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Ana Mara Manzo Montecinos
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
frate76@gmail.com
Biografia

Ana María Manzo Montecinos

Poetisa, narradora. Nació en Santiago de Chile en el año 1970. Ha vivido en Chile, Brasil, Paraguay y actualmente en La Habana, Cuba. Se inició en la escritura hace 10 años, narraciones, cuentos, poesías. Participó en varios concursos nacionales e internacionales:“Iquique en 100 palabras”-cuentos cortos- Chile 1998. “Cuentos para la FAO”-Chile2000. Talleres de poesía en la ciudad de Areguá, Paraguay. Concurso Julio Cortázar 2012  La Habana, Cuba. En la actualidad tiene en proceso  edición de su primer libro de poesías. Sus vivencias en diferentes países la ha enriquecido a través de participar en interesantes talleres,  motivándola a escribir y a crear diferentes personajes exiliados eternamente.  De los Andes (seudónimo)         

 

 

Pordiosero de misivas

La realidad,

una bofetada

en aquel letargo cotidiano,

expiran los espasmos                                                                                 

hasta dejarlo crucificado,

solo era piel y poros.

Dejó de respirar,

en silencio

se fue sin más

una sombra lúgubre

de tantos tintes al trasluz,

una pluma desgastada,

dudas.

Él y su armario

fueron testigos del final.

Sombras funestas.

 

El silencio del grito

Quisiera ser polvillo

que resbala por las paredes

para sorber la historia atrapada desde siglos.

Cuánto tenemos en común.

 

Sin salida

Heme aquí, un viejo aniquilado por los años

que no invité a mi comparsa.

Extraño dentro de esta piel ajada

sin sentidos.

Los acordes de la vida errados

no tengo dónde asirme.

El verdor del jardín me despierta.

Sensaciones extrañas

¿Vida?

 ¿Muerte?

 

Cotidiano

La tela de araña

parecía una corona brillante

de azahares.

Al trasluz del portal,

la gata negra.

Olisqueo sin interés

aquel espectáculo.

Parecía que el cielo se iba a caer,

sólo pendía de un hilo.

 

Batallas internas

Retornas en son de paz,

lo sé por tu mirada.

La batalla fue terrible,

¡tantas palabras brotaron!

atoradas desde siglos.

Soy otro,

todo está alterado,

son sólo destellos de piel,

no te vislumbro,

te preciso,

regresa.

Extraño tus ecos.

Intento caminar entre sombras,

no lo consigo.

 

Camposanto

Convivo con la muerte

día a día,

sabia empedernida

cubierta de vida

abriendo los brazos

a séquitos de ilusos.

Habituado

al espectáculo

me defiendo al filo,

cuento

con una pala corroída

y un puñado de tierra.

Carcelero de cementerios

desde siglos

insepultos.

Pase, sea bienvenido

 

Atando instantáneas

Escucha ecos                      

de la voz,

caen como diamantes en tu garganta

esperando descifrar verdades errantes,

torbellino de ideas,

salid a flote.

Estoy absorto abrazado a la madrugada,

tanteando siguiente paso.

 

Alianza imaginada

Vislumbro el soplo,

cruel rompimiento del pacto,

la vida me despojó de espaldas.

Ya no me adornas con tiaras a media  noche,

las mariposas se esfumaron,

los jardines no irradian belleza en la aurora.

Dejaste el corazón al filo de la agonía,

amanecer en un encierro,

después de haber vivido en el Olimpo,

brutal es la existencia.

Tu río ya no desemboca en mi mar,

la luna no se acurruca en nuestro lecho.

Quedamos como pedruscos

yacientes en la orilla.

Así nuestras almas

trocadas, dispersas.

El universo sigue su curso

tú sin saberlo

has quebrantado el pacto

 

Paseo nocturno

El sol aun no despierta

camino entre huérfanas calles

húmedas por la fina lluvia de septiembre.

Las hojas amontonadas a su suerte

marcan mi senda.

Llego sin darme cuenta al parque central

soberbio como nunca.

Me pierdo en él

una sombras más

y te imagino sentada en aquel viejo banco:

pulcra, hermosa, única;

cabellera de largos bucles

jugueteando al viento.

Tus ojos brillan

bajo la tímida luna.

La llovizna me saca de esta letanía

palpo el amargo sabor

un dolor que nace en el centro de todo.

No sé el tiempo trascurrido

ha dejado de llover,

el sol resolvió no asomarse.

Aún sigo en el parque esperando por ti

 

Mis muertos

Se deleitan los sentidos

cuando arribas a la memoria

inundando todo de ribetes divinos

supremos, benditos.

Repican sus campanas las iglesias,

miles de pasos

van profesando credos,

concibiendo que ahí están ellos

entre paredes que palpan y besas

hasta sentir sus manos rotas

y rezan al cielo agradeciendo el milagro.

Te vislumbro entre los devotos,

acechándome.

Estoy feliz, nos hallamos

junto las manos en señal de cruz.

Te llevaré a casa

mi templo.

 

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