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Rafael Minero
Nacionalidad:
El Salvador
E-mail:
rafa.menendez@hotmail.com
Biografia

Rafael Minero

Rafael Minero, cuyo nombre verdadero responde a Rafael Ernesto Menéndez, nació en la ciudad de Santa Tecla situada a 12.7 kms de la Capital de El Salvador (San Salvador) en un 29 de mayo de 1990. Por la precariedad de su familia desde la edad 10 años se vio envuelto en distintos trabajo, siendo así “la carpintería” lo que sostuvo un poco la economía de su hogar por más de una década. Los temas tales como:

“el hambre”, “el dolor”, “la melancolía”, “la tristeza”, “el amor” son los elementos vitales de sus letras.

Dentro de su producción literaria podemos citar:

“Miedo Nocturno” (poesía 2013), “En la Escala del Dolor Mayor” (poesía 2014), “Al otro lado de los afectos” (inédito 2015), “Motivos para volver (2015) y “Un monólogo a nuestras espaldas” (novela, inédita)

Actualmente estudia Licenciatura en Filosofía y Literatura en la Universidad Pedagógica de El Salvador.

 

Latitudes

 

Ahora está claro he inventado una vida

una tarde desnuda y despeñada por los satélites

una madrugada desierta y somnolienta  en mis manos

una noche desgarrada por el ruido de las monedas

he inventado un continente desmemoriado 

le he despojado de su gloria y lo puse en el tercer mundo

le he dibujado un  lunar en su centro

un país diminuto anclado a las fronteras de lo imposible

he dibujado cicatrices de matanza en su historia

campesinos rebeldes /furiosos y hambrientos

trasnacionales con la misericordia oxidada

he caminado por sus calles

he visto muerte en sus avenidas

he olido el miedo en sus esquinas

he visto cabezas en bolsas a la sombra de los parques

le he visto arder sus buses con intención

quemarse en sus llamas a mis hermanos y hermanas

(juro y no miento que lloro de rabia

de tristeza e indignación ahora ante su recuerdo)

le he escrito un himno a la piedad

una oración anclada al patriotismo

porque espero el día en que:
“La Justicia y La Libertad nos lleven hacia Dios”

he decorado su bandera con el blanco del silencio

y el azul del cielo
(donde “te saludan reverente las nuevas generaciones”)

he inventado el amor a sus tierras

a sus mares y ríos casi secos

a sus lagunas extintas y a los montes calvos por la civilización

he andado tanto por él

que me siento y soy  parte de él

le he tatuado con una lágrima una “M” de miseria

una “S” de silencio (porque ahí desemboca la verdad)

le he cantado con los gritos de los desamparados

 a las “18” estaciones del terror que nos acosan

¡y la canto con orgullo/ sin miedo a que me callen/

sin miedo a que me enmudezcan en la esquina de mi barrio/

la canto con el alma abierta  e invito a mis hermanos!

porque ya no hay más mentiras que opaquen nuestro sol

porque he inventado una ruta

una camino a donde nadie se aventura

he inventado el amor este pedacito de tierra

aunque lo abandonen miles y miles a diario

sabemos que de la lejanía destinan su amor

y aunque no sea el mejor rincón del mundo

ni el mejor rincón para dormir

¡es nuestro rincón!

porque ahora he inventado un país

y le he nombrado como el deseo

como la memoria que nos han robado

porque aquí he visto la esperanza nacer

y el trabajo/ el coraje vencerse ante el orgullo

acá he probado los besos ajenos en mujeres peregrinas

me han herido con sus manos  forasteras nostalgias

ahora está claro he inventado una vida

una tarde desnuda y despeñada por los satélites

una madrugada desierta y somnolienta  en mis manos

he inventado un continente desmemoriado 

le he despojado de su gloria y lo puse en el tercer mundo

y le he dibujado un  lunar en su centro.

 

(del libro: En la escala del dolor mayor)

17 de enero, 2015.

 

Se me iba diluyendo la tarde en cada paso que me atrevía a dar. Aunque sean las primeras lluvias del año, están tan cargadas. Huele a tu presencia en los alrededores de mi casa. Los recuerdos en mí sólo vienen y van como personas que pasan por las calles sin algún propósito, no tienen por qué volver, no tienen nada que venir hacer.

Mientras te extraño en estos harapos sucios en medio de este espacio inmenso de mi nación me queda tan grande la soledad, me queda tan hueca la sensación a olvido, hay tantas ruinas que he habitado y tantas casas que reconozco que mis pasos han llegado a ser esos enlodados ladrillos; te culpo por primera vez esta tarde, no me lo tomes a mal, no es un desdén, no es un reclamo, mucho menos una despedida, es únicamente un pensamiento que intenta en sus desesperadas y escasas posibilidades llegar a rozarte por primera vez. Te culpo en estas horas y me has creado un inmenso hueco con tu forma y con un tamaño desmedido que lleva tu nombre, un espacio poblado únicamente por ti Araceli, con sabor a ti, con verdad a ti, con sombras de ti, con ansias y deseos de ti.  Pasan las ventas ambulantes a mis narices, a mis oídos llegan sonidos de donde vengo, sonidos tan míos, tan de mi tierra, más todo es momentáneo. Todo me parece desconocido e insulso, todo me parece ajeno y me deja un sensación nostálgica…me he acomodado a tu voz, a tus palabras, a tus gestos,  me he acomodado a tus risas y suspiros que he empezado a desaparecer en los marchitos rincones de El Salvador, de donde aún creo que soy.

Al asomarme a la cocina, ver el fuego y vapor de mi café…lloro, no me preguntes ¿por qué? sólo lloro, me sabe a ti y es un sabor desconocido a mi paladar, pero eres tú.

Te pongo todo el peso de la culpa en tu espalda, te pongo todo el dolor a ti, mas no me mal entiendas, no me lo tomes como un reproche, mucho menos como un airado desprecio, pero en sí, en síntesis, a estas alturas de la tarde me di cuenta que fue tu mirada la que me laceró, fueron tus ojos, tu piel, tus senos, fueron tus alas desplegadas a mi cuerpo, fue tu amor, tu esencia de mujer, lo que en esta tarde

(que se me diluye) la que me ha pasado en el corazón en lugar de sangre y ha oxigenado mi cerebro con tu nombre y el sentimiento desmedido que me sacude como un temblor en la corteza terrestre que habito…bueno, en fin, lo sé, te extraño más de lo normal…

 

“del libro: Motivos para Volver…”

ISBN: 978-99961-936-6-8

 

Fronteras desnudas

…a veces me siento desamparado

sin latidos por ofrecer al amor

sin nebulosas vírgenes en el estanque espacial

como una canoa suspendida

en alta mar

como una meseta destrozada

por la vida.

Me siento como México saqueado,

desde las propias  entrañas

de su vientre

desde las reformas nacionales

de la desigualdad,

como “el oro negro” que les pertenece

y donaron mientras cerraban los ojos

por el sueño del mezcal.

Me siento como una Guatemala muerta

sepultada por sus volcanes

y sus mitos despojados

por la televisión;

como Honduras envestido

por las corrientes de la ideología

que emigran desde el Atlántico

trasnacionalizando la libertad

privatizando las sonrisas

y desgarrando el corazón

de sus mujeres.

¡Y les reclamo ahora

en el  nombre de EL Salvador!

que nos devuelvan el amor

que nos han arrebatado

desde unos siglos

que nos vendan la mentira

a precio justo

que nos compren las deudas

sin imparcialismo

y nos den un pasaporte a Costa Rica

donde nos deslumbre su flora,

su fauna

y no nos conmueva las manos sucias

de sus niños;

que no nos desgarre el pedazo de alma

con los harapos de sus ancianos

y que no compre a Nicaragua

un trozo de sueño…

que Colombia baile al ritmo

de su cumbia

con los suculentos sabores de su raza;

que la plata de Argentina

sea la mirada de sus hombres,

de sus vidas

y extiendan la mano

y abracen

al “rio de los pájaros pintados”

a ése Uruguay que ha sido custodiado

por la armas del hambre

en el siglo pasado.

Que se vista la Venezuela prostituída

en el seno del olvido

con el poncho del ande

con la verdadera esencia de su tierra

y con el vibrar de la sangre

que reclama desde la tumba

la paz por la que se extirpó

la nostalgia.

No queda más ahora que los fantasmas de la memoria

no queda más ahora que el suspiro

en la nieve

o el desierto al norte

de nuestras casas…

no queda más que un Chile aislado

al sur de Abya-yala

o un Brasil arrinconando a su gente

al margen de los estadios.

No queda más.

No queda más.

Pero pese a  todo esto

a veces me siento desamparado

sin latidos por ofrecerte,

sin alguna nebulosa virgen

entre mis manos

como una canoa suspendida

en alta mar

como una meseta destrozada

por la vida.

Lo sé:

aún te extraño mi amor.

 

 

 

 

 

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