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Daniela Escobar Gaviria
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
danielaescobarg@hotmail.com
Biografia

Daniela Escobar Gaviria

Daniela nació en el municipio de Venecia, Antioquia, Colombia; el día 3 de junio del 1994.
Actualmente (2014) es estudiante de Química de la Universidad de Antioquia.
Amante de la poesía, la fotografía, la música y otras expresiones artísticas.
A los siete y ocho años participó en varios encuentros de oratoria en el proyecto “Antioquia te habla”, en el municipio de Venecia y en el Hotel Nutibara de la ciudad de Medellín, obteniendo reconocimientos.
Recientemente asistió a un curso básico de Escritura Creativa ofrecido por el Bienestar Universitario de la Universidad de Antioquia. 
Participó en el I Encuentro de Poetas Jóvenes de Colombia, realizado el 30 de octubre de 2014, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.


Revelación

 

“La lucidez es la herida más cercana al sol”
                                         René Char

La palabra pintaba arreboles
sobre el misticismo de la espera/
la espera dilataba sus vacíos
para abrazar el olvido que se hospedó en la estancia.

Teníamos un dolor lejano, una mentira huérfana/
estética sin ética en el intervalo de muertes anacrónicas.
Maduró en el alba la luz incidente.
No hay sol sobre la nada/
fuimos el alba.

Dimos sombra al poema
para impedir que el verso dé a luz
nuestras últimas verdades.



Poética de la muerte


Pude ver como otros soles se nos hincaban en las sienes
develando en la sangre nuestras ideas mutiladas.

Sentí frío cuando el fuego abrasaba nuestros cantos
Y sentí frío en los dedos.
Y sentí frío en la voz que nos robaban
y en los versos que exiliaron de nuestras oraciones.

Yo también he muerto antes
y siempre me he visto morir.

Morimos como anhelábamos la vida:
en caída libre, como ángeles caídos,
como condenados a acurrucarnos
bajo el silencio de este siglo muerto.

Ya hemos caído antes
y siempre tememos a la gravedad.

Parecía que los cielos se ensuciaban con poemas nuestros,
Parecía que con el canto de nuestra voz sorda
resquebrajamos las quintas de ese azul infinito
que nos nublaba la vista y nos daba el placer de la ceguera.

¿Para qué ojos en este siglo donde lo que no vemos es mito?
¿Para qué?
¿Para presenciar la muerte de nuestro ser
sobre ese altar de soles en serie donde
tributamos nuestra párvula esencia,
condenándonos a ser seres uniformes y mutilados:
seres sin ser, sin ideas propias,
sin articulaciones inmanentes?

¿Para qué, incluso, la vida
donde ser poeta es quijotesco y casi un crimen suicida?
-y serlo no nos sonroja la piel-

Hemos muerto tantas veces que renacer nos es inútil
y tantas veces hemos sido inútiles a esta suciedad agónica
que serlo una vez más no nos dilata los dolores.

Nosotros, los que nos lavamos en la palabra,
estamos condenados a un discurso anacrónico,
al exilio de esta patria de hombres fractales.
Estamos condenados a ser los voceros de la muerte
-y serlo no nos sonroja la piel-

A nosotros, los quijotescos y suicidas,
no nos pesa la marca del crimen.
Somos soles hincados en las sienes congeladas.


Quizá en otras pieles dancen mis lunas

He olvidado leer entre mi carne
cuan disonante a la noche revela
los miedos que mutan
bajo el estatismo de mis lunas.

Un puerto al otro lado de este ser que me habita
trae soledades embarcadas.
Ya la espuma no se lleva los dolores:
mis lunas dejan catatónica la marea.

Cuanto más huyo de mí,
más me ahogo entre mis aguas.

Lleva este cuerpo, magnetismo,
lejos de esta mar distópica.
Quizá en otras pieles dancen mis lunas.

 

 

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