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ALVARO M. TORRES-CALDERON
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
atorrescalderon@ung.edu
Biografia

Alvaro Torres Calderón nació en Lima-Perú el 18 de abril de 1975. Obtuvo su título en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Lima, Perú. Asistió a la Universidad de Memphis, Tennessee en la que se graduó con una maestría en Lenguas Romances con concentración en español. Se doctoró en Literatura latinoamericana de los siglos XIX y XX en Florida State University. Actualmente es Profesor Asociado del Departamento de Español de University of North Georgia en los Estados Unidos. Ha participado en la publicación del libro Alejo Carpentier ante la crítica, Caracas: Monte Avila 2005, conmemorando la obra del escritor cubano con el artículo “Alejo Carpentier y el hombre fronterizo: una constante en el Reino de este mundo.” También ha publicado el poemario "Claroscuro," Lima, Perú. Septiembre 2010. Colabora con la publicación de poemas en inglés para Stonepile Writer\\\'s Anthology en sus diferentes volúmenes (2010, 2011) impresos en la casa editorial de University of North Georgia Press. Ha presentado trabajos, organizado y dirigido paneles en diferentes congresos nacionales e internacionales de literatura auspiciados por Latin American Studies Asociation (LASA), South Atlantic Modern Language Asociation (SAMLA), University of Kentucky, Lock Haven University, Purdue University y La Pontificia Universidad Católica del Perú entre otros. Actualmente viene trabajando en su segundo libro de poemas y artículos sobre la literatura de escritoras decimonónicas del Cono Sur en Latinoamerica. Los temas de su investigación abarcan diferentes áreas entre los cuales se encuentran el género, la identidad, la nación, las fronteras y el poder.

 

Oración por un poeta 

Del poemario Claroscuro. Línea Andina 2010)

 

 

Por favor, déjenlo en paz al poeta

cuando come fruta en su rincón o

está haciendo travesuras en el aire.

 

El mago nos hace un favor: porque ya vio en el

cristal

cuándo subimos y bajamos de la tarima.

 

Así se establece el balance celestial:

este faquir de cuello largo baja y se quema los pies

en el carbón,

este acróbata de balcones salta y llega a colgarse de

las estrellas.

 

Puede andar de blanco o de negro, con aura o con

cuernos;

aunque no sea Halloween.

 

Lleva las llaves del universo y se alimenta de agua,

tierra fuego y viento

 

Es la quintaesencia de los que esperan,

y al llegar lo tiran por el despeñadero.

Lo hacen ver como enagenado,

pero el sabio pretende que son normales

 

Estira su dedo al viento para poder ver,

abre su boca para dejar escapar sabandijas y

salamandras;

o con el corazón abierto se dedica a regalar flores y

pastelitos verdes.

Cuando la sangre hierve lanza bombas de fuego y

vómitos incandescentes de lava crítica.

 

Todo lo impregna y todo lo desaliña

todo lo “vuelve de cabeza” para armarlo con su plan

“B”

 

El profeta es incomprendido cuando no trae su

manual,

pero a la vez lo llaman cuando cantan o miran al

cielo.

 

El man sabe lo que hace.

 

 

 

Vives entre nieblas rotas, círculos negros que se agrandan

en cada pisada con el sonar de los charcos.

 

Escribes sobre la nebulosa amarilla símbolos de amor y melancolía.

 

Olvídate de tus vahídos y nostalgias, porque eres un viajero de los espacios vacíos

y tus raíces fueron alimento de buitres y tu partida el regocijo de hienas.

 

Quién no escupió su rabia con el dolor punzante del centro de las entrañas.

Quién no arrancó las páginas de la inocencia, maldiciendo la pulcritud de su alma

Al amor perdido le corresponde el letargo al otro lado del arco iris.

 

Se escuchan las carcajadas del astro plateado.

 

Apuñalaste por despecho la rosa que te llevó un día a la tierra del Edén.

Grabaste tu nombre en cada pétalo para que nadie se fijara en ella.

 

Antes, tus manos la cuidaron, la alabaron en aquella ermita del campo.

Tus lágrimas bañaron su botón hermoso,

tus besos le dieron la bienvenida al templo detras de la colina.

Esperabas que sus raíces también echasen a crecer.

 

Dos semillas soberanas.

Sueños de catedral.

Las campanas se escucharon a lo lejos

y luego no se movieron más.

El ojo de sangre inquieto,

quedó fijo en la hora de las sombras

La soledad antes necesaria,

se convirtió en una sensación profana

que no puede pintarse otra vez de burbujas.

No hay donde esconderte,

sólo un viaje eterno que garantiza botas nuevas.

 

 

Confidencias

 

Soy el mismo de antes...

pero no me di cuenta hasta ahora.

 

Pasaron los años, las líneas del disco, los surcos de mi rostro, los iris dormidos.

Soy el mismo atrapado en un pedestal de libélulas y serpientes y

mi boca no puede abrir tu secreto ni el mío

 

Aprisionados se mantienen como la lava del volcán

que se infla a punto de reventar,

como los sesos que explotan al tiro de una bala.

A punto de revelarse están los diamantes caprichosos,

como un cantar glorioso de tus senos aprisionados.

 

La muerte vertical y la horizontal se juntan en el equinoccio de tu sonrisa pálida y fría.

Los caracoles de nuestros sueños se envuelven y ablandan la manta blanca de la corriente.

 

Respira profundo y analiza tu ensueño

respira hondo y deja que la sustancia toque fondo,

y de pronto te estrellas contra la pared, un collage fisiológico en la pared.

 

Hincar, hincar y machacar hasta que la boca

no sea mas que un póster en el suelo pisoteado,

un papelucho más, un precedente más, un quemado más.

 

Al final del tercer día, se levanta aquella boca

y muestra sus heridas ante el público respetable 

como un caracol avinagrado

 

Naturaleza muerta

 

Tocan mis dedos llagas que no quieren sangrar.

El sonido de flautas adormecidas traen noticias de carne muerta,

se esparce entre las paredes el dolor de las lágrimas del mar,

la voz de la sirena ya no canta ni arrulla.

 

Está prohibido llorar dice el catálogo,

el tirano con dientes de cierra domina la región y

resulta imposible dirigir la mirada al vacío

porque aquel mágico lugar ni siquiera existe.

 

No tengas miedo de pedirle minutos a tus parpados.

 

“Un gran descanso se aproxima,” anunciaban los mensajeros

y nunca supiste que ya se fue porque quedaste sordo después de la batalla de los cuarenta años.

 

Nunca lo viste porque la tormenta de arena te encegueció y las langostas se comieron tus ojos.

 

La sirena ya no canta ni arrulla: obtendrás lo que mereces por lo que haces.

Aunque no quieras morir, ya estás muerto, ya no te sientes,

tu tacto se esfumó cuando golpeaste al marañón verde.

 

¿Adónde piensas llegar?

¿Cómo te atreves siquiera a escribir si no oyes ni ves ni sientes?

 

Pellejo de cigarrillo, voz de carne muerta,

uñas de espinas y olor a orín, tu cuerpo es un vaso quebrado,

tus labios pispados ya no pronuncian.

Sólo balbucean entumecidos los días gloriosos de marzo.

 

Caverna helada que guarda perlas pálidas,

me apetece bailar en círculos alrededor de tu cuerpo;

pero mis movimientos son torpes y la danza aborrece mi sonido extenso.

 

Sigues ahí tendido en pedazos mientras la catedral de piedra sucumbe.

Una por una caen sus columnas y

los leones no tienen adónde cantar sus himnos de grandeza.

 

La sirena ya no canta ni arrulla:

¿Dónde te puedo encontrar?

Unos dicen que te salieron piernas y te encuentras en París

buscando una luz que se apagó hace miles de años;

sólo una flor desafiante, sólo un “Michelle” para la posteridad.

 

Pero te escondes.

No estás en la parada del autobús ni colgada del minutero del Big Ben.

 

¿En quién piensas cuando se caen las torres?

¿En quién crees cuando tu hermano te muestra la daga?

 

En el juego del alma se jugaron las últimas cartas.

Unas están sepultadas en el centro de la tierra con llave

y con combinación secreta.

Otras, fueron quemadas por los niños de pañalón y corbata.

 

Tantas pieles pasaron miles de veces y en nuestras casas quemamos vida

o el botón mágico nos bombea aire caliente de primera.

No vales nada con tus pieles ni tus trofeos.

 

La sirena se esconde y no me canta ya:

Recuérdame como en aquellas tardes cuando nos reconocíamos y

el mar era una excusa que bendijo nuestra entrega.

Recuérdame con el sol que antes besaba calurosamente tu nueva piel.

 

Olvídame como la última vez que me viste en la orilla pesada,

una fresa cálida en mi boca y un cristal salado en mis mejillas.

 

Olvídame como un recuerdo pretendido detrás de tus oidos.

 

Para cuando el mar regrese y el marañón vuelva a nutrir

y el horizonte esté plagado de mantas verdes y marrones,

un beso suyo como el que te dio en los años del talismán

te recogerá de entre la tierra y serás otra vez un semi dios.

 

 

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