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Norma Etcheverry
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
etcheverry.norma@gmail.com
Biografia

Norma Etcheverry

(1963). Reside en La Plata, Argentina. Publicó “Máscaras del tiempo” (1998), “Aspaldiko” (2002) , “La ojera de las vanidades y otros poemas” (2009) y “La vida leve” (2014). Con el título “Lo manifiesto y lo latente” fue incluida en 2011, dentro de la colección “Cuadernos Orquestados”, antología de poetas platenses. Poemas y comentarios bibliográficos de su autoría aparecieron en medios gráficos y digitales: Diarios “El Día” y “Diagonales” (La Plata), Revista “El Espiniyo”, “Jornal Rascunho” y “Folha de San Pablo” de Brasil, entre otros.Ha participado como invitada en varios festivales de poesìa, en la Argentina y Mèxico.Textos suyos fueron traducidos al francés, euskera y portugués. 

 

Insectos I

Los pequeños insectos danzan en círculo

se estrellan unos con otros cegados por la luz

que artificialmente

dibuja sus prematuras sombras.

Breves sus vidas se encandilan

en un giro tras otro

inútilmente.

 

Así los hombres

por demasiada lucidez o demasiada levedad

sucumben.

 

El poema debiera ser algo que se planta


El poema no es  algo que se construye

sino algo que se planta.

(Miguel Torga)

 

El poema debiera ser algo que se planta

como un arbusto

un seto un manzano

que se riegue sin saber lo que se arriesga

lo que deja en el fondo

o lo que sale a la luz

sólo debiera dar cuenta de nuestra pequeñez

en la tierra

de nuestra imperceptible sombra

y nuestra nada en el tiempo

o mejor aún, de nuestra máxima aspiración: que un pájaro o un niño

se pose alguna vez sobre sus ramas.

 

Aguas

"La lluvia es bella y triste

 y acaso nuestro amor sea bello y triste”.

Raúl González Tuñón

Dice la lluvia que esta vez

pasará de largo
que no se llevará los colchones
ni las fotos del bebé
ni los papeles del renó
ni la escritura del terreno
que no dejará su marca en las paredes
heridas de arroyo abierto
bajo un cielo de cartón
chapas grasas de la noche
en que resbalan las gotas
por la frente del barrio
dice la lluvia que luego

se tenderá  mansita
sobre el asfalto que viene a cuenta

de una promesa
o en otras sogas de la ropa
o en el escote del veranito

que arrima mesas

a la vereda

 

Va tan rápido el mundo, la vida,

pasan los nombres en el diario

y tantas cosas pasan
pero el agua

no
el agua se queda
estancada

un remolino de basura
frunce la banquina y tus labios, negra,
que antes del agua fueron de miel
ahora son dientes

perros en furia mordiendo el barro

dice la lluvia que ya basta
digo yo, negra, que ya basta
que así no se puede construir
ningún amor

ningún recuerdo
                                    para mañana.

Andamos

por las calles de la ciudad

y nos emborrachamos

y salimos a buscar cuerpos donde perdernos

de lo que amamos

 

donde extraviar la última posibilidad

de ser cotidiana y remotamente feliz.

 

Las estrellas

 

Por las tardes Vismar venía para llevarnos a recorrer las blancas

playas del sur. Esperábamos el atardecer, cuando llegaban las

barcazas de los pescadores y mirábamos la ceremonia de su arribo.

Extendían las redes en la orilla, y mi mente entera se extendía

también. Los amagues de las gaviotas eran como pequeños

recuerdos, picotazos leves que sacudían el lienzo espumoso del

agua. Luego, los ruidos se iban apagando de a poco y, con el

caer de la noche, los hombres se perdían en las barracas

débilmente iluminadas, allá arriba, en las laderas del morro.

Entonces volvíamos en silencio, bajábamos por la carretera

atravesada de camiones. Imaginaba los rostros de los conductores.

Ser uno de ellos. Al volante de un gran Scania bajo el cielo negro,

agujereado de minúsculos puntos brillantes. El camino todo el

tiempo delante. Viajar siempre hacia ningún lugar.

 

 

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