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Mara Enriqueta Roland
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
mers@speedy.com.ar
Biografia

María Enriqueta Roland

Hace tiempo que lo vengo diagramando. Debo desarrollar una novela y pretendo hacerlo en forma tal, que nadie pueda abandonar el libro atrapado por su cautivante trama. No sé sobre que tratará pero el impulso será el artífice de todo.

¡En sus marcas , listos…¡YA!

 

V  I  C  T  O  R  I  A 

PRIMER  CAPÍTULO

LA    CASA

Estaba ahí, frente a ella y todavía no reaccionaba. Era suya. No recordaba haber pasado días tan agitados como los que se sucedieron a la llegada del telegrama.

Al principio pensó en una broma o equivocación, pero los datos eran correctos y pronto se vio rodeada de abogados, trámites, escritos, firmas, sellos y legalizaciones que superó como una autómata.

Se dejó llevar y ahora estaba frente al resultado. Alguien había muerto para que ella comenzara a vivir.

Subió los  cinco escalones y buscó en su bolso el manojo de llaves que abrirían las  puertas a lo desconocido.

Siempre había estado sola así que se sentía preparada para afrontar cualquier situación.

La cerradura giró suavemente y la puerta de dos hojas se abrió de golpe como si algo desde el interior la succionara. Se sobresaltó. Un escalofrío sacudió su cuerpo. No era una  forma común de entrar a un sitio que no se conocía pero se controló mentalmente y dio los primeros pasos hacia el interior de la casa.

Había todavía algo de luz natural que le permitió ver como encender las luces. Un click rompió el silencio total que la acompañaba y la luz de una araña holandesa de bronce  iluminó un amplio living.

Sillones de estilo Berger de altos respaldos y tapizados en tapestry de colores ocres,

impecables, una mesa de roble contra la pared derecha con un gran espejo sobre ella

que multiplicaba los focos de luces.

Realmente era la araña la que predominaba. Su bronce bruñido, sus brazos arqueados y sus volutas, parecían que quisieran abrazar  y atrapar los que estuvieran bajo ella.

Enfrente y a los costados había ventanas cerradas cubiertas por cortinas blancas, como si no hubieran sido tocadas jamás. Sobre la izquierda una gran puerta que seguramente comunicaba con otro ambiente.

Pero lo que más llamó su atención fue ver en el rincón sombrío de  la derecha una imponente escalera alfombrada en color rojo.

Comenzaba con un pedestal que sostenía una rara  una figura que no veía con claridad. Otras lámparas estaban sobre pequeñas mesas. Las fue encendiendo una por una para poder saber qué había  en esa casa que sería su hogar de ahora en más.

Sintió pasos detrás suyo y se volvió rápidamente con la sensación de haber sido seguida.

_Buenas tardes señorita Bertrand. Disculpe si la sobresalté, pero oí llegar su coche y me acerqué  a presentarme. Soy Rosario. Tuve siempre por tarea ordenar y limpiar la residencia. Los abogados me han pedido que me pusiera a su disposición cuando usted llegara.

Victoria sonrió aliviada y estrechó la mano para saludarla. Era una mujer corpulenta, cabellos partidos al medio y recogidos muy tirantes en la nuca. Ojos negros con una mirada profunda. Rasgos duros y boca grande. Vestía pulcramente un vestido negro y llevaba sobre los hombros una chalina color violeta intenso.

Notó un gesto de sorpresa incontrolable en la mujer. Había algo de miedo que hizo cambiar su mirada.

_ ¡Hola Rosario! Ayúdeme usted a conocer lo que será desde ahora mi futuro hogar. Todo ha sido tan rápido que aún no lo entiendo. Mi nombre es Victoria.

_La comprendo muy bien, señorita Victoria. Nadie pensó en algo así y tampoco sabíamos la existencia de una parienta. Jamás ellos hablaron de una sobrina ,  eran visitados  sólo por pocas personas y en fechas determinadas.

_¿No ha visto nunca una foto de su tía?¡ Su parecido es increíble, me ha  sorprendido!

_Yo tampoco tenía noticias de esta hermana de mi padre. Nunca había sido mencionada ni nombrada y la notificación de su muerte fue  algo muy fuerte e imprevisto. Cuando llamaron los abogados recién supe su nombre.

_Se llamaba Vivian, Vivian Bertrand de Castillo. Él la llamaba Topacio y era un matrimonio feliz que compartían los mismos gustos.

_Él se llamaba Claudio ¿Verdad?

_ Sí, Claudio Castillo, era abogado y varios años mayor que su mujer. Ya no ejercía la  profesión desde hacía mucho tiempo.

_ Pero ¿Quiere que sigamos?  Hay mucho para ver todavía.

_¿Piensa usted pernoctar aquí o se instalará más adelante?

Victoria creyó notar cierta ávida curiosidad en la voz, pero lo dio por natural dada las circunstancias.

_No, no por ahora. Debo resolver que haré con miles de cosas antes de mudarme acá.

Rosario siguió hablando sin prestar atención a la respuesta.

_Acá estamos en el living y esta puerta comunica con el comedor principal. La abrió sin esfuerzo. Una mesa para doce personas, estilo Reina Ana rodeada de sillas perfectamente  alineadas. Muebles de estilo de finísima calidad. Una araña de cristal hermosísima otorgaba al ambiente una  suntuosidad enorme.

 Rosario se apresuró a encender  las luces.

-¡Qué hermoso! Victoria estaba impresionada.

Un arco iris de colores surgieron de los caireles de cristal que se movían  levemente. No salía de su sorpresa.

¡Todo era lujoso, caro, impecable… y suyo!

 Las alfombras parecían que nadie hubiese caminado sobre ellas  y los pisos de noble madera habían impregnado de un aroma especial el ambiente.

_¿Cuánto tiempo hace que no se abren las  ventanas y puertas?

_ Desde el accidente y por orden de los abogados todo se dejó como estaba, pero se

ventilo  los ambientes para evitar el  olor a encierro.

Siempre fueron abiertas para dejar entrar la brisa de los jardines y el aroma de los rosales florecidos a los que tanta atención les dedicaba la señora. Sólo en invierno se cerraban parcialmente. Pero sigamos…

Un largo corredor llevaba hacia las dependencias de servicio. Seguía una cocina inmensa donde todo estaba en perfecto orden. Continuaba una despensa y desde allí bajaba  una escalera hacia un sótano que se usaba como bodega. La puerta estaba cerrada con un gran candado.

_ El orgullo del señor. Se vanagloriaba de tener la mejor bodega del lugar y en sus viajes incrementaba con botellas extrañas, difíciles de conseguir, lo que para él era su tesoro. ¡Nadie podía entrar en ella!

A Victoria ya las piernas no la sostenían. No sólo era una casa más. Era una mansión que tenía algo misterioso para ella.  Entonces  reflexionó en la fortuna que había recibido.

Rosario la miraba fijamente.

¿Había algo de odio en esa mirada o sólo era  imaginación suya?

_Vamos a ver los dormitorios. Están en el piso alto – dijo- esbozando una sonrisa.

Al llegar a la escalera Victoria no pudo menos que detenerse ante el pedestal que sostenía  la figura de bronce para observar qué representaba.

_ ¿Qué es esto? ¿Lo sabe usted Rosario?

El rostro de la mujer cambió de expresión. Ya no había sonrisas y su voz sonó diferente.

_ El señor lo llamaba “mi hijo dilecto”. Su nombre es Mefisto, es una verdadera obra de arte. Han querido comprarla por sumas fabulosas, pero él siempre decía:

“¿Qué padre puede cambiar a su hijo por dinero?”

Victoria la miraba con repugnancia. ¡Era horrible!

Rosario comenzó  a subir la escalera que giraba hacia la derecha. El rojo de la alfombra mirado desde abajo, daba la sensación de un río de sangre  cayendo desde lo alto. Victoria sintió un aire denso, pesado y  pensó en los cambios que haría para evitar esa rara  sensación.

La escalera desembocaba en un gran ambiente donde se veían  tres puertas en semicírculo.

Había cuatro ventanales que seguramente daban al jardín .Dos grandes espejos a cuyos lados había sendos apliques de luces que Rosario encendió.

Ya había oscurecido.

El resplandor de un relámpago sobresaltó a Victoria.

_ Viene una gran tormenta. Estaba anunciada.

Sin decir más Rosario se dirigió  a la primera puerta de la derecha.

_La habitación principal, dijo. Está tal como la dejó la señora antes de partir. Era su dormitorio.

El ambiente tenía  grandes ventanas cuyas persianas estaban abiertas, pero la noche impedía ver hacia el exterior.

Rosario  las cerró  y corrió las cortinas de color blanco. Muebles de estilo, un gran espejo sobre una hermosa cómoda donde  descansaban gran cantidad de  frascos de perfumes, un juego de cepillo y peine  junto a una   polvera de  cristal y plata muy antiguos.

Todo era muy femenino y también allí se percibía  un aroma en el aire.

La cama era enorme. Sendas mesas   a los costados de ella con grandes lámparas con pantallas de género de seda satinada con flecos que oscilaban tenuemente por el aire que se filtraba.

Victoria olió el aroma de un perfume peculiar, algo así como una mezcla de maderas y esencias florales.

Un cobertor blanco y muchos almohadones en tonos azules intensos, hablaban  de la exquisitez de su dueña.

Victoria no pudo contener una exclamación:

_¡Qué bello!

Rosario la miraba  asintiendo con la cabeza.

_ Sí, acá se siente todavía el espíritu de la señora. Así era ella. Todo era perfecto y armonioso. ¿Vio usted alguna foto de ella?

_No. Sólo sé que su nombre era Vivian.

_Luego le mostraré su retrato así la conocerá y notará su gran parecido con usted.

Algo en la voz de Rosario había cambiado. Hablaba en tono más grave y profundo, como si alguien más estuviera escuchándola.

Se acercó a la cama y acomodó uno de los almohadones que estaba algo torcido.

_Esta puerta comunica con el baño, dijo mientras la abría.

_Como verá todo tiene el toque de distinción que tenía la señora.

Victoria abrió los ojos ante tanta belleza. Era un baño de cuentos de hadas. El azul y el blanco también eran los colores predominantes, pero el conjunto era de una armonía y delicadeza que hacía que un  baño se convirtiera en un lugar  diferente de lo que en realidad debería ser.

Colgando del techo sobre la bañera, largos porta macetas  con plantas que caían en cascada y cuyo follaje verde daba la impresión de tener vida propia.

Rosario no dejaba de mirar a Victoria y notó su sorpresa.

_Ella les hablaba y las cuidaba como si fueran seres vivientes, yo creo que las plantas sabían eso.

Se escuchó un trueno . El viento comenzó a soplar fuerte.

_Debemos apurarnos, la tormenta ya está a aquí  y usted debe viajar manejando.

Victoria ya lo estaba evaluando No quería de ninguna manera quedarse esa noche allí.

Había algo  en la casa que la estremecía. Era una sensación extraña, como si la estuvieran vigilando.

Por momentos creía escuchar ruidos , como si alguien se  moviera cerca de ellas.

Al salir  Rosario sacó unas llaves de su bolsillo y cerró la puerta.

La próxima habitación estaba cerrada. Rosario ubicó la llave correspondiente  y entraron.

Victoria sintió como si una fuerte corriente de aire la empujara hacia atrás. Entró con cierto temor. Ya las luces estaban encendidas, pero el aire era de una densidad no habitual. Pesado, agobiante y un aroma para nada agradable mezcla de tabaco y humedad de libros viejos que cubrían las paredes.

Todo era muy varonil, ordenado, pero extraño. Había una cama individual cubierta con una manta  escocesa a cuadros y a cada lado mesas con lámparas con pantallas  de colores diferentes. Acá se notaba la presencia masculina de su dueño. Todo era más oscuro, más lúgubre.

_ Era el cuarto del señor. Él siempre se quedaba hasta muy tarde en la noche escribiendo, por eso sus tíos tenían habitaciones separadas.

Victoria pensó que esa situación no era razonable en un matrimonio que era  feliz.

Como si leyera su mente Rosario comentó:

_ Eran uno para el otro, pero conservaban su individualidad. Sus gustos eran los mismos

 pero ambos respetaban sus pequeñas diferencias.

Abrió una puerta que conducía a un baño enorme con las comodidades más modernas.

El efecto era impactante.

Toallas afelpadas de color negro apiladas a un costado sobre un mueble que parecía muy antiguo. Se veía allí la mano del decorador que había sabido conjugar los diferentes estilos con un resultado que  sorprendía.

Salieron y Rosario cerró con llave la habitación.

La próxima  puerta no tenía cerradura, se abría sólo con el picaporte.

Al entrar Victoria se encontró con cuarto típico de un estudiante varón.

Sabía que no habían tenido hijos y eso la sorprendió. Todo era juvenil, con un desorden más bien decorativo. No había señales de su habitante, ni ropa sobre una silla, ni un papel sobre el escritorio, nada que denotara que alguien vivía allí. Vio una cama individual, una mesa de computación bajo la única ventana que había y sobre ella una moderna lap-top  y una impresora. Todos los implementos necesarios para que el que la utilizara pudiera hacerlo a full y de última generación.

El color predominante era el rojo. Un rojo nada varonil pero que había sido elegido por

quien  sabía sobre el tema. Las cortinas, el cubrecama y el tapizado del sillón eran

del mismo  color.

Una puerta comunicaba con un baño completo con un ventanal  largo y estrecho. Toallas rojas apiladas sobre un mueble eran lo que atraían la mirada mezcladas con el blanco de todo el ambiente.

_¿De quién es esta habitación? Preguntó Victoria extrañada.

_Es la habitación de  huéspedes .Casi siempre utilizada por un amigo del señor, que se quedaba temporadas aquí.

_¿Pero sólo un  hombre? Porque no creo que pueda hospedarse un matrimonio en ella.

Rosario salía apagando las luces, pero no hizo comentario alguno. Su silencio incentivó la curiosidad de Victoria.

_¿No tenía amigas Vivian?

_Su tía no recibía visitas femeninas. Sólo cuando en fechas determinadas se reunían con sus amigos, pero nadie se quedaba a pernoctar aquí.

Ya la tormenta se había descargado. Se sentían los truenos y la caída de una copiosa lluvia.

Victoria sabía que debía apresurarse a dejar la casa porque tenía un largo camino para recorrer y con el tiempo en ese estado todo se hacía complicado.

_Rosario, creo que partiré ya mismo. Debo manejar por lo menos una hora y el temporal está arreciando. Por hoy he visto bastante y debo agradecerle que me haya guiado, no sé que hubiera sido de mí sin usted.

La pareció que su proposición había sido un alivio para la mujer.

_Volveré el jueves por la mañana y recorreremos el resto  con luz de día.

_ Yo estaba por decirle que partiera, pero no quería interferir en sus planes.

Victoria se acercó para besar la mejilla en un gesto afectuoso, pero Rosario hizo un brusco movimiento, le extendió la mano y saludó a Victoria tan fríamente como la había tratado todo el tiempo.

Subió a su coche ya en plena tormenta.  La lluvia era intensa y cada vez se veía menos por la densa bruma que la acompañaba.

Al encender las luces notó la presencia de un auto negro parado justo frente a la puerta de calle. No hizo falta que tocara bocina para pedir que despejaran la salida. El dueño  puso en marcha el vehículo y partió.

Emprendió el viaje de retorno pensando en lo que había visto y reconoció que era mucho más de lo esperado.

El limpiaparabrisas funcionaba rápido y la visión era poca. De pronto vio luces de un auto que se acercaba por la mano contraria a mucha velocidad, pero en línea recta hacia ella. Atinó a dar un  fuerte golpe de volante hacia la derecha para dar suficiente lugar para que pasara.

Su  auto respondió pero sintió la succión del otro al cruzarse casi rozándola.

La maniobra tardó segundos pero Victoria quedó temblando de pavor. Salió de la carretera y se detuvo en la banquina poniendo las luces de balizas para anunciar su presencia.

No podía manejar en ese estado .Volvió a  ver el peligro que había corrido y en su mente creyó recordar algo. Estaba casi segura que era el mismo auto negro que había visto en la puerta de la casa.

Tardó en recobrarse y pensó que estaba  alucinando. Retomó  el volante y comenzó a manejar  hacia su departamento.

Le contaría lo sucedido  Eduardo, su pareja desde hacía más de un año.

Como abogado él había participado en los arreglos con los abogados de sus tíos representándola.

Se miró en el espejo y vio su cara. Algo había cambiado. Su expresión era otra ,sus

ojos tenían una mirada  diferente. Lo atribuyó al susto pasado.

Llegó a su casa. Se preparó para tomar una ducha  caliente que sacara ese frío que recorría su cuerpo. Antes de entrar volvió a mirarse en el espejo.

Algo había cambiado. Sintió un escalofrío y pensó que el cansancio la estaba haciendo ver visiones.

Se metió bajo el agua y poco a poco fue aflojando tensiones.

Al salir sonó su celular.

-¡Hola amor! ¿Cómo no me llamaste al llegar? Estaba preocupado porque la tormenta fue fuerte.

-¡Edu hola! Llegué tan cansada que me  duché para relajarme. En realidad tengo mucho para  contarte.

_ Vicky, llevó algo. Salir con este tiempo es una locura. No tardaré .En media  hora estaré y me dirás que pasó. Un beso.

Cenaron lo que él trajo sentados en el living.

Cuando Victoria terminó de relatarle  lo sucedido en la casa y  sus temores, Eduardo se había reído de sus “visiones alucinantes”.

La abrazó, la besó y consiguió hacerle olvidar sus miedos.

Victoria estaba muy cansada. Eduardo decidió irse a su departamento.

Entonces se sintió sola otra vez.

Recordó la casa. Ahora era su dueña.

 

 

 

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