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Leonardo Miranda
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
Biografia

FUNCIÓN DE TARDE

Lo tenido no es más que un recuerdo:
todo arrancado,
todo nervioso,
el mundo hecho privado:
trémulo de sueños callados, y
esta intentona de ser feliz
cuando sonrío para una foto...
Todavía hay veces
en las que me arranco
un suspiro de lo que soy:
todo solo,
todo meditabundo
[y todo en este orden].
No tengo frío,
no tengo dudas [no tengo es un decir].
Yo no sé inventar la nada.

Lo triste es este mes de julio:
todo invierno,
todo borracho: decidido
a olvidarme de los sábados a las cinco
[y lo demás se deduce de esto].

Julio 13, 1999

BRISA DE HOMBRE MUERTO

Comienza a lloviznar.
Ya no tengo
lo que había querido.
Ahora extraño mi vida entera.
Ya no estoy bien, y
mi nostalgia se ha puesto gris.
[Pero tengo ganas: son ganas de ser No Sé].
Y sigue lloviznando.
Pero no quiero que pare,
quiero olvidármelo todo un rato más.

Yo tengo en el ser
una necesidad discreta de morir.
Pero nadie quiere saber:
hay vientos que se ven,
y nostalgias que se llaman amor,
y borrachos que hablan a solas
maravillas en la iglesia [Yo sí lo sé].
A veces ya no hay nadie en la calle,
y comienza a lloviznar:
y yo no quiero que pare, quiero mirar
[quiero entristecerme un rato más].

Julio 17, 1999

LA NECRÓPOLIS

El día ha declinado.
Aquí descansan
los restos mortales de amor
de quien en vida fue
El Poetastro de La Gran Tristeza
y su Alma de Rosas Decapitadas.

La noche en La Necrópolis
ha perfumado ya su hálito
con la inmensa pena de los ojos inflamados.
Las caídas hojas amarillentas
en los arroyos del rostro desairado,
van con el caudal débil de lágrimas turbias
a las exequias que en la playa...
de noche en la playa Dios puede llorar.

El sepulcro se nimba, y
tras la arboleda moribunda
la luna triste se enferma...
La Necrópolis siente el coral
de un treno que arrastra nostalgias,
y una plañidera todo lo llora,
y esos llantos vagan en los vientos,
y las sombras de los monumentos
caen en tam fúnebres momentos...
Alguien -es hombre- se pone a rezar algo,
alguien -es mujer- comienza a recordarlo todo y
alguien se va diciendo: \'Yo no puedo hacer nada\'.

Y otras mujeres.
Las mujeres tristes salen
por el enrejado gótico,
el oxidado del gran adiós.
Y pasa la tétrica brisa de los huesos
que al secado ven olvidado...

Y en casa, el malestar
ha encedido las bujías bermejas
del gran dolor... Y todo duele.
Las lúgubres efigies
han transmigrado al ente muerto,
donde tiesas las manos
escriben la nada oscura...
Las entrañas de la noche por aquí en un alma,
gimen lamentaciones y
tristes poesías que lloran los panteones.
Ayer,
Dios llorando
cavó la herida oscura
en la La Necrópolis y
las negras olas azuladas
de la playa en los ojos
hundieron el bajel de la pena,
y ahogaron al ánima con todo el amor...
Ahora las musas inspiran
la canción de la nostalgia a la vida
en los labios del viento frío,
con el alma del hombre
que nunca quiso ser hombre, sino poeta...

Las horas oscuras han caído
en los lutos del rostro sombrío:
La Niña en la pupila
estrujó las manitas de La Madre
y los ojos se cierran y se derraman,
en otras palabras,
este invierno se pone mal, y llueve,
y el cabizbajo llorar del por qué
se para enfrente del epitafio
de quien enamorado fue
El Poestastro del Gran Amor
que está muerto
y su Alma de Rosas Decapitadas.
Flores marchitas de prostitutas,
amor que se ha ido
en la oscura violencia
de verse consumado,
las manos cruzadas,
las primaveras con alguien, un taxi a Lima,
y todas las cosas se acabaron
en la entrañas del desdén: Dios.
Y el día ha declinado.
Los recuerdos se han puesto a corretear
en la vista fija de las ganas de ser Dios.
Y el viento frío
se ha transformado en el alma triste
que ha cerrado el portón de La Necrópolis.
[Y está claro: la lluvia se cae de sus pechos, y
me parece que morir en Lima es seguir viviendo en Lima].

Agosto 29, 1999

biografia:
Leonardo Miranda


complejo.de.miranda@hotmail.com

 

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