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Enrico Diaz Bernuy
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
enricoartemania@hotmail.com
Biografia

Enrico Diaz Bernuy

 

ESGRIMA LUMINOSA

Poesía

 

 

Era un lobo con sed y esa exploración 

 

me convirtió en un Minotauro.

 

Loco con ese amor dorado, el fuego hacía

 

su danza que convulsionaba y en el medio

 

de ese lenguaje febril, me cubrí justamente

 

 cuando mi cuerpo estaba con ella y en ese

 

 vórtice, mis sentidos, como consecuencia

 

de aquellas caricias y lamidas por las

 

mismas lenguas doradas que nos iluminaban

 

 flameantes del fuego. 

 

Cuya metodología cuántica, sutil y pura, me

 

permitió entender que en realidad el todo

 

en sí, lo que me rodeaba no era más que

 

abusiones y este paisaje sexual me dejó el

 

sabor a mar de ella.

 

Recuerdo su fragilidad, su delicadeza

 

pindárica, aguerrida, libre, con la filarmonía

 

de sus labios y mis besos.

 

En este trámite, esta experiencia de cuanto

 

era capaz… y esas gotitas tremendas que

 

recorrían de sudor por mi cuello eran

 

 doblemente humectadas con su lengua.

 

Sus pechos brillaban con un broncíneo

 

tono, como una parte del infierno se hubiera

 

desplegado sobre ella, era como una

 

montaña de deseos y además era sumisa

 

 y suculenta, y blanda, y suave, y acuosa, todo

 

 ello con esa cabellera enramada, enrulada

 

de esencias místicas que brotaban desde

 

 lomas intimo de ella.

 

De todas las formas delataban el alma

 

que la gobernaba y que sería capaz de

 

volver loco a cualquier hombre.

 

La contorción que hacía con sus

 

caderas, cada vez que la penetraba me

 

removía como si ella intentara estrujarme

 

 con una sed infinita, la sed que tenía una

 

hembra excitada, madura, matemáticamente

 

 experimentada, lumbrera de mi destino

 

y con toda la fuerza de esta historia su amor

 

 me había iluminado.  

.

 

 

 

La   morada

 

Tus ojos son en mis ojos.

 

Mundo de un raudo deseo.

 

Arcilla  fina de mi juicio mordiente.

 

Arcilla trigueña.

 

Me dejaste sorber.

 

Un soplo de nieve derretida.

 

Que atolondra mi carne.

 

La fuga siempre desflora la primavera.

 

El encuentro arde el incendio.

 

De nuestros frutos atados.

 

Nuestra sombra una morada.

 

Evidente de encausar cosechas.

 

Entonces esto es insigne.

 

La morada de una noche eterna.

 

 

 

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