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Enrique Gil Ibarra
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
elhendrix@yahoo.com
Biografia

Enrique Gil Ibarra

Nacido en La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina, un 26 de diciembre de 1954, y por supuesto siempre recibió un solo regalo para navidad y cumpleaños. Frustrado, decidió dedicarse al periodismo y la literatura con objeto de obtener alguna compensación. No cree haberlo logrado, pero igual es feliz. 

 

No se entiende

¿Para qué querría yo que fueras mía? Si te tuve siempre.

Pero es que nadie entiende.

Siempre fuiste mía porque estás en mí, aunque yo no esté en vos.

Eso sólo quiere decir que yo no soy tuyo, que nunca podré serlo.

Que en algún momento, en algún instante de tu vida

se me escapó un segundo, ese minuto en que pude formar parte de vos.

Y no lo supe, no pude distinguirlo.

¿Cómo podrías ser más mía de lo que sos?

Si ni siquiera puedo explicártelo porque me da pudor decirte

Que yo sí siento, que el miedo de sentir lo perdí hace mucho tiempo,

que siempre, a la larga, me compensa el dolor,

porque en mis noches las sonrisas quedan,

y siempre son recuerdo, y siguen siendo mías.

Aunque tal vez ese momento de derrota privada nunca haya existido.

Tal vez en mi recuerdo se pierda la verdad.

¿Sos menos mía por eso?

¿Y qué significa entonces mía y tuyo?

¿Acaso es otra cosa diferente a ser felices?

No digo “juntos”, no pienso “convivientes”, digo felices.

A mí me hubiese gustado ser tuyo en ese aspecto.

Hacer parte de tu felicidad, como vos de la mía.

Verte entera, pensante, actuante y decidida

te hace más mía y nunca menos, aunque aún no lo entiendas.

Te veo dormir, en un viejo sillón recauchutado

y taparte es como hacerte el amor, así de tonto.

¿Ves que sos mía aunque yo no sea tuyo?

Aunque mañana ya no durmamos juntos,

aunque nunca volviéramos a hacerlo

seguirías siendo mía porque serlo, no es otra cosa que esto.

Verte feliz, honesta, viva, y compartir contigo

los restos que podamos y queramos,

los momentos en que nuestras cansadas vidas

se entrecruzan, otorgándonos un tiempo de reposo,

de charla libre, sin miedos ni recelos.

Estás adentro mío desde hace muchos años

y siempre serás mía, negrita, aunque yo no sea tuyo.

Y como no es posesión, sino cariño,

me importa un corno que te joda o asuste, yo sí siento.

Y en todo caso, lo que hubiera querido,

es haber atrapado “ese” momento.

 

Te invito a caminar

Si tu nombre fuera otro

¿acaso serías vos?

Digo… si no hubieras

existido de entrada para mí

con este nombre único,

soldado con tu boca,

fundido a tu mirada

¿serías la que sos?

¿Te pensaría distinto?

¿Esperaría gestos diferentes?

¿Tocaría otras partes de tu cuerpo?

¿Tendrías otra voz?

Si tu nombre, -tu marca de persona- fuera otra…

al señalarte el mundo

¿Lo verías tal vez desemejante?

O acaso sería yo quien al mostrarlo,

al rotular lo digno de observarse,

lo haría respondiendo

a tu nuevo sonido, y así,

ingenuo e inconsciente,

te daría otra imagen de mi mente,

distinta, inconcebible y despareja.

Y entonces, al cambiarte,

yo también sería otro.

Y quizás alguien ya no igual a mí,

sino al que yo era hace sólo un instante,

nos miraría fatigar la calle

por un suave momento, y luego

se perdería en una esquina,

recién nacido, despertado, fresco,

para encontrar a la que eras

y enamorarte.

 

Traté y no me arrepiento

Quiero dejar constancia que traté.

Que quise enamorarte,

que no pude,

que no alcanzó sin duda lo que supe darte.

Y allí, por sobre el agua, por impericia o tontería,

quedó lo que logré.

¿Sabés? No me arrepiento.

Los halcones peregrinos

persiguen las palomas y no siempre

atrapan ni sus presas ni sus sueños.

Yo, al igual que el halcón cargo en mi vida,

la ansiedad de volar tras un deseo.

E igual insistiré, mi muy querida

en que me crees una voz en tus silencios.

Has sido ya muy clara, y muy injusto fuera

si por terco o por necio te obligara

a soportar por más tiempo mis requiebros.

Seremos, pues, amigos. Pero dudo que el tiempo,

apague mi sed y mis anhelos.

Y por ello, mi amor, ya te lo advierto

no descuides la carga en tus fusiles.

Porque estoy seguro de que eternamente

seguiré intentando secuestrarte besos.

 

 

 

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