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Armiris V. Trujillo Alvarez
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
armiristrujillo@hotmail.com
Biografia

Armiris V. Trujillo Alvarez:  Nacido en Valdivia, Chile. Hace 18 años escribiendo de alma para las almas, plasmando en hojas benditas lo que del interno fluye; entregando un poema, un mensaje, una reflexión.

Con trabajos en cuatro antologías en Buenos Aires, Argentina, y en otras cuatro en Chile, una de ellas con distribución internacional como es “Un canto de amor, Mil Poemas a Pablo Neruda”. (Isla Negra – 2011) 

 

“   Caminos del alma   ”

 

El silencio de sus labios,

su mirada sin búsqueda

y su mente, ánfora vacía,

me decía que su forma,

bella flor que un día fue,

avanzaba en el tiempo sin tiempo

alimentando recuerdos

…tan sólo recuerdos.

Intentaba despertar a esa niña,

a esa mujer, a ese ángel

que enamoró mi alma,

que iluminó mis sueños,

…quien me hizo creer en la vida.

Mas, ella, estaba pero no estaba;

miraba sin distinguir,

caminaba en el vacío del cosmos

…hablaba, muda, con el mundo.

Tomé su mano helada, sin venas, sin latidos.

Tomé su pelo, marchito, caído.

Besé sus labios recordando aquel cuento principesco…

No despertaba, no respondía

…estaba pero no estaba.

Apelé, entonces, a mi interno,

a mi alma sabia, y me habló:

 

Ella fue, es y será;

a escogido siempre sus vidas,

como tú, queriéndola despertar.

Deja que cumpla su camino

como tu alma escogió el tuyo.

 

…y el Amor hizo el milagro:

Reflexioné, pensé, sentí…

dejando que el destino, con sus maravillosos hilos,

teja en el telar de los reencuentros.

 

 

“   Las piedrecillas del lago   ”

 

El lago estaba calmo, apacible,

como un plateado espejo que invitaba a sumergirse en el.

¿Qué me hacía entonces verlo oscuro, enrarecido,

con un pequeño oleaje salpicado?

Ahí estaba mi mente, mi personalidad

dando vueltas y vueltas a qué o a quién echarle la culpa,

según yo, de la tristeza del lago.

En ese instante apareció a mi lado una joven, hermosa,

a cuyo cuerpo la envolvía un alo de luz violeta

…y arrojaba piedrecillas al agua siguiéndolas con su mirada

hasta que se perdían en la caída hacia su lecho.

Después de apreciar por un rato su alegre pasatiempo

le pregunté intrigado:

¿Cuál es la idea de tirar piedras al lago

si es sabido que se hundirán …joven?

¡Como usted crea su mundo, yo creo el mío, Señor!

...(contestó la bella mujer)

“Al arrojar las piedrecillas y ver como se hunden y desaparecen en el agua convencida me siento de que estoy arrojando mis trabas,

mis dudas, mi egoísmo, mi negatividad, mis egos

…en la certeza de que aquí en la Tierra estamos para crecer,

para vivir experiencias que vayan enriqueciendo nuestra alma;

y las que no producen aquello hay que irlas desechando”

“Es lo que estoy haciendo aquí en este instante,

liberando mi peso, mi mochila, mi personalidad”.

“Sé que el lago está tranquilo como también sé que falta

que te sumerjas en tu interno para que encuentres allí

que es lo que te tiene agobiado,  pesimista, cegado”.

“Todo está en uno mismo, mas, si lo descubres sácalo

y arrójalo amorosamente al lago”.

Tan pronto como la oí pronunciar estas últimas palabras

así de rápido vi desaparecer a aquella joven

que le dio un vuelco a mi presente, a mi futuro,

y despertó mis áreas dormidas

descubriendo el valor divino de la vida.

¡ Todo está en uno mismo!

 

 

“   La luz que aclara todo destino   ”

 

Un día cualquiera,

de esos que menos se espera,

apareció ese ángel, esa musa,

ese amor de adolescencia, de juventud.

Años pasaron de aquellos tiempos

guardados en la nebulosa de los recuerdos,

mas, la tenía ahí enfrente vestida de mujer,

de reina, de diosa.

Sus ojos hablaban; su sonrisa invitaba.

Sus labios, rojo pasión, destellaban vida, juventud, amor.

Mi mente hurgaba preguntas y respuestas…

Mi alma padecía, ¡lo juro!

… mi sangre corría alocada

y mi cuerpo temblaba sin control, aturdido.

 

“Te esperé…  (me dijo)

me adelanté en el sendero plasmando mis huellas,

mas, tus creaciones terrenas: dudas, miedos, torbellinos,

levantaron ese polvillo que cubrió mis pasos

dejándote a la deriva por otros caminos”.

 

Aún extático exclamé: ¡Verdad!

…esas nubes de inseguridad,

de cuestionamientos humanos de un mañana feliz,

de un “ahora” perfecto, oscurecieron tus pisadas, allí, dejadas,

no escuchando el susurro de mi alma

que ante mil tormentas o ventiscas que cubran, incluso, el camino,

ella es la sabia, la guía,  la luz que aclara todo destino.

 

…y nuestros manos, nuestros cuerpos, nuestros corazones,

se entrelazaron esta vez para siempre.


 

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