s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Irma Veroln
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
irmaverolin@hotmail.com
Biografia

Irma Verolín

Irma Verolín nació el 8 de diciembre de 1953 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y en grupos de estudio particulares. Entre otros, obtuvo el Primer Premio Municipal “Eduardo Mallea” (por su novela inédita “La mujer invisible”), el Primer Premio Internacional “Horacio Silvestre Quiroga”, el Primer Premio Internacional de Puerto Rico Fundación Luis Palés Matos. Ha sido traducida al inglés y al alemán. Es autora de ensayos literarios y de artículos concernientes a su condición de Maestra de Magnified Healing y de Reiki. Ha publicado los libros de cuentos “Hay una nena que gira” (Premio Fondo Nacional de las Artes 1987), “La escalera en el patio gris” (Primer Premio de Encuentro de Escritores Patagónicos), “Una luz que encandila” (Premio Ciudad de El Colorado, provincia de Formosa, 2010) y “Una foto de Einstein tocando el violín” (Primer Premio IX Concurso Nacional “Macedonio Fernández”); las novelas “El puño del tiempo” (Premio Emecé 1993-1994) y “El camino de los viajeros” (Primer Premio Internacional de Novela Mercosur, Ediciones UNL, 2012); el poemario “De madrugada” (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014). Es también autora de literatura infanto-juvenil: “La gata sobre el teclado”“La lluvia sobre el mundo”“La fantástica familia Fursatti”“El misterio del loro”“El ferretero del tornillo perdido”, etc. Por su libro “Los días” (inédito en proceso de edición )obtuvo el Primer Premio de Poesía de la Fundación Victoria Ocampo  “Horacio Armani”  2014). Su quehacer ha sido incluido en antologías nacionales (citamos “Mi madre sobre todo”, compilada por Marta Ortiz y Gloria Lenardón, Editorial Fundación Ross, 2010) y extranjeras.

 

                             EL CARPINTERO

 

Desde muy temprano estuvo el carpintero 
lidiando con esa dichosa puerta
que no se abre
que no se cierra
mientras yo inventé y taché palabras
sobre la hoja blanca.
Rudo el color blanco se resistió
golpe tras golpe
a atornillamientos
y desgastes
a incisiones y desdecires,
la madera no cedía.
Hacer girar las palabras
ciento ochenta grados
-que sigan girando hasta que se mareen
y se desboquen las vocales
para que estalle el diptongo-
devolverle el movimiento
el balanceo perfecto a la voz
que se cristalizó en la hilera de trazos.
Demasiado esfuerzo, señora. Cuánto trabajo, 
murmura el carpintero
hombre tenaz 
en el acto de desbastar la madera de esa puerta
que se niega a ser puerta
en un sentido cabal.
Voy a prepararle a este buen hombre 
una fragante taza de café.
Es hora de que nuestros brazos descansen.

             del libro "Los días". Irma Verolín- Fundación Victoria Ocampo- Buenos Aires 2015

 

 

                   VIEJAS PANTUFLAS

 

Mis viejas pantuflas

imitación piel de leopardo

alcanzaron esta mañana su mueca perfecta.

Tiradas

ahí

sobre la alfombra despeluchada

parecían reírse

de mis pobres pies

de mis ojeras y

del inevitable ruedo descosido de mi bata

adornada con pájaros reales

que pasaron de moda dos décadas atrás.

A veces me distraigo y no las miro

y otras veces

mis gatos las encuentran

mullidas y se estiran

perezosamente

encima de ellas

a respirar su oronda vida de gato.

Deberían prohibirle a la gente

tener pantuflas de esta calaña en su casa,

dice una voz espesa

dentro de mí.

 

                                   De “Los días”- Fundación Victoria Ocampo- Buenos Aires 2015- Premio de 

                                   la fundación Victoria Ocampo “Horacio Armani 2014”

 

 

                              VIENTO

Hay un viento extraño allá afuera

que se hace sentir en las ramas de los plátanos

y en el estremecimiento de las cortinas

blancas

de voile.

Un viento, murmura mi madre.

Mi hermana mayor abre la ventana y se asoma

los rasgos de su cara se inquietan.

Es el viento de la Historia que nos viene a buscar

que quiere rescatarnos de este deletreo de lo cotidiano

del barrer cansador

una y otra vez

sobre el parqué que lustraron ayer

y que lustrarán de nuevo mañana

del dos más dos

de los sonidos primordiales de las letras

de la costura en punto atrás

menudita y apretada sobre el calcetín

que pide a gritos terminar en el tacho de basura

el viento

una voz irreproducible que ha estado desde hace siglos

dentro de nosotras

está allá afuera

hoy

vociferando

vociferando

 

                        De  “De madrugada”- Ediciones del Dock Buenos Aires 2014-

 

DOMINGO

 

Estuve toda la tarde del domingo

acompañada por mi poeta suicida: un libro

de tapas duras

con una flor intensa en la portada.

Blancos tramos de luz se habían filtrado

por las hendijas estrechas

de las cortinas de madera que

fracturaron los versos

renglón a renglón.

Toda la tarde respiré sus palabras 

embriagantes

sus voces que traspasaron como luces

un puñado de décadas. La veo

escribiendo, su espalda encorvada

frente a la máquina portátil.

Las letras suenan como disparos

en un juego de niños,

las letras hacen repercutir su voracidad

sobre la mesa y llegan

hasta mí, hoy

domingo,

día caliente de sol

propicio para cruzar más límites, idiomas

otras franjas

más hondas e invisibles.

La muerte jugó la última carta en este asunto,

un movimiento de  naipes

como letras clavadas en la tabla de madera,

otro rango en el parafraseo de los golpeteos:

invariablemente se trata de cruzar

alguna clase de espacio.

Y aquí estamos las dos,

a pesar del calor y de sus fluctuaciones, la luz

en esta parte del mundo

se comporta de un modo esperable,

fluye

se enlaza en su vaivén

arquea las palabras

las corta en más pedazos

las multiplica

aún en este verano de piernas abiertas

y toldos desteñidos en despavoridas azoteas.

La sigo viendo a mi poeta

con su espalda encorvada, 

ella

que convirtió a su máquina de escribir

en un diapasón 

me mira sin asombro

desde otro domingo

lejos  

me mira

enclaustrada

con sus inabarcables ojos.

 

                                       (de “Los días”, en proceso de edición)

*

Un atlas de descomunal tamaño con la cubierta de cuero

y pomposas letras doradas en filoso altorrelieve

contorneando el planeta,

dentro del círculo del mundo

debajo del título puede leerse:

1950 - año del Libertador General San Martín.

Papá abre el atlas:

sonidos de manoplas avanzando por una playa mojada

en el ir y venir de las hojas

zarandeados perfiles de mares y territorios,

el dedo de papá

decidido

robusto

indica un derrotero que se burla de las dimensiones del mundo

y avanza.

Mi hermanito rubio y mi hermano mayor

se acercan

miran

se están asomando a un pozo ciego

y lo que hay para ver los cautiva

irremediablemente.

Los tres contemplan la mentira de las proporciones

el mundo entero al alcance de la mano,

a papá sólo le interesa mostrarles la cordillera de los Andes

su dedo

es el general San Martín atravesándola.

Los héroes hacen esa clase de cosas, explica papá

los ojos de mis hermanos se deslumbran

un héroe desplegado sobre la mesa del comedor

en nuestra propia casa

a media mañana

así como así

y nosotros en camiseta y sin escarapela.

 

                                        (De “De madrugada”)

* 

 

Un despliegue de cartas españolas

sobre la superficie tambaleante de la colcha

que cubre el cuerpo de mi madre

movedizo

increíblemente movedizo dentro de su enfermedad,

ese vasto sitio donde todo confluye: nuestras conversaciones

el miedo

las manos de los médicos

las de mi madre que dicen ay.

Montones de cartas resguardan ese cuerpo

ahora

y quieren abrigarlo

mamá las ha echado alzando su brazo con brusquedad

—revoltijo en el aire cara y ceca sin pronunciación—

para dar un salto hacia el futuro,

ese otro lugar que no existirá para ella

aunque las cartas vaticinen fabulados prodigios

lunas fosforescentes en la ventana quieta

luces para repartir como caramelitos en un cumpleaños.

Todos aquí

nos asomamos al futuro de mamá

estirando el cuello hacia la colcha

que ya no soporta el colorido de las barajas

ni el temblor rudimentario de su cuerpo.

Está hecho de nácar su cuerpo

deshecho su cuerpo

lábil entre las sábanas

que apenas recuerdan sus perfiles

las líneas

las rugosidades,

ese cuerpo que se adelgaza en una precipitación

que no conoce límites.

Grande es el sitio que la espera apenas su cuerpo logre olvidar

cada una de las cosas que hoy la alimentan y cobijan,

nácar como piedra o interior de caracola

nácar los diminutos botones de su camisón.

 

                                    (De “De madrugada”)

 

SUS OJOS

 

No había nada detrás de sus ojos

sólo un mar sin movimiento,

un mar

de aguas oscuras

con peces nadando en cámara lenta

y sirenas desmenuzadas

en un fondo sin fondo

entre montañas hundidas

que alguna vez fueron

remotamente

animales que el tiempo extinguió.

Sus ojos

a pesar de todo

buscan

en mí

otro mar

parecido y distante

para acariciarlo con su mirada.

 

                     (de “Los días”- en proceso de edición)

 

DESPEDIDA

 

pusiste mi mano sobre tu pecho

y cerraste los ojos:

mi mano quedó dentro de tu pecho.

Del otro lado de tus ojos

mi mano acarició tu memoria

parsimoniosamente,

mi mano se ahogó en tu lisa memoria, después

alguien silbó en el pasillo.

La tarde pulió sus aristas,

despedirse es fácil

cuando el silencio envuelve a la vida

sin límites,

el silencio es un pequeño dios

que convierte  nuestra despedida en sitio de llegada.

Puedo mirar ahora

mi propia muerte en tus ojos,

la veo trepándose sobre el borde de mi nombre

y nos cobija a los dos

 

                       (de “Invierno”, inédito)

              

POLLERAS

 

Con sus polleras largas iba mi bisabuela a través 

del campo,

un campo muy grande

tan grande como este país

que una mañana la atrajo igual que un imán

desde el otro lado del océano

hasta estos espacios fronterizos,

un campo que se mira

y se huele

y se transita arrastrando esas polleras

que terminan con el ruedo embarrado.

Anchas las polleras,

inmenso el país

hecho y deshecho entre un rumor de ranitas y bicheríos

escoltando esa caminata

que dura toda la vida

y que roza la mía hoy

a estas alturas de las penurias

del  nuevo milenio,

un siglo después casi exactamente.

Veo el cielo abierto dado vuelta y al campo

por el que mi bisabuela va

como una taza que cayó de boca

y perdió el contenido,

el cielo de pronto

le robó el campo al país

sus moneditas tristes

sus pálidas pertenencias y ella,

mi bisabuela

lo camina sin escuchar

sin ver

sin que exista sobre esta tierra para nadie

otro lugar, el cielo

se cayó de bruces

ya no acompaña al paisaje

ni a los pasos de mi bisabuela

que ha perdido su voz

su propia voz muy ajena

en ese trajinar de lavar ropa y pisos y fregar

lo ensuciado por la vida una y otra vez

una y otra vez

y otra vez ella piensa en el ruedo embarrado de su pollera

en las cacerolas sucias

en el fuentón donde se cansarán sus brazos

mientras pasan las horas

de refilón

y rasguñan las paredes de una casa que se viene abajo.

Mi bisabuela camina sobre mis  propias huellas

en este terraplén

rústico

desiluminado

en este escenario de mampostería, cielo revuelto

donde se resbalan las pisadas

una mujer camina

y el campo

sin un cielo que lo cobije

lo desconoce  todo:

el nombre de mi bisabuela

sus polleras con el ruedo embarrado

y  nuestra interminable caminata.

 

 

                   (Inédito de un libro en preparación titulado “Árbol de mis ancestros”)


 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s