s
s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Lucio Albirosa
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
gritosdepoemas@gmail.com
Biografia

LUCIO ALBIROSA

Nació el 28 de Abril de 1982 argentino. Poeta y escritor del proletariado, estudiante de letras la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO. Libros: "El vuelo del régulo" (2008), "¿Poemas informales?" (Difusión poética, 2011), "Versos ventrílocuos" (inédito), "Poemas de un Tren de olvido" (compilado poético) , "Cartas para Bárbara" (inédito) y “Gritos de las injusticias” (inédito). Ha editado infinitos poemas sueltos, cuentos y columnas de opinión, en distintos medios nacionales y latinoamericanos. No se le conoce otra biografía que su propia expresión escrita.

 

REQUIEM DEL NIÑO DE LA CALLE

 

Ha quedado dormido el niño vagabundo

sobre la calle de la indigencia,

aferrado a un colchón nauseabundo

y tapado con mantas de indiferencia.

 

Se persignó al acostarse y rogó

a algún Dios por su bienestar

y otros como él. Los ojitos cerró 
disponiéndose al sueño encontrar...

 

Lo encontró, lo atrapó con manito sucia 
para guardarlo en su latita de pomada,

soltarlo no quería. Era su avaricia

retoño inocente de aquella madrugada.

 

¡Quien pudiese imaginar tanta alegría!

entre cartones hallaba monedas

recibía de pago amor en la flor vendida

exhaló brisa paterna redundando su vereda.

 

Sus diarios transmitían buenas nuevas,

resaltadas, en la portada de cada día

los ricos condecoraban con propinas

su bolsillo vuelto cofre de algarabía.

 

Halló una mesa digna, tendida y repleta

de pan para saciar a toda su familia

notó de alguien la preocupación expuesta

para su bienestar y así de nadie sentir envidia.

 

El brillo de un nuevo calzado abrigó sus pies 
desde su carita triste nacía una sonrisa

ya no recibía limosna. Regalaba su mies

a los pobres habitantes de la cornisa...

 

Buscó en la fría noche, entre sueños e ilusión,
ganar vida dichosa en flor, diario y cartón.

Al soñar cuanto pretendía olvidó todo dolor,

cuando la Parca hecha neblina ganó su corazón.

 

Letra: Lucio Albirosa

 

 

 

VENGAN Y MIREN.

 

Ahí están, ahí están

esos pobres pequeños

construyendo sueños

al aspirar poxirán.

 

Ellos son, ellos son

solo niños marginados,

por muchos ignorados

sin preocupación.

 

Ellos piden, ellos piden

en la calle una moneda,

su esperanza se queda

en la nada que reciben.

 

Ellos dan, ellos dan

su espalda a la alegría

bajo un techo de ironía

donde se refugiarán.

 

Ellos tienen, ellos tienen

tanta hambre, tanto frío.

Sus noches son negro rocío

de ayudas que no vienen.

 

Ellos quieren, ellos quieren

un cambio a la perra vida,

la sociedad los olvida

entre sombras que mueren.

 

Cual será, cual será

el futuro de estos chicos,

serán asuntos políticos

o un amparo que no llegará…

 

Niño calle, calle niño

aquí está la mesa tendida

con platos llenos de comida

y una mano tierna de cariño.

 

Lucio Albirosa

 

 

Ángel de las calles

 

El olvidado,

el profeta de una biblia deshojada,

el que no conoce de llanto

pero llora en todos sus adentros,

el revolcado en malparida suerte,

la borra ácida del estrato social,

el despojado de todo

e ignorado por todos

los que celebran su gracia…

 

El acariciado por lluvias de la inequidad,

el de gastado ropaje,

el desposeído del cariño humano,

el del buen gesto cotidiano

al que le degüellan las esperanzas

entre geografías de ausencias,

en la misma nada

y sin embargo cruza el charco,

atraviesa las fronteras del abrazo

para atrapar la simpleza de lo humano,

alimentando así un poco a su alma…

 

Ángel de las calles,

del pavimento que duele,

aquel olvidado por los pintores,

el que hemos visto casi todos,

el que no tiene alas…

 

El hombre alado,

el rico en sonrisas

que comulga alegrías

mientras nos golpea su mirada…

 

El pájaro de las ausencias
que silbando se anuncia
todas las mañanas,

el linyera, el vagabundo,

 el personaje popular
a quién el destino le asestó
la más fuerte cachetada...

Ayer apenas lo vi
regalando caramelos
a unos niños en la plaza,
como repartiéndose en brazos
como una semilla de conciencia
de la tanta que nos falta...

Y comprendí nuevamente,
clarifiqué ciertamente que;
a veces,
los ninguneados son ángeles
y los demás:
una absoluta hipocresía
que no se define con palabras.

 

Lucio Albirosa

(poeta y escritor)

 

 

 

 

NIÑOS DEL OLVIDO

 

Miro atrás observando presentes

Allá, mis calles añejas y furtivas, tiempo

fútil, deshabitado paisaje, barro pisado,

arena sin mar o áspera soledad.

Aquí, edificios, andamios creciendo, cornisas,

otros desnudos sin armadura. Pequeños

infancia expandida en lo real, oscuridad…

 

Ayer, caminé a corazón cargado de olvidos,

años, látigos crudos de la desigualdad

criatura, inocente cordero entre lobos y ausencia,

por sobre atónitas estrellas sin brillo, caos;

milagro de luna extraviada, a merced de la daga,

gorrioncito sin alas, miembro activo del dolor

alcanzado por golpes sombríos. Inequidad.

 

Lo fui. Aún en tantos lo vuelvo a ser;

un abecedario solo, mudo, ceniza sin voz,

niño, niños, niñez cruel o amor perdido

sin siquiera la injusta sobra, sin espigas ni pan.

Modelitos, letras escribiendo historia marchita,

páginas negras lastimadas por centavos,

deditos desazonados: mito de huerfandad

 

Buscan todavía su nombre, su mapa sin registro

entre sus ropas, en institutos de desdicha

caen al abismo sin relojes del día a día,

huyen al rayo de la muerte y en la esquina;

sobre el cemento duro, sol de existencias,

son figurada apariencia, baldosa y veredas

anudando el estropicio que los desestima

 

Un estribillo de tanta hambre en las viseras

les resta pájaros a sus sueños, al amor todo

sin idioma extraviado en sus ojos. Puta suerte:

sociedad, sucias almas, feudos, herejes, vil destino;

del que fui, del que aún soy en ellos. Ahora

florcitas en pena, pimpollos sin riego, en sociego

jardín, en rumbo latente del sincamino…

 

Balas perdidas en mundo amargo, lágrima por caer,

detonada pólvora de tantos cargos falaces y poder;

plomo certero, despojos, la suerte los abandona.

No los bendice ni dios ni salmos ni santos,

educados solamente por un peso de cruz de carga,

por espinas lastimeras e intemperies. Pies descalzos,

duendecitos que duelen sonriendo al quebranto…

 

Ellos deambulan entre la ingenuidad del hombre;

aquel que aleja de sus carnes los juguetes, su luz,

una merienda dulzura, total ternura. Brevedad

Suciedad socializada, sucursal atroz del absurdo

con cúmulos infinitos de caritas sucias

y latidos privados de caricias y caridad:

resultado y oráculo divino sombrío. Humanidad

 

Criaturitas durmiendo bajo un techo de cielo,

sueñan un alfabeto sin escuelas ni campanas

y un posible timón, un oleaje de tiernas manos.

Gritan, pero la realidad no huye a sus días

diluidos en gris smog del viento, llanto

tapado con incipiente progreso standar

e indiferencia hostil de los ciudadanos.

 

En el epicentro, con sangre disuelta por las avenidas,

en la misma prole de palacios y grandes señores,

ellos alquilan al frio una fogata de cariño.

Pronóstico padecido sin ninguna culpa. A honra

de pertenencia o sujeto fijo sin territorio,

eslabones débiles, vertiente muda, fruto

sin raíces, porción vulnerada, solo niño.

 

Nunca un libro, un espacio adecuo, una ayuda…

Ellos no conocen mas derecho que la injusticia,

una lastima, una migaja, un nada y nada mas

Yo lo fui, ellos lo son, infinitos sin calcular;

criptones o polvo hiriente de una biografía

arraigada a lo mas burdo de fabulas olvidadas.

Niños de la calle, del tiempo. Cruel verdad…

 

Lucio Albirosa.

Poeta y escritor.

Mendoza-Argentina

 

 

ANGELES DE ESPALDA ROTA

Lucio Albirosa

Poeta y Escritor

 

Señor;                            

 los que caminan andamios,

 los que se mantienen sobre la cornisa,

 los que lloran en silencio,

los hambrientos de un abrazo, sueldo justo y pan,

 los de manos lastimadas, sin feriados;

 sésamos de frente marchita en alto,

 ninfas mudas sin orgullo:

 son espada sin filo,

 cortejo de lamentos,

 heraldos desazonados sin voz,

 oráculos sin suerte,

 carceleros de su propia pena,

 despojos de alegrias abrazados

 a una columna bordeando derrumbes...

 

 Señor;

 ellos caen y aun así, continúan su paso.

 Aun aquí, donde toda ruta al cielo

 es abismal distancia sin medida

 ellos van con la espalda rota, sin pausa.

 

Estos ángeles son posible olvido sin vuelo ni diadema.

 Estos ángeles no tienen alas

 son obreros de todos los días

 son trabajadores sin sustento dignificativo, Señor.

 

 Dales luz de plata,

 harina de dicha para que amasen.

 Ellos han oído de ti,

 te han llamado y no haz venido.

 Ellos no te han visto, Señor.

 

 Y aun así, sus labores son un rezo constante,

 una súplica infinita sin escuchar.

 Ellos, ellos son ángeles, Señor.

 Merecen misericordia.

 

 

CRONICA DE UN DIA COMUN.

Llegué huérfano desde lo umbilical y me atreví a cruzar la vereda de la infancia; Pájaro del espanto con sueños malgastados por tanta cerrazón de rumbos infinitos sin destino; analfabeto de cariño y sin lectura del mundo. Y me establecí entre los edificios y charcos. Allí, las mariposas tristes, acongojadas de frio; coroleaban un sueño despierto y azul de tripas vacías. Allí donde las espigas de progreso son trigal sin color ni sol y fanfarronean las desdichas del sin sueldo y el sin laburo.

Sobre los labios heridos del hambre crujen los pálpitos resecos de sinsabores, como si fuesen hojas del otoño que pasa sin volver. El porvenir crece entre los smoquings y los índices del absurdo se llenan de páginas de desocupados, mientras los perros cirujas de la noche celebran las buenas malas entre aullidos candentes; como trinar de horneros sin barro con que construir sus nidos. Los cartoneros son bohemios de penurias.

La mañanera neblina, la hora pico y su largada, enciende una bolsa y sus mercados. Van y vienen los tipos, se apresuran, se agolpan por subirse uno sobre el otro y así obtener más papel dibujado por la acuarela monetaria.

El progreso ya ha otorgado sus lúgubres turnos y no quedan cupos para el "negrerío" (término éste usado por los ricos para condecorar el altar de los pobres).

Un poco más alejado del centro, entre la esquina rota del progreso y una cortada diagonal de anhelos, aún duermen; un linyera, un niño solo y las golondrinas azotadas por la explotación ardiente del sudor.

Nadie observa el puente. Todos olvidan la orilla que divide la otra esfera y sus ríos de miseria. La pobreza crece junto a los grandes mercaderes y sus corbatas; ellos, tal ves lo saben, o no. Todos olvidan que sociedad, suciedad  y limpios de alma: son lo mismo en conformancia a la ceniza que regará los cementerios de esta prole.

Aquí, la justicia no se plasmó para con los arapos sucios de las changas. Los jornales sin pago exquisito del remunerativo justo, aplastan hormigas, techos y obreros lastimados. Los ajustan a cimientos dormidos sin ladrillos ni paredes por levantar.

Bajo el chaperio zinc y el frio sin cobijas, los cuchillos oxidados tienen fuego en el filo que aguarda dividir la justificada porción dichosa y dulce que aún se retarda, desde siempre.

Y ya es mediodía. Un amigo, "el busca", me invitó a almorzar. La olla familiar, su carga de caldo sin condimentos, es arrastrada hasta la mesa por caballos de plomo y estatuas. Las cucarachas burlescas se mezclan con el negro cartón de los rancheríos. En lo del "busca" no se sirve postre y los críos miran asombrados el rincón del "nos falta todo".

Arriba, allá donde hay muchas escaleras y alfombras y lustrados sillones de grandeza y poder; los poderosos se mastican uno a otro con blancos colmillos de estándar propicios y lujos. Sus ambiciones, traiciones y lealtades de avaricia; son múltiplos con resultados positivos varios, festejados al champaña.

Por donde vive "el busca", no hay vallas ni reglas, ni ley que ampare a los marginados, en la lucha contra las ratas ganando la puja por obtener las sobras tiradas en el basural, en ese montículo laberintero de equidad ausente. Y así, día tras día. Lucha sobre lucha: una nueva batalla sin cese ni laureles. Peones y reyes sobre un mismo tablero inestable, sobre una balanza sin justeza.

¡El pueblo está creciendo!- : dijo alguien mediante un altavoz. Y por sobre la espalda de la vida en dicha, o en flor, tras el cuadro feliz y falaz de lo hostil dichoso; común y social, por el paralelo rumbo del crecimiento avaro que nos mastica, justo en concordancia; pero al otro lado de la orilla: nacen, procrean y mueren cada vez más las flores sin pétalos y los humildes. En la claridad del cielo, una estrella canta la estrofa sin tiempo ni rima del pan ausente.

Hace poco tiempo hubo censo nacional y en el conteo general de personas, todos integramos un montón de millones habitantes, un mismo número cifrado. Todos, toditos, ellos; aquellos y los otros tantos, los que combaten enérgicamente día a día por un algo, aunque sea por un poquito más, somos todos iguales; porque el censo dejó claro que somos millones de una sola patria. Un solo pueblo respondiendo a una sola bandera -la que me gusta ver flamear altiva en todo mástil y ventana y en todos lados-. Todos hermanos ante ojos vítreos de un mismo dios, patriotas y mandatarios. Todos ciudadanos en el mismo protocolo de posibilidades.

Solo discrepan los techos, el domicilio, el menú cotidiano y algunas desvirtúdes y desventajas.

 (De: "El grito de las injusticias")

 

 

NATURAL

Moléculas carnales preñan el suelo:

 se dispersan en pelos y pieles,       

 bocas, pies, patas, rugidos y palabras.

 

Vientre fecundo, naturaleza.

 Cuerpos adormecidos en el lodo

 renacen en el cuero del yacaré,

 vívoras hambrientas en sociego desierto,

 en alguna parte, en todos lados

 paladean paladares sin pan los pichones.

 

 El vuelo cúspide del águila condecora

 con su sombra la cima de la montaña,

caen aves, paracaidismos sin picada.

 

 Peces nadando entre mares sin orilla,

 barcos, buques buscando tierra

 y olas bebidas de agua no dejan

 escamas en el remolino del vaso;

 sed, sedientos, beben lo imbebible, a veces.

 

 Panteras, tigres, leones esgrimiendo

 garras de subsistencia acechan presas

 para saciarse, no perecer:

 se mantienen estáticos, vivo.

 

 Todos subsisten, toman un bocado. Perduran.

 Andan, caminan, vuelan, nadan, se reproducen,

 duermen y despiertan en todo y cualquier lugar;

 aquí, allí, allá, por ahí;

 ciudad, monte, mar, desierto, selva.

 ¡En la tierra!

 

 Todo símil, aparentemente parecido;

fieras, feos, manos, monos tan humanos.

 Solitarios, persuadidos, atemorizados,

agrupados, en crecimiento, en extinción...

 

 Animales, hombres; seres vivos

 producto de la divina creación;

 tan hermanos, tan semejantes

 por naturaleza; respiran, exhalan,

 procrean, mueren...

 Tan uno mismo.

 

 

 

 

 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s
s