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Fernando Chelle
Nacionalidad:
Uruguay
E-mail:
fernandochelle@hotmail.com
Biografia

Fernando Chelle

Fernando Chelle (Mercedes, Uruguay 1976). Profesor de literatura en Uruguay (en los departamentos de Soriano, Montevideo y Canelones). En el año 2011 se radica en Colombia, en el Departamento Norte de Santander, en la ciudad de Cúcuta, donde se ha desempeñado como Profesor de Lengua Castellana en bachillerato y como docente universitario al frente de la Cátedra de la asignatura Competencias Comunicativas de la Universidad Simón Bolívar.

Es poeta, ensayista, corrector de estilo y crítico literario. Autor de los libros, Poesía de los pájaros pintados (Colombia 2013) y Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos (Colombia 2014). Ha sido corrector de estilo de las revistas, Respuestas (Universidad Francisco de Paula Santander, Norte de Santander, Colombia) y Fronteras del saber (Universidad Simón Bolívar Extensión Cúcuta) como también Director de Contenido y Redacción del Periódico El Libertador (publicación oficial de la Universidad Simón Bolívar Extensión Cúcuta). Sus ensayos y críticas literarias se han publicado en diversas revistas, periódicos y portales literarios de diferentes países.

 

Yo lírico

 

Poeta de la espuma circunstancial

Cazador de recuerdos

De fragancias pasadas

Avaro de ese cofre

Donde descansa tu nombre

Tallado a punta de diamante.

 

Poeta de un río, negro

Como el abismo

Y dulce como el oboe

Alfarero de esa bohemia

Hechicera de paso lento

Ojos de fuego y manos de tierra.

 

Poeta del humo

Cobijo del amor

Que duerme y sueña,

Descansa

En su nervio de ceniza alada.

 

 

Calles de mi ciudad

 

En estas calles de la ciudad mía,

Y extranjero en las calles de mi ciudad

Yo tuve patria donde corre el Negro

Por entre verdes islas

Y fantasmas de viejos eucaliptos.

 

 

Farolito de papel

 

Excepcional exilio voluntario y voluptuoso

Solitaria rebeldía

Pasionalmente anárquica

Sueño ensoñado de belleza

Subjetiva, idílica,

Terreno exquisitamente melancólico

En la naturaleza apacible,

Divina

Místicamente enamorada del poeta

Llama de la eternidad.

 

 

Al Gran Sol

 

Ilumina el templo con el poncho

que hasta los ricos se verán deleitados.

 

Pon tus hebras de fuego extendidas

sobre la tenebrosa y profunda unidad.

 

Haz arder los rostros de los suicidas

para que con tu humo no se esfumen

y años de albañilería no sucumban

en un momento de derrumbamiento.

 

Entibia la guarida de la esperanza

que como un lagarto se dejará a-dorar

ante tu imperio de luz.

 

Infunde en mi tu poder,

haz que yo haga amanecer

encendiendo palabras y sonidos

colores y notas.

 

 

Mieles de luna

 

Donde, mi hechicera bohemia, andan tus pasos

tus ojos de fuego, tus manos de tierra.

 

Acaso arrastrarías tu manto de estrellas

por las estrechas calles de esta noche sin luna.

 

Ven a poblar mi soledad de árbol

mi ausencia sin canciones

mis poemas febriles

como viudas sin dote.

 

No dudaría en arrebatar tus labios de sangre

derramarme en la miel de tu vientre,

y guardar mis nervios, dagas que me atraviesan

en el cofre blanco que se esconde

en las lunas de tu pecho.

 

 

Casualidad

 

Mujeres altas

Faunos de mi existencia.

El vértigo ha vuelto a apuñalarme,

Ayer salieron de un recuerdo de Artaud,

Recuerdo de una escoria,

Hoy vienen con esta lluvia de jueves,

Lluvia germinal,

Altura de precipicio

De verticalidad

De erección infinita

De perspectiva que dirime

El extrañamiento

Del salto.

 

 

Caeré en tu pecho

 

Caería como una manzana

fundido por tu dulzura,

presipitándome ante tu carne morena,

así podría beber de tus ojos de gata

y arrebatarte tus labios de sangre.

 

Caería como Adán ante Eva

en el cascabel de un nido de serpientes

y junto a ti, sublime

contra todo lo esperado

lograría despojarte de tus perennes hojas.

 

¡Oh mujer de mis delirios!

mi débil carne gime por ti

y siento que la sangre que me habita

late en tu pecho

como en su nido.

 

 

Credo poético

 

Creo en la flor de la tarde

agitada como abanico de sangre

caída a tus pies de ninfa.

 

Creo en el ave de hierro

dejando caer sus plumas

como cuchillos de sombra.

 

Estoy seguro de la seguridad

de los volantes, de los dados

y de tu vientre de niña.

 

Me he convencido de la caída

y de la ascensión, pero mi grito

quisiera apuñalar

la ley de gravedad.

 

 

Trampos

 

Será mañana este hoy

Que está sujeto,

Hundido en el letargo de la quietud.

 

Pero el reflejo viene desde un solo lugar.

 

Huir de los espejos

De las caídas narcisistas.

 

Solo el sol me llama

El vidrio extiende su filo.

 

Caen mis pedazos

Después de viajar sin asideros

Sin transitados muelles.

 

Suena el acordeón del Mingo

Al solcito de Poulliér.

 

 

Despertar

 

Amanezco junto al mar,

Me confundo con las gotas que

Caen en mi carpa, tercer pilar

De Santa Lucía del Este.

 

Toc, toc, tero, tero…

Un lugar del mundo

Donde la arena es libre

Donde el emperador silencio

Ha llegado con su orquesta

De vientos

 

Y el amor?

Duerme y sueña

Y el amor, hombre de fuego?

Descansa

En su nervio de ceniza

Alada.

 

 

Recuérdame

 

De romántico a trágico

Imposibilitado el amor

Se levanta el muro.

 

Calla el exterior para dar paso

A dos balas en direcciones distintas

Que se rozaron.

 

El tiempo no ha mudado su costumbre

Dejando nuevos colores

No siempre vivos

Y algunas veces

Inesperados.

 

Entonces, nosotros, los de entonces

Ya no somos los mismos.

Y bien, quedémonos con la flor

La espina no, la flor

Porque hubo flor.

 

 

Del río al mar

 

Nací herido por los rayos de la luna lorquiana

Cerca de un río solitario

Negro como el abismo

Con la pupila fría de las quimeras.

 

Hoy soy un toro con una flor en la boca

Tratando de hacer sentir su peso,

Ya mi desesperación

Te picará en los ojos mujer

Porque será imposible

Ponerle diques al mar.

 

 

Patio de la abuela

 

Ciprés ascendente en precipitación vertical verde,

Espinas de un marchito borracho combustible,

Azahar de naranjos cargados de continuo,

Nota amarilla de un limón colgante,

La tierra en su sequedad se ha partido.

 

1959 dicen tus pilares arcanos,

Agujas que descansan en una

Almohada de terciopelo,

Lento como tu sombra veo caer el sol.

 

Tu bastón de la tarde

Ha reflejado un grito

En el largo pasillo

Que lleva a los pinceles.

 

El búfalo en su cueva observa extrañado

El discurso que un día supo ser resistencia

Y ahora que tu perfume

No puebla ya esta tierra

Llegó para quedarse tu verde melodía.

 

 

Una tarde en la Coqueta

 

Me fui cazando los recuerdos y alguna fragancia al pasar.

Me suele suceder cuando miro brillar los adoquines del barrio.

Llego al río,

al único,

a ese que es Negro como el abismo pero dulce como el oboe.

Encallo en el puerto y me convierto en humo,

eso si,

como ellos están atrás echo sobre mí un manto,

el manto de la vida,

el manto de los sueños,

ese que seguro no verán jamás.

Y ahí descanso, al menos hoy,

como descansa mi cigarro,

en su nervio de ceniza,

alada.

 

 

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