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Ariel Hidalgo Brenes
Nacionalidad:
Costa Rica
E-mail:
arihibre2227@gmail.com
Biografia

Ariel Hidalgo Brenes

Cónsul - San José

Ariel Hidalgo Brenes, nace el 27 de julio de 1992 en San Isidro de El General, Pérez Zeledón, Costa Rica.

Con 10 años, en la primaria, obtiene el segundo lugar en el certamen literario regional “Festival de la Creatividad 2002”.

Durante su educación secundaria publica varios textos en la revista colegial Letras del UNESCO, publicando así sus primeras muestras de prosa y poesía.

A los 18 años forma parte del desaparecido grupo: Sol omnibus lucet (Sol), conformado por artistas regionales, entregados al rescate y fomentación de la identidad del cantón generaleño, apareciendo en esta etapa el amplio poema de más de 300 versos: “Un poema para el señor Pérez. (Panem et circenses)”, donde hace referencia a las limitaciones, el olvido y las necesidades que tiene el cantón, también así, las dificultades que tiene este para su desarrollo.

Entre los años 2009 y 2012 publica de manera digital la tetralogía de poemarios: Entre Escombros Vividos, Motivos de Revolución, Paráfrasis de Ambiguos Sentimientos y Sentimus Animae.

A los 21 años se traslada a la capital San José para formalizar sus estudios de Filología.

En este tiempo se ha dedicado a la redacción de ensayos relacionados a la realidad nacional como así a la latinoamericana. Ha publicado en la Revista Contacto global de la Universidad Autónoma de Centro América y en la Revista de Lenguas Modernas de la Universidad de Costa Rica.

-Correo electrónico: arihibre2227@gmail.com

 

Del viento

 

Mi carne ahora es nada

nada que se deteriora

con el tiempo que me reclama,

delicada como migajas.

 

Mi corazón

dos palabras

profundas como universos

las entrañas.

 

Los ojos que desearon ver

perdidos en otras miradas

donde enormes regiones

lagrimean nostalgias.

 

Mi piel

suave tacto del viento

complacida

en la melodía del silencio.

 

Mis brazos

extendidos, ya cansados

cansados de esperar un abrazo

un pedazo de cielo anhelado.

 

Mis huellas

camino sin regreso

desafiando mares

desafiando al misterio.

 

La voz vibrante

luz de tu cuerpo

busca solo una respuesta

donde yacen los lamentos.

 

Ahora está ahí

ese cuerpo tendido

vivo, no muerto,

no brizna sino hierro.

Aprecia, pues,

de un hombre su fulgor

su valentía naciendo

su coraje en el sufrimiento.

 

Ahí canta

no aguarda paraíso ni infierno

suspira un tibio consuelo

su ser desprende los ligamentos.

 

¡Oh, lo salve!

Para librarlo

para purificar los daños

 

para encontrar

en el alma la paz

y del espíritu su libertad.

 

Contémplale

perfumado con aromas nuevos

elevándose sobre el aura espectro.

 

El hombre se ha desvanecido.

De regreso al viento.

 

Penumbra

 

No es más que un Lapsus memoriae.

Precisa solamente la huella y la fosa.

¿Hemos estado vencidos por este infinito?

Efímero resulta padecer.

 

Solitarios de duelos a entierros.

Percibir, brevemente, la destrucción del tiempo.

Sentimos, respiramos, indefensos

no ya por nuestros incontables muertos.

 

Entre la constancia de la soledad y la muerte

discuten los heraldos y los ejércitos,

mas es menester de lo perecedero aguardar al silencio

cuando el dolor se propaga en instantes eternos.

 

Las primeras luces colmadas de presentes ocultos.

Crepúsculos extasiados deshechos en flujos.

Embalsamadas las ataduras del alma,

descuartizadas las taciturnas entrañas,

siguiendo insaciable lo que nos amenaza.

 

Inmensos espejos del alma,

profundos, donde réplicas se nos escapan

como feroces guardianes de la memoria

que corrompen y dilatan.

Son las rasgaduras etéreas en la espalda,

el cuello, el ojo y la palabra,

son estas las cicatrices más blandas,

como trozos que se desprenden del alma

por los cuales la eternidad se derrama.

 

Miradas sacras de respuestas desconocidas

como antiquísimos fuegos que purifican.

Martirios precisos en intervalos desconocidos.

 

El hallazgo del preciado elíxir

que se agota lentamente y se sabe eterno

como un enorme agujero oculto dentro

como los nunca-nacidos de esta quimera

que, tras de hambrienta,

seguirá inmutablemente despierta.

 

Hemos tocado fondo

 

Hemos tocado fondo,

acá no hay más que escombros.

Lentamente los fríos brazos

nos llevan hasta el inhóspito hoyo.

 

Alza la vista y dime,

¿Quedará alguna salida?

¿Una verdad que nos salve de tanta mentira?

 

Hemos tocado fondo,

deshabitados y solos

en el vacío de nuestros cuerpos.

 

Gritas, maldices y lloras.

Nadie escucha, los espíritus solo imploran,

cual frío inhabitable del cielo,

sobre la vereda augurando lo ya funesto.

 

Hemos tocado fondo,

lo siento en tus ojos.

Los cuerpos regresan al fútil polvo.

 

Las manos no calan más hondo

y aunque escuezan las venas

nunca saldremos,

pues no existe un más allá.

Esto es todo: solamente el fondo.

 

 

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