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Gonzalo Ros Araneda
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
Biografia

Los hijos desaparecidos.

Prestos, del injusto, a censurar la felonía
de sus madres en sus nidos cobijaron
fuerte y generosa, la fe de su utopía
que los sicarios en sigilo silenciaron.

Con el alma orgullosa y altanera
le duele a ella el partir que la rebela
de los hijos y las hijas en la aurora
que nada, grave y contrita, la consuela.

Del cuchillo artero víctima propicia
mórbida tortura del ruin devastador,
que le negó a la niña de su madre la caricia
y le robó a sus hijas el bien de su candor.

Que le quitó al varón su sueño de solsticio,
de rebelde causa a transgresor del viento,
que le sumó a la muerte la vileza del suplicio
y a su madre, convenido secreto laberinto.

Al enlutar la pena y escribir su sino
terrible duda sacude el poderoso temple,
si lanzados al océano forzado destino
o al ventisquero sordo más temible.

A ti que te hirieron de pena un día,
nuestro es tu dolor de madre sola venerada,
de Chile entero es el pesar de tu agonía
en la frustrada mesa de tu amor servida.

Lecturas muertas.

Cautivo del aire enrarecido de la habitación,
que cerró mi abuela con la pena clavada en el pecho,
está aquel diario, fósil sobre la mesa verde;
empolvado, mutable. Envejecido de tanto reciclar humedades;
de tanta herrumbre y hongos invisibles,
esporas cautelares del ADN de mi abuelo.

Mientras, una mosca salida de la nada, pisa las letras vacías,
ignorante del hilo trágico que se descuelga del techo;
justo sobre el gol de Distéfano, cabeceando de palomita,
debajo de un agosto de mil novecientos y tantos ilegible.

La foto, que pudo ser de Zatopeck o Rocky Marciano,
porque el tiempo la redujo a dato nimio,
está llena de puntitos blancos sobre los negros antiguos,
como las imágenes ruidosas de los modernos soportes digitales;
y una película de polvo que ningún airecillo pudo remover,
pareció fijar a la mosca sobre el pliegue más alto;
y un chorro de luz, impensado, la selló contra el paisaje.

Hipnotizada, la mosca dibujó un brusco y parapléjico estertor,
abrazada en seguida por un ensueño plácido y eterno;
con el diario de mi abuelo, mudo, de tanto morir en su silencio.

La nave fantasma.

No ha llegado aún el navío
que ha tomado hora de prestado
con sus velas siguiendo a las aves,
anhelando un puerto de descanso.

Aunque de los paños depende el arribo
en el puente nadie ordena el destino;
a estribor la ola golpea la herrumbre
y en cubierta no hay turistas ni piratas.

Nave desierta de derrota y arenga,
sin héroes ni mártires
del casco sordo, en la cubierta
parece el miedo una virtud.

Hay ruidos de abandono,
brotes de oscuridad por doquier;
pero, ay, la nave alcanza el molo;
se escora y golpea el malecón
como cáscara de nuez podrida,
sin gusanos ni vigías.

biografia:
Gonzalo Ríos Araneda

Beneficiado con premiación de libro Centenario, Colección Museo Nacional de Bellas Artes por cuento sobre pintura de Roberto Matta [noviembre de 2010]. Ex Director de Programación, canal 11 de Televisión de la Universidad de Chile; guionista y redactor de textos publicitarios en la misma estación. Director revista de arte \\\'Galerías\\\', editorial Manquehue 1984-85. Autor de manual de uso televisivo titulado Continuidad, Visión Global de un Proceso Estético, con comentario de Rafael C. Sánchez, autor de Montaje Cinematográfico, Arte de movimiento. Mención en concurso de poesía poetas de Valparaíso 2007; administrador de página extinta escritores libres.ning.com. [entre febrero y julio de 2010]. Actualmente prepara biografía del maestro René Letelier Martner, ajedrecista chileno del siglo XX. Segunda Mención Nacional concurso El memorioso, Chiloé 2011.

gonzalorios051@gmail.com

 

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