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Neftali Sandoval-Vekarich
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
Biografia
PAUL DISNARD, EL COMBATIENTE

anda, pueblo! Grita!


despliega tus banderas

quiz vuelvan los hroes a escucharte,
tal vez la patria sea nuevamente tuya,
tal vez los domingos te vestirs de fiesta
y habrn bailes y cantos en las plazas.

anda, pueblo! Grita,
hasta que tu propia voz sea una bandera
y salgan los hroes a defender la patria!


Belgrado, diciembre 11 de 1996

LLAMADME EL COMBATIENTE

Me enterraron con todos los horrores. Fusiles, botas y banderas
bajo tierra.

Aldeas en llamas. Nios ardiendo como teas.

Todo lo quisieron borrar con medallas de latn, discursos, desfiles y cintas de colores.

Olvidaron el ultraje cometido en las mujeres,
la memoria vejada de los abuelos que celebraban el milagro del trigo y el maz en las fiestas de la cosecha.

Todo qued atrs, como un libro hecho cenizas por el fuego.

Pero yo estoy aqu, en cada uno de vosotros, repitiendo el verbo, repitiendo la accin. Muchos nombres he tenido, muchos nombres me fueron dados.

Llamadme simplemente el combatiente.

Vengo desde la aurora,
desde siempre,

desde mucho antes de que las fogatas en las praderas iluminaran las noches, entonces no haba fronteras con el da.

No fui un cazador.

Jams mis manos tomaron arma alguna para matar pjaros o herir a los animales del monte.

Cabalgu a espaldas de bfalos y sueos,
en las alas de los halcones festej el nacimiento del sol en la constante refloracin de los rboles.

En los ros saci la sed, purifiqu el cuerpo y busqu los insondables
caminos de los cndores.

Tuve en los ojos la paz del espacio infinito y no fui ocioso al esplendor de los bosques ni a la minuciosa tarea de las hormigas.

Mariposas y jilgueros salieron de mi ser disparados al corazn de las montaas.

Los gorriones y los nios inundaban de jolgorio patios y azoteas, las mujeres llenaron de cantos las plazas
y los atrios de las iglesias con flores y voces de albricias. Dios estaba en la oracin del pan, en el morral de los labriegos, en la semilla, en el polen enredado en los vellos de las abejas.

Sin embargo el hombre sembr la discordia, solt abejarucos entre los panales. Cuando crecieron
los nios dejaron brazos, piernas, ojos en los campos de batalla. Se olvidaron las escuelas. El odio y la metralla tumb vidas y paredes. Se llenaron de moho los libros y cuadernos. La polilla hizo nidos en la madera de los bancos, perdieron sus trenzas y su risa las nias y de tanto llorar se sec el corazn de las madres de la tierra.

Dnde est Seor tu amor para llenar los cntaros de los campos yermos?

En el regazo de una mujer amada quisiera ocultar mi llanto, ascender de nuevo por sus prpados al arco iris tras del sueo para alcanzar las verdes praderas donde yacen dormidos los centauros, donde libres de las jaulas los jilgueros celebren el nacimiento del da, adolescentes en alegre ronda, mariposas en flor, abelios, resedas, azaleas y buganvillas por doquier dispersas como abejas en los jardines de mi madre, la escuelita del pueblo recin pintada de blanco y su joven maestra, pber an, nia entre las nias, hermana mayor, hada generosa y buena
recitando en coro los poemas que cantan en cada solsticio las reinas en las florestas,
la oracin del agua, el canto a Dios, a la ternura
del hombre que combate, de la mujer que ama, del nio que suelta de las jaulas los pjaros en la alborada como rfagas de luz,
de los prvulos que corren por una ardilla al bosque de bambes, mi voz batiendo el fuego, apagando rescoldos, mis manos llenas de trigo, de maz mi boca y mis entraas hasta otro amanecer, otra aurora anterior a la aurora anterior de las fogatas iluminando las noches, el vivac de los campamentos de exploradores y buhoneros, los soldados que olvidan el fusil y tocan la guitarra, el amor bajo las mantas y el cielo azul, siempre azul lleno de estrellas.

Llamadme el combatiente. Fui muchas veces traicionado, exaltado y denigrado otras, pero mi batalla est en el tiempo, la justifica el tiempo.

No soy de ahora ni de ayer. Soy de siempre

y vengo de la noche a reclamar el da,

por todos los caminos destruyendo las fronteras
para que los hombres antes separados
sean uno solo
bajo una sola bandera.

Yo, el sepultado, hoy soy el constructor,
y vengo de la noche a reclamar el da.

Belgrado, marzo 12 de 1998

ASALTO AL CIELO

Para Manuel Cepeda Vargas,
Poeta y amigo
asesinado en Colombia.


Oca al azar del viento alto al cielo!, peregrina y loca sensacin, fugaz sentimiento de volar rezagada golondrina a ras del suelo, aderezos de rosas corazn en ascenso, besos y tragos de ajenjo, estragos de alas rasgadas, rezos y ruegos, luces de espliegos ardiendo en las noches ms hondas, reflejos de cruces en las lozas quebradas, espejos de los patios otoales donde plcidas y cordiales en rondas las abuelas hacan fiestas de hojaldres y buuelas casi todos los das, todas las tardes inciertas bordando chismes verdes y pauelos rojos, azules a veces los colores cojos

Ave Mara Pursima!


los $3>les de las campanas cascando nueces a tales horas de sombras
opalinas ngelus Domini!, hacia el sur desbandadas golondrinas tras los
vitrales de nveas azucenas, desatinos, llantos y penas de las mozas, en
todos los caminos Cristo entre espinos y rosas, velas en la penumbra,
velan las abuelas zurciendo con risas y cantos los ventanales del tiempo hechos trizas en las colchas de los nietos conchas del mar, olores prietos de azahares en los patios otoales, en la huerta un loro a limoneros en flor apuesta en juego sus colores de fuego y oro, en las horas quietas de la tarde se oye el clamor de un diosted... en la puerta limosneros por el amor de Dios!

* * *

20 DE JULIO EN BELGRADO


otra vez
izada al revs

la charanga de Jorge Artel
tiene un son
un cocktail tentempis

folklricos tipos de tiples
hablan ingls
las negras y los indios tambin

yes yes
todo est bien

que viva el son!

Belgrado, blanco y azul. Colombia
distantes amarillos y rojos. Presencia de mariposas y piojos,
almas de las cosas que se van.

Largos maderos los recuerdos, aos cojos, agonas de mapas,
Letanas de rones amargos, oscuras tapas de calderos

guerrilleros, guerrilleros,
Garibaldi guisa con picantes
del Brasil!

Veinte de Julio de mil novecientos noventa y uno. Brindan los hierofantes
en sus copas de marfil; los Hunos
y los otros beben sobre las monturas de los potros. Son las sombras
presentes de las cosas que se van. Rones amargos.
Mariposas.

En este verano de lluvias Serbia lava cicatrices

[ pistolas al cinto,
cruces en alto,
el Papa re y aplaude
a las tropas de asalto!]

En Bogot tambin se enturbian las tardes. Acuarelas de locos
colores, de palomas diluidas en tenues tomas de broncas.
Cuahtemoc. Caupolicn,
la Gaitana!,

Primer fulgor azul de esa maana.

Policarpa Salavarrieta la aurora, gora
de Jos Antonio Galn, el Comunero,

machetes!

Machetes en la manigua
Machetes que cortan caa
Machetes cortacabezas

Machetes!

Gritos en los tumultos de alquitrn

Viva Manuela Beltrn!

y los tambores

taram tam

Antonia Santos. Luces y sombras. Cantos de pjaros rotos.
Llantos. Alborotos de plvora. Bolvar un bronce. Un caballo huracanado!
!Un rayo!
Somos pocos. Somos muchos.
La patria en camisa de fuerza. Acuarela de locos.

Jorge Zalamea abre los puos, suelta las ortigas que lo queman,
hunde en el Egeo las manos y arranca de los fondos marinos
corales azules, casi blancos por el xido y la cal.

La luz de Belgrado, me dice, es casi igual
y los tambores
taram tam

Crece la Asamblea. El Cortejo avanza. Veintitantos hombro
a hombro. Carlos Pellicer nos acompaa

Y Eduardo Santa
Y Eduardo Gmez

Jurez en Mxico hace harapos los trapos de Francia.
Arrogantes y altaneras son de Espaa las negras, amarillas banderas.
Nuestra la hazaa, cuartillas de historia las coloradas lanzas

El Cortejo avanza

y los tambores

taram tam

Amor en las ausencias
Desamor en las inclemencias del olvido
Nadie queda
nadie tiene lecho de rosas!

Muere el da en todas las cosas, menos en Atolln.

Negras son las guilas bajo los prpados, rutas del sueo
hacia la muerte. Nada hay ya que hacer. Est echada la suerte

y los tambores
taram tam


HAROLDO CABRERA


amigo,
compaero
muerto en Chile!


Haroldo Cabrera, compaero, amigo, recuerdas?

Con rakia y vino de los campos de Sumadia y de las islas del Adritico eran los brindis en los hogares serbios durante las conmemoraciones de los santos patronos
San Nicols
San Juan
San Esteban

tambin en Bosnia el Ramadn nos acercaba a Dios, el Inconmensurable, el nico, el Misericordioso.

Te llegaban de Chile felices pliegos escritos en letra menuda por tiernas manos de mujer, noticias de los padres, de la hermana, del terruo; con los amigos de Birmania e Indonesia celebrbamos en aquella residencia de estudiantes en el Bulevar de la Revolucin que era nuestra patria universal
el 20 de julio, el l8 de septiembre, el inicio de la primavera que pona en los rboles, recin pintados de verde, flores y pjaros y mariposas de todos los colores y llenaba de besos los labios y el iris de las nias.

rabes, alemanes e ingleses. No solamente serbios. Estudiantes de Dalmacia tocaban la guitarra y Bosco, con un suave acento meridional, cantaba romanzas y serenatas de amor en los bailes de los sbados en la noche. Eran hermosas, bellas nuestras compaeras. Dragana de inmensos ojos verdes y Ruzitza con toda la boca plena de promesas y amapolas. Nos inundaban el alma las bodegas de las ms recnditas zupanijas* del sur de Serbia, en Krusevo la brisa es una sinfona de cristal alegre en el corazn de las mozas de Macedonia que rebozan sus cntaros de amor y los panales de un vino casi azul, casi rojo.

Entonces se present el desastre, el viento que en Chile corta con el filo de los carniceros, la noche despleg sus ftidos crespones de espanto y al gran festn de las cavernas solidaria la esperanza otra esperanza solitaria ciega de golpes y de muertes.

Neruda fue entonces un pesado canto con otros cantos, guijarros, piedras y huesos bajo slidas lozas de mrmol, pero las voces se abren paso, siempre, a empellones por entre las fisuras, por entre las rendijas y resquicios de las prisiones, por entre los linotipos y las cruces de los camposantos, siempre hay una luz interna que ilumina, siempre tcita una llama en la mecha de la dinamita, siempre la chispa presente, siempre iracunda, demoledora en los pliegues de las camisas, en los vrtices de la noche, en el insomnio de cobre y sal de los hombres de las minas, en las redes que remiendan cada da los pescadores con mendrugos de sueos, en la maldicin que sueltan los labriegos rompiendo los terrones, en la voz vaca de las mujeres que mendigan un trozo de pan a la puerta de los panpticos y en el agua que beben los carceleros.

Te acuerdas, Haroldo Cabrera, amigo, compaero?

Eran nuestros todos tus pesares, eran todas tus angustias tan nuestras como nuestra cada lgrima con plvora vertida en los cartuchos de plomo, las manos con las manos formando una presa, una barrera inmensa, un arco inmenso, el amanecer inmenso de otro da inmenso y grande sin carrozas ni marchas fnebres, solamente una alborada inmensa de martillos, yunques, azadones golpeando en la tenaz tarea de un sonoro canto por los campos de Chile.

Te recuerdo, Haroldo Cabrera, amigo, compaero alevosamente muerto en esa faena diaria de hacer la patria del hombre, en ese florecer del trigo, en ese pan, en ese vino, en la mesa compartida con los camaradas serbios, en el brindis por un nuevo amanecer en Chile y una novia vestida de fiesta.

* Parroquias

Noviembre de 1973


CANTO ADENTRO DE TU PIEL

Descansad en paz que el error
no volver a repetirse.


El Pueblo del Japn
a la Ciudad Sacrificada.


Piedra sobre piedra
la ciudad vencida,
brutal instante de terror vigila
el nunca error volver a repetirse,
como un pastor de eternidades que labrara
su cayado
con los huesos de cien mil cados,
grito ululante que aplastaron los aviones
al estruendo de la muerte
derrumbndose
como un bloque inmenso de concreto.

Yo, joven combatiente de la Amrica del Sur,
poeta hroe del desempleo, del hambre y de las crceles
que aprendi a amar a otros hroes annimos,
obreros, campesinos, elemental letra de amor
en los arados, las estructuras de acero,
sobre t, digo:
Hiroshima!


Piedra sobre piedra los templos del hombre
volvern a levantarse,
mirada de nios desplazarn la tropa
y la risa del hombre poblar la tierra,
pintar de verde las praderas, las montaas
y ms acogedora la sombra de los robles
y ms puramente fresca las aguas de los ros
como un ancho canto sobre tus islas, Japn,
desatando y atando buques de pesca,
izando banderas en los mstiles
y apagando el ltimo rumor de la fusilera.

Canto adentro de piel, Hiroshima,
canto arriba,
buscando para tu cancin slabas, palabras, verbos
por boca alguna nunca pronunciados,
pecho arriba,
savia terrenal que impulsa el fruto
que una mano cruel sobre tu dolor cortara,


cclope a la caza de solitarios halcones desterrados,
solitarios convictos del espacio
semejando un dedo
cuya llaga
va escribiendo el latido de tu corazn,
gigante
encarcelado a mi pequea pasin de cndor que vigila
su nido asaltado por serpientes,
tu nombre amado
por un escuadrn de palomas combatidas,
aurora combatiente de la muerte,
pecho arriba
de tu voz, Hiroshima,
renaciendo y naciendo
como una rosa florecida en la camisa de un soldado.

Mxico, agosto 6 de 1955

ESPAA ES UN TIBURON

para Juan Rejano, poeta
y amigo


Espaa es una gota perpendicular del llanto.
Rafael dice que es como el cuero de un toro
extendido sobre cuatro estacas.

Pero Espaa es algo ms doloroso
que el cuero curtido de un bicho que tuvo
fuerza y aliento.
Es algo as como un tiburn bajo la noche inmensa.
A 50 pasos del sol la detiene la sombra,
orejas tapadas por la cera
de un grito que asciende desde los tallos ms pequeos
hasta llenar las manos de un silencio pegajoso
que detiene en su tela la palabra ms simple
y la convierte en astillas.

No son las castauelas de Federico jugando
a la luz y la sombra en un patio andaluz,
son los cascabeles del spid bajo la manga del saco,
el trigo que crece entre dos parpadeos de espanto
y el temor del vino de parecerse a la sangre.

El toro en la plaza y la plaza en Espaa.

En Espaa la arena tiene el color de las brasas,
la sed arde en los circos como una llama helada
que escupe cenizas bajo las patas del bruto.

La multitud es Espaa en la plaza del circo,
en el circo un toro, una espada que brilla
y un cuero extendido sobre cuatro puntales.

Es el temor del vino de parecerse a la sangre,
el temor del gitano a los cascabeles del spid,
el temor del trigo de crecer entre apretados terrones
que tienen el color de las brasas.

Espaa es un tiburn que v buscando el da
entre dos parpadeos del sueo y la muerte,
del arpn y la espada,
de la arena que arde bajo las patas del bruto
que escupe cenizas.

Espaa es una lgrima seca y amarga como una aceituna
que va buscando su eco en las manos del hombre

que amasa la tierra,
que reserva su angustia para condecorar victorias
que andan silenciosas en cada lengua de Espaa.

Espaa es una palabra astillada
que sirve de punta
y que sirve de lanza.

Mxico, 1961


MUSICA DE JAZZ BAND

[Call me,
you have my telephone number
and you know my name ]


Nueva York de angustia,
Wall Street de cieno.

Si traes tu automvil
yo te espero,
podramos pasear por Park Avenue,
decirte I love you
y quedar esperando tu okay
manchado de rouge.

Luego, si te gusta,
escucharamos el estruendo de un jazz band
tocando T para dos
y lo dedicara a t
como la cosa ms natural del mundo.

[Desde una esquina de Harlem
Loughton Hughes toca su trombn.
Viejo Walt Whittman
aplasta tus nalgas sobre Manhattan]


Kiss me.
Sabes?

Anoche me pareci escuchar a un perro
ladrando en la terraza,
a veces creo que la luna es un fantasma
hambriento
y que la noche
parece un vals que no termina nunca.

Yo, te lo aseguro,
necesitara dos estrellas
para escribir con sus diez puntales
tu nombre sobre el agua.

All right!

Cada tornillo de esa mquina
esconde una gota de sangre
trs otra gota de aceite,
o bien
cada galn de gasolina
exige la muerte de un obrero,
una huelga
o un miting en las petroleras,
tal vez
la salvacin de alguno que agoniza
en el ms apartado lugar del universo.

Este tal vez es el que pesa.

Anoche, por ejemplo,
el peridico traa un cable espantoso de
Colombia:
ms de cien campesinos
fueron fusilados.

[All,
sobre una cresta de Amrica
arroj Sandino desesperado
sus dos revlveres]

Si quieres
puedo hablarte de otras cosas
o guardar silencio
deshojando tu blanca mano
dedo trs dedo

Me quieres?
S!

Mucho?
Poquito?
Nada!


Bogot, 1954


AMERICAN WAY OF LIFE


Entonces, con la deidad verdadera,
con el verdadero Dios
lleg el principio de nuestra miseria


Chilam Balam

Whisky y sangre puedo brindarte a manos llenas
a manos llenas los toros de 0klahoma
y el petrleo de Texas.
Para m
tu amor vale tanto como el Empire State
el largo puente sobre el Brooklyn.
Hay, acaso, alguien ms poderoso que yo?
Puedo comprarte, si quieres,
cualquier pas de Amrica Latia, el Congo
inclusive, es ms
las minas del Rey Salomn olvidadas
en algn rincn de Africa.

Estos natives aman demasiado el dlar,
creo que a sus propias madres
las pondran en pblica subasta
por uno de mis billetes
con la imagen de Lincoln en tinta verde.
Tan slo un pigmeo se opone
a esta feria del dlar,
pero es tan pequea su voz
que no puede oirse ms all del Mar Caribe.

Never mind!

Las hormigas tampoco me molestan,
ellas se preocupan ms por los desperdicios de mi
mesa
que por mis zapatos del nmero 45.

Puedo aplastarlas,
that is true!, but
forget it,
en su festn
no caben mis manos ni tu boca,
y tu boca es solo ma,
y mos los hombres y mujeres que se mueven
bajo las estructuras de acero
en los socavones de las minas,
a estos natives y negros les basta Harlem,
acaso
mirar de lejos la estatua de la Libertad,
otra cosa no les importa, fuera
del estmago lleno y los cerebros vacos.
Puedo comprarlos.
En verdad
los he comprado a todos
y por tu amor
soy capaz de prenderle fuego al mundo
por los cuatro costados.
Qu me importa Mosc! Soy el rey del mundo
y a mi antojo gobierno armas y soldados;
soy, tal vez, el ms poderoso
de todos los poderosos
por la santa gracia de Dios
y sus profetas.
[El Diario, Medelln, 1965]

* * *

SERBIA

Si vienes de alguna parte y llegas a donde tienes
que llegar
alguien te ofrecer una tarta de pan fresco y un
poco de sal,
quiz tambin
una pcima de compotas con una miel suave y
perfumada por la vainilla y el vino. Sabrs, entonces,
que has llegado a Serbia. Lo dems
es historia de sangre, de revueltas, de cabezas
destroncadas por el alfanje del turco. Comprenders,
igual, que la cruz ortodoxa que se lleva sobre el pecho
es una coraza de acero blanco, cubierta de rosas rojas,
es la insignia de los Templarios, y que la mano abierta
cuando se cierra en puo
puede ser ms fuerte que un martillo sobre el yunque.

La libertad, el amor, la justicia

estn en esa mano que te ofrece el pan y la sal
y que deja abiertas las puertas de su casa.

Ests en Serbia, extranjero, y tu libertad y tu honor
estn a salvo.


Belgrado, octubre de 1991




UN POEMA PARA MARIA ADELA VEKARICH
DAMA RAGUZINA ENAMORADA DE ITALIA


En el Palazzo Ducale de Manta me parece un poco
absurdo este encuentro de Virgilio con Benedetto An-
telami. No por lo mal visto y dicho
[bene detto questo?

La paradoja est en calibrar los apstrofes, un tanto
falaz y florentino, con los epigramas de Vlario Cayo.

Pero no es tan triste la tarde, a pesar de todo, de la
lluvia, del tranva que v arrancando chispas azules
a cada trote de los cables. Una copa de vino blanco
nos pone a tono si miramos el mar desde la distancia
que traza la terraza del caf y la playa. La gaviota
grazna un saludo corto y se pierde tras la torre de la
iglesia. El poema cae lento como la pluma de un go-
rrin herido sobre el piso otoal y carmesi de la pla-
za.

La elegante dama de la mesa de enfrente
garcon, sil vous plait!

paga la cuenta, agita la mano,
el guante
sombra y luz del cielo
[llueve todava?]

A tout a lheure, mon am

Dubrovnik, otoo de 1995

MI ORACION POR SERBIA

Hiroshima fue el sacrificio, la advertencia cruel a la irracionalidad del hombre. El holocausto ha sido olvidado como si hubiera sucedido hace ya muchsimos siglos confundidos con la tierra y la arena de aquel monte que hoy llamamos Calvario.

Una mujer hizo de su amor eco de protesta y oracin por los despojos de carne y piedra armada convertidos en pavesas, alarido siniestro, indecifrable hoy, de tantos que fueron intilmente inmolados cuando ya sus ejrcitos haban prcticamente depuesto las armas. Pero el enemigo, soberbio y a la vez cobarde en su arrogancia tena que rubricar con ese holocausto su advertencia a los otros pueblos que pretenden ponerse de pie para templar sus fuerzas.

Tiempo atrs un solitario desde el Lago de Lerma levant su voz contra los mercaderes de la guerra. Esa voz encontr resonancia en las gargantas de otros inefables seres cuya integridad y amor por la criatura humana -predestinada desde su expulsin de los predios ednicos- se acomoda en el cuero de la honda como un minsculo guijarro que habra de golpear la frente del cobarde gigantn del garrote y la amenaza.

Romain Rolland, Clemenceau, Tagore son ya polvo en el polvo. Las generaciones de hoy no conocen la historia, simple informacin para los advenedizos del Laurousse, nombres, cifras, letra muerta. Pero t, Marguerite Duras, que sientes la llama prpura y blanca de Hiroshima ardiendo intermitente en este crepsculo del siglo, dnde guardas tu oracin por Serbia, la otra vctima que Europa sacrifica empecinada, enajenada y sdica como tambin lo hiciera con Espaa?

Los mercaderes de la guerra han desatado las ms ftidas tempestades en esa Bosnia/Serbia que provoc la muerte del Imperio Austrohngaro y anunci la libertad de los pueblos que estaban sometidos al despotismo y la autocracia. Convivieron all fraternalmente, desde siempre, los catlicos cratas y los serbios musulmanes con los serbios ortodoxos. Acaso los mismos que dieron muerte al Papa Pablo han prendido la mecha de la intolerancia y el revanchismo. Acaso el deseo de monopolizar el petrleo ha convertido a los sabios discpulos de Mahoma en depredadores orquestados por los medios de informacin corruptos vendidos al mejor postor.

Fueron cobardes los aliados europeos en la primera guerra mundial para con los soldados serbios abandonados a la suerte, enfermos y famlicos. Francia los empuj hacia la muerte cuando el viento de la patria atrapada y sometida los llamaba y estos convalecientes de Salnica respondieron al llamado, con furia incontenida se lanzaron contra un enemigo superior en hombres y armas, contra un enemigo bien alimentado como los caballos y los bueyes, un enemigo cruel y cnico que se ceb en la poblacin civil, que deshonr a las inermes mujeres serbias y que colg en la horca a los ancianos por amar la patria y a los hijos que la defendan. Francia, como Inglaterra, se qued a la retaguardia, a la espera, creyendo firmemente que estas huestes famlicas y enfermas seran destruidas, que el honor de Europa, el status del Imperio Austrohngaro quedara a salvo.

La municin intil, los caones inservibles que falazmente Francia les entreg los serbios substituyeron con su profundo amor y lealtad por la patria y con ese herosmo inalterable que cantan los trovadores recordando la resistencia de 500 aos contra los

 

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