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Mariela de la Caridad Prez-Castro Basulto
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
mperezcastrobasulto@gmail.com
Biografia

Mariela de la Caridad Pérez-Castro Basulto

Mariela Pérez-Castro (Camagüey, Cuba, 1965) Poeta, narradora, ensayista, guionista de radio y narradora oral.

Ha publicado los poemarios Divertimentos para juglar solo (1991); Fuga de Bach (1994); El aullido (2001); El viaje más breve (2003); Oficio parvo (2004); Y los cuentos, cuentos son (para niños, 2010); Perpetuum mobile (2010); Mientras escojo arroz (2013). Ha publicado el testimonio Volcán fuerza 6 (2003 y 2009). Poemas suyos aparecen en las antologías Una generación avanza silenciosa (México, 1988); Joven poesía cubana (Nicaragua, 1988); Poesía infiel (Cuba, 1989); Mujer adentro (Cuba, 2000); Corales hojas. Antología de sonetos (Cuba, 2004); Silvio, te debo esta canción (Cuba, 2004); Catedral sumergida (Cuba, 2013). Ha publicado artículos y poemas en revistas de Cuba y México.Tiene inéditos Pasión por la poesía (ensayos); Silenciosamente, Ofelia (cuentos); Glosas post mortem (poesía); Poemas fuera de moda (poesía) y ¡Corre, Yunexi, corre! (cuentos para niños).

Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), miembro de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM), miembro de honor de la Asociación Hermanos Saíz de jóvenes escritores y artistas (AHS). Miembro de la Cátedra Silvio Rodríguez de estudios sobre la trova, de la Universidad de Camagüey.

Ha trabajado como guionista de programas dramatizados en la emisora Radio Camagüey, como locutora de tv en los canales Tele Rebelde y TV Camagüey, y como correctora, redactora y editora en la Editorial Ácana.

Trabaja en la actualidad como editora del sitio web cultural

www.ahs.pprincipe.cult.cu

 

 

DICE LUCIO ANNEO SÉNECA

                                     (Publicado en la antología Catedral sumergida)

 

Para ser feliz en Roma,

¿qué me has dejado, Tiberio?

Una esquirla de añoranzas

y un ápice de recuerdos.

Después de tanto adularme

con promesas y silencio,

Emperador, ¿qué me has dado

para cuidar mi ánimo y mi empeño?

De pan y sal aterida

sufro ayuno, y poco tengo

más que un jirón de estameña

plegado sobre mi cuerpo

que ya no es nada, y sí sobra

de cuanto resta a los cielos

por perder. Y de esta angustia

tengo los ojos y la lengua llenos,

tengo los puños prietos y con costras,

tengo el abdomen perforado y tenso.

Para aclamar tus victorias

no tengo ganas, Tiberio.

Y cuando miro en redondo

me asusto por lo que veo

parpadear en las salmodias

que me marchitan los credos

aprendidos en la infancia

de manos de mis padres y maestros.

Gracias a ti, mi César, soy piltrafa

que se arroja en el incendio

prendido en el holocausto

ofrecido al crecimiento.

¿Qué me dejas, Tiberio, sino el agua,

el suicidio o el destierro?

¿Cómo puedo hacerme nueva

la casa sin fundamentos?

Tú me has hecho prescindible

voz que ya no tiene arrestos

ni aleluyas que ofrendarte,

que con hambre no puede hacerse versos,

y yo no tengo otra azada

que la música y el viento.

Mi paga está en las canciones

que bituperan los necios,

y aunque no te guste oírme,

sin mí Roma no es imperio.

Yo, Augusto, soy la cigarra

que acorta a las hormigas el invierno.

 

 

REZO DE HORAS

                                 (Publicado en la antología Catedral sumergida)

 

Hambre tienes, José, cuando amanece,

y te imaginas panes y salchichas,

un trago de café, y otras desdichas

de queso y mayonesa que estremece.

Pero subes la vista a la mancera

buscando concreción de tu esperanza,

y ves que todo ha sido una quimera.

Pobre José: trabajas por la espera

que nunca llega a hincharse de bonanza.

 

Hambre tienes, Jesús, al mediodía;

sueñas con disfrutar un huevo hervido,

un pedazo de carne bien cocido

y un puñado de arroz sin felonía.

Pero tragas saliva; el monedero

de oficinista ríe con sarcasmo

de hacer con tu barriga un hormiguero.

Ay, infeliz Jesús: tu cuerpo entero

bosteza con el hambre de su pasmo.

 

Hambre tienes, María, por la tarde,

y piensas en fideos, picadillo,

ensalada de col y ajo, membrillo

y una taza de leche que te guarde.

Pero abres la alacena, y ni ratones

hallas para espantar, menos comida...

Después de tanta escuela y estrujones,

pobre María, ni siquiera pones

la mesa con el hambre de tu vida.

 

Hambre tienes, Herodes, por la noche.

Remeces una mano, y de la nada

te sirven camarones, ensaimada

y un vaso de buen Chianti como broche.

Pero hastiado te quedas. Necesitas

ver algo diferente sobre el plato.

La hartura de tu vientre regurgitas,

pobre gobernador, y al pinche gritas

que tienes hambre y compre algo barato.

 

 

ORATORIO Y FUGA

                                (Del libro Divertimentos para juglar solo)

 

Música que anda sola su frontera

madre

        agua de oscuridad

el cielo anuda una fiebre importuna y lejanísima

a donde solitud se hace muralla.

Inventor de la música

            excelso dios quemante

nada crece al decirme el silencio y el tiempo

hay milenios en fuga

     cristales y pañuelos se despeñan

           ora mi sangre

                  todo es cataclismo

corazones de tierra inauguran su diástole heresiarca

             gritan fuera de hora.

Impalpable cantor

si no hablar se convierte en el bramido

si caernos de bruces es mitigar un poco

si amarnos la tonada nos llevará al abismo de la hora

      extiéndete

                     llégame al fondo donde oculto el hambre

                                  dime la soledad

                     el tremendo deseo de ser un poco rayo.

Música

          embestida y crisol

                           hombre de cabalgarnos el delirio

hay un viento amarrado del ciprés

que susurra implacable

        que esparce la palabra y la reniega

        donde jamás sabremos.

Engendro casi Orfeo

inicio

       padre de indecisiones

la dama del teclado nos visita con cada anochecer

brinda su casi flor despedazada

            en su mano palidecen las velas

árboles de otra hora

hacen soñar que nada detendrá al corazón

                                 el mismo corazón que late el polvo

tú has implorado canto y sementera

        no la semilla oscura de la fama

             la raíz de saberte bienvenido por gracia de la luz.

Juglar de oscuridades

      intocable

               nigromante cansado de ser alto

nadie va a detenerte en la caída.

Tal vez

          en un dedo y su niebla

estará la verdad que oculta el río.

 

 

EPITAFIO DE LA BORDADORA

 

Descansa aquí Mariela, encajonada;

y así tal cual vivió, tal su reposo;

hundió en música el cuerpo y bajó al foso

sorda de agujas, bien amortajada.

 

Dragón fue el signo que marcó su entrada

aunque Serpiente ser debió en el gozo.

Tuvo el amor, lo dejó ir, y al pozo

tiró el dinero, el hilo y la puntada.

 

Cargó un decir procaz entre gruñidos,

inaudible su rpetir la historia.

Nunca halló el escarmiento en los bramidos

 

y siguió amando el ruedo de la noria,

coceando el aguijón, sin los quejidos

de mo alcanzar ni pretender la gloria.

 

 

136

         (Del libro Mientras escojo arroz)

 

Mientras escojo arroz la vida pasa.

Cuando empieza a hervir

se consume la vida.

Después de haber comido

ya nada quedará sino el silencio.

 

 

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