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Luis Alberto Gontade Orsini
Nacionalidad:
Uruguay
E-mail:
lgontade@adinet.com.uy
Biografia

VUELVE A MÍ

 

¿Dónde te has ido locura

que tu presencia no siento?

Vientos de razón ambigua

me alejaron de tu seno.

Ya no más vigilias largas

ni el polvillo vaporoso

sobre la bruma de incienso.

 

¿Dónde hallar a mis brujitas

que de tu mano volaron

con sus pócimas de encanto

tras el botín de mis versos?

 

Huérfanos de tu aliento,

dragones de mirada tierna,

fantasía de arlequines,

callejones, piedra a piedra,

giran hoy en desconcierto

sobre el azúcar quemada

de los recuerdos más tiernos.

 

Mi quimera aún convoca

con su cedazo de tientos

aquellas horas…segundos

en que un delirio afanoso

acentuaba de los ecos

sus voces… y del reflejo,

sus luces

en los estíos de enero.

 

¿He de escribirle al amor?

¿A las dudas del amante?

Digo:

¿…Al vago remordimiento?

Vuelve…por favor vuelve,

que extraño tu pulso firme

de corpiños voluptuosos

embebidos de deseo.

 

Tus tibias en cruz por muerte.

Leches bravas, un puñal…

Alaridos y lamentos.

Montañas de caramelo.

Senda florida escarchada

Aromas de bizcochuelo.

Concierto de mil chicharras,

Besos, abrazos, caricias

arrebatadas de celo.

Un asesino que llora.

Viejas arropando un muerto.

 

¿Qué habrá sido de los faunos?

Cojos, patizambos…chuecos;

y el fragor de los infiernos

encarnado en los ojeras

de una hembra malhadada,

condenada a tu presencia,

pesadilla entre sus sueños.

 

 

Locura que te quiero cerca

para alejar dudas viejas

que corroen mis adentros.

Sin tu abrigo

mi alma es nada,

viejo pulmón macilento;

pordiosera de la vida

que se escurre

entre los dedos

Cordura de vuelo austero,

un resto más de lo yermo.

Tal el dolor que siento

 

 

LUIS ALBERTO GONTADE ORSINI

Derechos reservados

Mayo de 2011

 

 

COLGAJO

 

Mi prudente cautela arrasa,

a su antojo,

el sensual campanilleo

de su rubor de niña.

Con las pestañas bajas,

retuerce

un pañuelo.

Huellas embarradas

de una multitud,

fondo borroso y sin rostro,

me advirtien

el costo de la profanación.

“El furor de la noche

es el rencor del alba”

( aúllan ) y “la astringencia

del vinagre

 la puesta de sol indeseada”.

 

 

Faro sin reverbero quisiera

en la tempestad

perdieses, el rumbo de tu

dominio leve,

sutil;

y enfrentar con mi impotencia

descarnada.

la férula sombría que no oculta

mi lóbrega invalidez.

Dispón de este cuchillo,

pruébalo en mi cuello y líbrame

del juicio y el rencor.

Hazme padecer por un dolor

que tal vez

merezca.

Perdigón azul,

sumido en la turbulencia: Dime…

si mi conciencia

es vergüenza, o mera mueca

de un blasfemo sin barras, ni

ruido de cerrojos.

 

Busco razones de mala fama

y encuentro

trazas de angustia.

Dónde encontrar tal vez al runrún

de las amapolas

pardas,

o la imperturbable melancolía

del crepitar de los leños.

Pero ahora,

aquí,

contigo,

la felicidad es manía,

lo tortuoso, práctica absurda

y el despecho

insana lasitud…

que corroe el alma. Auguro

el final

del sin fin,

agobiado por la desidia inútil;

la que alimenté

vanamente.

Despojo y espectro.

 

 

No busco una sepultura.

El amor no muere

ni arde.

Tampoco áspera mano cobijo,

eso es humillación.

Descreo de la soberbia

que alimenta cobardías.

Dibujo,

sobre la arena, promesas un tanto

hurañas. Un corazón

desgarrado.

La amazona en su alazán.

con herrajes de hierro blanco

cubre de azufre

y lamentos, un adiós desenfrenado.

La eternidad se ha tragado

el sin fin…

y acaso también

 mi vida.

 

¡Ay¡ Cuántos nardos y centellas.

Que monstruoso

cerco de estrellas, se apoderan

de mi mente.

¿Por dónde transita el odio?

¿Quién juega con mis

delirios? Deambular por mil caminos,

escoger las

maravillas, motivar con velas bajas

el despertar

peregrino.

Peinetas de cuatro señoras,

un tranco de carro viejo.

Y tus ojos, tus pestañas bajas…

Un jirón de mundo alerta

que me consume

y desgaja, todo fruto de

ilusión.

 

La idea producto de apremios

es realidad sin dolor.

Qué digo…

Siempre la mente soberbia,

perdida

en concha de perla negra.

Incapaz de consumar

con dicha, el amor

del que con zozobra espera.

Pierdo la noción de volar.

Me invade la desconfianza.

Juzgo, con desconcierto

la estéril

creencia del insensato

y el capricho fatuo del monólogo

insomne;

que lacera, no se oye,

ni se siente.

Inútil palo mayor que se quiebra ante

tus pestañas… indiferentemente

bajas.

 

 lgontade

 

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