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Manuel Garca Verdecia
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
manuel.odiseo@gmail.com
Biografia

Manuel García Verdecia

Manuel García Verdecia (Marcané, 1953). Poeta, profesor, traductor y editor. Licenciado en Lengua Inglesa, diplomado de Lengua Francesa y Máster en Cultura Cubana. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Sus últimas publicaciones incluyen Saga de Odiseo (Eds. Unión, 2006); Hombre de la honda y de la piedra (Eds. Unión, 2008); Camino a Mandalay (Eds. Holguín, 2008); El día de La Cruz (Ed. Oriente, 2008). De sus traducciones destacan Las musas inquietantes, poesía de Sylvia Plath (Eds. Holguín, 2002); Hojas de Hierba, de Walt Whitman (Ed. Arte y Literatura, La Habana, 2006); El profeta, de Khalil Gibram (Ed. Arte y Literatura, 2006) y El templo de mi espíritu, de Alice Walker (Ed. Arte y Literatura, 2010). Ha obtenido varios galardones donde sobresalen el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal 2007; el XIII Premio Nacional de Poesía La Gaceta de Cuba 2008; el Primer Premio del concurso internacional La poesía lleva alas de la Editorial Voces de Hoy, de Miami, EE.UU., 2009; mención del Premio Internacional Casa de las Américas 2010, y el Premio José Soler Puig de novela,  2007.

 

 

¿POR QUÉ?

 

el día es un hueco por donde me despeño

¿por qué navegamos

por qué aun navegamos?

latigazos y latigazos la pregunta  y no puedo sacármela

de todos modos nos empuja el tiempo y su marea

el carrusel en mi mente

dale que dale por las más remotas y absurdas callejas y penumbras

iglesias mudas  ojos bocas abiertas a la calle empedrada

las duras piedras que tropiezan mis pies y aún amo su lisa persistencia

la calle larga como un bostezo y las piedras en oleaje que danza

en algún sitio esperan unas nalgas suaves como el mar de la tarde y por ahí me deslizaré hacia el mundo de La Liebre de Marzo y la Reina de Corazones

la espuma de la cerveza tan leve como la rubia piel de las mujeres del país

da ganas de vivir

y el camarero sonríe a mi postura distante

mi impecable camisa  mi aparente suficiencia

tan diligente me hace sentir un señor

cuento mis monedas y me excedo  soy fugazmente un señor

los tranvías van y vienen  quisiera irme en cada uno de ellos hacia

ningún sitio cualquiera

solo irme en ellos

junto a los jóvenes despreocupados que llevan el mundo en sus celulares

y las bellas muchachas de largos abrigos que fundan tiempo y deseo

lejos del pastor que habla y habla de la viga en el ojo ajeno

cree que el mundo es lo que ve según lo ve o lo quiere ver

y habla y habla

¿por qué no te callas? no me abandona el gesto la frase ya harta

hay momentos en que uno quisiera decir a ese tras el cristal a esa señora en la fila al hombre que azuela las plazas a la mujer que muestra el ombligo a la clase  al prolongador de reuniones

¿por qué no callas?

aún a mi cabeza donde ruedan cadenas y cristales estallan

y al mundo que chirría sobre sus viejos ejes oxidados

¿por qué no callas  por qué?

deja escuchar el silente discurso de la vida

demasiadas palabras estallan en el aire  sacan ojos embriagan   petrifican

camino a Atenas  Jerjes cuelga unas ajorcas de oro a un hermoso plátano del camino

aposta a un soldado bajo sol y sereno a cuidar del árbol

hay poesía en la locura –¿un avatar de la utopía?– puede parecer

según un enternecimiento en las rodillas

cuidado con la miel   satura y ablanda hasta intoxicar

habría que preguntar al soldado  al hijo solo  a la mujer que languidece en el frío lecho

¿por qué escribo estas cosas?

¿por qué navego?

¿y qué si no escribo

¿y qué si no navego?


 

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