE, o la costilla que aún gravita, no vacile en cuestionarse si pude o no escribir la verdad del hombre, esa que sin vacilaciones ni humaredas concedióme la palabra desde el más silente de los páramos. De todas formas, le confieso que en cada lágrima, ventura o desafío, emergió tan solo un mínimo destello. La inédita, esa que aún se niega y permanece, búsquela en sí mismo. O en los que durante siglos creyeron haberla escrito en toda su diablura e inocencia. Tal vez en los que no han nacido, y esperanzados, pulsarán también la verdad del hombre: esa otra dimensión de la que ya no seremos, ay, protagonistas.

 

PARÁBOLA DEL TRISTE

                            Para Manuel Echevarría Gómez

La desesperanza no ha cesado de balear. También la incertidumbre. Es ella y no yo quien escribe: QUE los dóciles, los puros, los sinceros, los humanamente humanos: esos que no hieren, ni matan, ni codician, ni sonríen diabólicos cuando la felicidad naufraga en el alma de los OTROS, tienen todo el derecho del mundo a cuestionarse si vale la pena ser: TAN puro, tan bueno, tan humano, mientras que los que sí hieren, y culpan, y matan, ascienden la colina, como si la justicia fuera subasta en los mercados, y ellos, los usurpadores, tuviesen el derecho de negar a los ilustres.

Ah, qué triste saber cuánto vamos perdiendo, y cuánta prohibición convirtiéndonos en NADA.

 

 

 

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