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Sergio Borao Llop
Nacionalidad:
España
E-mail:
sbllop@gmail.com
Biografia

Sergio  Borao Llop
Nacido en Mallén, [Zaragoza - España] el 25 de diciembre de 1960. Reside en la ciudad de Zaragoza desde 1964. Ha desempeñado los oficios de impresor, encuadernador, entrenador de baloncesto y también colaborador en diferentes publicaciones de ámbito local y nacional, así como coordinador de contenidos en un portal de internet. Gestiona un blog literario con textos de diferentes autores y enlaces a biografías, narraciones, etc. que puede consultarse en http://al-andar.blogspot.com/
Fue finalista en los certámenes de Poesía y Relatos 'Ciudad de Zaragoza 1990'. 
Ha publicado:
Las carreteras, cuento. Incluido en el libro Relatos Zaragoza 1990 y en la revista Nitecuento, nº 23.
Feria, cuento. En la revista Nitecuento, nº 13 y en el libro 'Los mejores relatos 2001' editado por Nitecuento.
La estrecha senda inexcusable, poemas. En el libro Poemas Zaragoza 1990.
Paisaje sin Batalla, cuento. En la revista Nitecuento, nº 16.
Espíritu de la Plaza, cuento. En el libro Callejón de Palabras [tercer proyecto Mizares]
Antología poética. En Poemas Quietos [tercer proyecto Mizares]
Nómadas. Poemas en la revista RAMPA [Colombia]
Dos poemas en la revista Imán.
Un poema en revista Alhucema.
Colaborador habitual de La Tertulia en Mizar, Misioletras, Inventiva social y el suplemento literario del diario Crónica, de Comodoro Rivadavia, en Chubut, Argentina.
Poemas suyos han sido leídos en el programa radiofónico 'Rincón literario: Tus poemas por las ondas' así como en 'Ruido de Magia' de Radio G. Argentina.

Ha recogido la mayor parte de sus cuentos en dos libros 
El Alba sin espejos y Reflejos, Intrusiones, Imposturas,
aún inéditos, y su poesía en el volumen La estrecha senda inexcusable, compuesto por los poemarios La estrecha senda inexcusable, El rostro prohibido, Metropolicromía, Itinerarios hacia ti, El horizonte traicionado, Viñetas y recuerdos, Despertar en el zaguán, Extrañamientos y rescates, Destierro, Mariela y Por si mañana no amanece.
Desde su página personal en: http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm puede accederse a la casi totalidad de sus colaboraciones en diferentes medios de internet, desde revistas virtuales como EOM, Elfos, Letralia, Oxigen, Cayo Mecenas, El interpretador, Diario Crónica, Almiar, Caminos de Pakistán o RAMPA hasta los boletines Misioletras, Inventiva social y La Tertulia en Mizar. También incluido en diferentes páginas web como Poesi.as, El Gato de Hank, Palavreiros, Proyecto Patrimonio, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Cisne Negro, La Biblioteca de Bizién, El viejo faro, Literatuya, Poesía Salvaje o Nausicaa, así como en algunas antologías en contra de la guerra.

 

MATAR UN UNICORNIO

Matar un unicornio
a sangre fría.
Contemplar impasiblemente su agonía.
Oler el poso amargo de su sangre.
Esparcir sus cenizas
en la nada...

Matar un unicornio con mentiras,
clavar en su costado la daga traicionera
del recuerdo inasible.
Condenarlo
a errar por las estepas del olvido.

[En otro tiempo, en otros mundos,
la vida del unicornio fue sagrada;
pero en este siglo nacido entre tinieblas,
en esta tierra quemada por el odio,
el censo de unicornios disminuye
cada día
cada hora
y el ojo indiferente de los dioses
apenas certifica la matanza
con el pasivo gesto del frío funcionario.]

Ved, ved que tras las sonrisas apostados
esperan a su víctima los fieros,
los inconmovibles mercenarios,
los heraldos de la última tiniebla.

Matar un unicornio es condenar al mundo,
negar el canto azul de los jilgueros
y emponzoñar el alma errante de la noche.
Arrojar la cordura a la pira funeraria,
abolir las palabras que un día pronunciamos.

Matar un unicornio es el destierro;
cerrar de un manotazo el libro de la vida,
abandonar sin remisión la última esperanza.

Matar un unicornio
es verter la ignominia sobre el alba.



HUÉSPED DE LAS SOMBRAS

Ese fue el día en que las fuentes manaron hiel.
La luna, ese crepúsculo, nació sin rostro;
bandadas de palomas negras se cernían
sobre todas las esperanzas de los vivos.
Todo el Otoño lloró aquella mañana.

De nuevo sumergido en las tinieblas
me encontré.
Un arcángel de sangre
vino a sobrevolarme,
negándome la dicha,
oscureciéndome.

Como un derrumbamiento, las bocas se cerraron.

Se agigantó la noche, eternizándose.
Todas las aves cedieron en su canto.
Los ángeles, sin luz, agonizaban.
Una ardilla fugaz tradujo las señales:
no existía respuesta.
Los hediondos
sicarios del infierno voceaban
sus consignas de fuego ininflamado.

Eones transcurrieron, sin memoria.
El vacío creció, ardió la fe en los pábilos.
Todo iba convergiendo hacia la nada.

Mas de repente callaron los demonios.
Desde lejos
una voz desenterró la espada de mi pecho,
una lágrima empapó la sal de mis heridas
y el mundo todo floreció como una enredadera.



ALBAIDA

Recuerdos de una ciudad en la que nunca estuve.
Sus casas blancas, de paredes blancas
como blancos fantasmas condenados
a la inmovilidad de las esquinas.
Sus calles grises, de asfalto o de ceniza,
espejo acaso de mis propios gestos.

Una plaza vacía, unos bancos de piedra,
una campana muda presidiendo la escena.
Bajo el sol no anda nadie.
Tal vez cuando anochezca cobre vida
esta ciudad que habita mis recuerdos.

Recuerdos de una ciudad en la que nunca estuve.
Escenas que en algún lugar o tiempo
están, lo sé, esperando mi regreso.


 

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