s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jorge Eduardo Lacuadra
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
jorgelacuadra@hotmail.com
Biografia

Jorge Eduardo Lacuadra

Gladius

 

 

Hermosas grebas, broncíneas corazas, la arena,

oímos de los labios del aedo, el antiguo canto.

Pero nada se compara al grito que desciende

de las incontables graderías altas de la plebe.

 

Las grebas hirvientes se clavan en la carne,

las corazas ya del bronce solo verdes orines.

El anfiteatro Flavio es solo un ovalo de fuego,

con dudosas vestales y senadores indiferentes.

 

Recreamos Troya en un inverosímil combate,

a mis pies Héctor pide clemencia a otro Apolo.

mi cota de mirmillón imita al pélida Aquiles,

pero mis armas son modernas, de griego pez.

 

Espero del pódium, la decisión una vez más,

puede ser esta, mi última victoria por espada,

mañana asumiré ser yo el troyano en la arena,

la historia es la misma, cambiaran los actores.

 

Dirá Séneca, que al hombre, sagrado para sí,

lo matan por diversión y risas, nada más cierto.

Mi brazo cansado empuña el gladius sangrante,

y mis pies sobre la red que ya atrapo mi aliento.

 

Jorge Lacuadra - 2013

 

 

Entelequias (o suaves irrealidades)

 

 

El olor de la fiebre sobre la piel de marfil del loco.

El sueño de desmayarse dentro de un sueño.

La sorpresa de ver un corazón latir en el espejo.

El imposible arco iris nocturno de Caspar Friedrich.

 

El fantasma gris del que se esconde la timidez.

El eclipse de sangre que une los labios de la herida.

Los kilómetros recorridos de mi piel sobre tu piel.

Las retornantes escaleras perfectas de Escher.

 

El que dos más dos sean cinco por el deseo de uno.

La distancia que nos resta hasta las sombras del Paraíso.

La torre inabordable del edificio inquieto del placer.

La sombra que late oculta en el triángulo de Penrose.

 

Que tú leas, lo que yo leo, e imaginemos lo mismo.

 

Jorge Lacuadra – 06/12/2013

 

 

Epitafios

 

 

El frío es la suma de los espacios oscuros

entre multitudes de estrellas solitarias;

y el solitario es como una isla,

única y equidistante del mar y de la tierra;

y la tierra es el recipiente del océano,

que no impide filtraciones de su sangre hacia abajo;

y abajo es donde no se vuela,

donde disponer de alas carece de sentido;

y el sentido compone esos dibujos nuevos,

que maduran junto a nuestros pasos;

y los pasos son la huella y el sonido que olvidamos,

para continuar avanzando en la vida;

y la vida es todo aquello que no calla,

que se rebela y busca la verdad;

y la verdad son dos poemas muy unidos,

el uno tranquilidad y el otro dolor;

y el dolor comienza muy cerca de la tristeza,

tal vez antes, sobre palabras que flagelan;

y flagelar es dominar algo que es ajeno,

que es natural proveniente de otros;

y los otros son todos los que lloran,

aunque oculten el brillo y la lágrima;

y la lágrima es lo que cae por propia gravedad,

salpicando una mejilla o un trozo de papel;

y el papel puede sorprender al fuego,

y remontarse desde las cenizas;

y las cenizas forman la arcilla bajo la lluvia,

otorgando el gris y el sabor áspero al recuerdo;

y el recuerdo es el refugio del solitario,

cuando sus islas se saturan de sonidos.

 

Jorge Lacuadra - 2008

 

 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s