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Mara Fernanda Ceballos Calvache
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
mariafer121@gmail.com
Biografia

Nace hace 34 años, un sábado 1 de Julio en la ciudad de Cali, Valle. Siendo muy pequeña siente fascinación por la literatura, los libros, las palabras inventadas, los cuentos, las historias y la imaginación la cual alimentarían en edad adulta sus escritos. Expresa que a sus cuatro años leyó de memoria un cuento de García Márquez titulado “Un señor muy viejo con las alas muy enormes”, el cual inquietó su capacidad para la literatura y la escritura. Su ímpetu en la poesía despertó con el trajinar de los años, los cuales le han servido para investigar y fortalecer el ejercicio de escritura. Siendo adolescente sus primeros escritos lograron cautivar a propios y cercanos, quienes la motivaron a hacer hincapié en esta labor y forjar su futuro como escritora. Autores como José Asunción Silva, Neruda y Nervo se constituyeron en pilar para sus primeros escritos. Ya después Borges, Paz, Benedetti, Sabines, Lorca, Mistral y Belli; orientaron el destino de sus letras y ayudaron para una escritura mucho más profunda y sensata acerca de su sentir y el verso.

Socióloga de profesión y poeta de corazón; escribe acerca del amor, el desamor, los sentimientos y las realidades políticas y sociales de su ciudad y país. De igual modo gusta de la crítica política y el activismo social. Ha estado inmersa en organizaciones y movimientos sociales de base así como en causas por la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Actualmente espera publicar una obra con recopilación de sus poemas y participa de la Antología Poética “Amores Urbanos” con Mango Biche Ediciones, la cual fue publicada en su ciudad natal el mes de Agosto del año 2011. Hace parte del Colectivo Trébol de Cuatro Hojas con el cual publicará una colección de poesía y participa de la Comunidad del Megáfono Cali, escenario a través del cual se promueve y propicia la lectura de poesía con megáfono en espacios públicos.

Ha participado en varios recitales en las ciudades de Cali, Bogotá y Popayán, a los cuales ha sido invitada y como organizadora, con poetas y escritores de la región y el país. Su poesía se declara como “existencialista y melancólica”, con versos y cortas rimas que “en la rítmica de las palabras buscan generar sentimientos agudos en quienes los leen o escuchan. En realidad trato de expresar en renglones de una manera algo organizada mi pensamiento y sentimiento, acerca de una realidad que desborda la actualidad o que es una constante en el día a día”. Su poesía tuvo la fortuna de ser leída por la poeta ya fallecida María Mercedes Carranza antes quien le expresó “Cuando reúna un número de poemas que considere acabados y susceptibles de conformar una unidad, me gustaría leerlos. La paciencia es hermosura, decía Cernuda”. 2

 

OBRAS:

NO – ME – ESPERE

No-me-espere.

Dígame que se fué por impaciente.

Que la banca del parque estaba fría

y que había mucha gente.

Que se le hacía pernicioso estar sentado

con la mirada ausente.

No-me-espere.

Váyase como si de pronto

se hubiera acordado de algo,

como si detrás de un olvido

se fueran corriendo sus labios,

su cuerpo, su todo,

su abrazo.

No-me-espere.

La prisa con la que camina

me causa vértigo y no puedo alcanzarlo,

así yo quisiera usted es cada vez más lejano

y mi paso se hace quedo,

y mi andar está cansado.

No-me-espere.

Sólo salga, cual si no hubiera entrado.

Despacio y sin ruido

váyase sin ser escuchado,

lo único que le pido es un testigo

para después poder buscarlo.

EL NAVÍO.

Trae tu amor, una pesada cadena

un navío tripulado

por diez mil almas en pena.

Fantasmas de tu alma

que desolaron tus proas lisonjeras

y que soltaron tu ancla

en un terreno estéril, en ciénaga. 3

 

NIÑA.

Yo recuerdo cuando eras niña.

Vientre azul, violáceo.

Las celestinas piernas desnudas

y el olor a alquitrán en los zapatos.

Enmudecía tu aliento aún dormida,

y un suave pronunciamiento se decía entre tus labios

en el silencio que se esparcía como periplo

cada vez que la luz entraba a tu abrazo.

Tus pasos danzaban en el piso

con un fino sigilo, sin ser escuchados.

Diáfanas calzadas sin sonido

ninfeáceas azucenas, equipaje liviano.

Los pequeños dedos cual puñitos,

eran cándidos espejos, sin ultraje

las baletas cual potrillos

corrían junto a tus pies para desbocarse.

Yo recuerdo cuando eras niña.

Rápido vapor se filtraba aún entre tu tráquea.

Menos lóbrego, más prístino

como el alba que se encendía,

y había un sol que era un tatuaje.

La falda sin arruga, el vestido.

La enagua y el encaje.

La balaca y la diadema, el flequillo;

la figura del crisol en el estanque.

Lo recuerdo todo, ¡el castillo!.

La rotonda en la tarde, el paisaje.

La casa en el árbol, el pestillo.

La naftalina y el olor de ayer

que es sólo hoy un viraje.

 

 

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