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Marta Elena Daz Petenatti
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia

MI INOCENCIA

He perdido la inocencia ante tu instinto
que te llevó a sondear por mis caminos,
recorriendo sus recodos y sus ríos
y almorzando en mis manjares y mis vinos.

He perdido mi inocencia ante tus ansias,
imperantes de placeres conocidos,
que tomaron como tuyos mis anhelos
transformando en pasión, lo maldecido.

Te erigiste como el hombre dominante
en el juego de una vida que empezaba,
saboreando el placer del caminante.

Y te erguiste ante el sueño complacido
de lujurias, ansias locas y favores,
soberano de la angustia y lo venido.

Te maldigo pues entonces por mi vida,
por mi afán, por mi ilusión, por mi demencia,
pues lograste que hace mucho, mucho tiempo,
transformaras en angustias mi inocencia.

Marta Díaz Petenatti- 08-02-2010

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Te invito con un mate amiga mía
a tratar de olvidar nuestros dolores.
Que esta infusión dulzona compartida
ayude a amenguar nuestros temores.

La vida ha sido dura con nosotras,
no tuvimos instantes de alegrías,
recorrimos caminos muy sinuosos
y siempre fue frustrante la subida.

Nuestros soplos de vida fueron cortos,
el tiempo nos ganaba la partida
mojándonos los ojos en silencio
y tratando de impedirnos la huída.

Hoy volvimos al lugar exacto
donde un día aprendimos a vivirla,
acá están las raíces enterradas
y una planta que resiste bien erguida.

La tierra ha sido buena y fértil,
y el árbol enraizó enseguida,
los vientos lo embistieron brutalmente
mas nunca lograron su abatida.

Riamos entonces mi querida amiga,
no todo ha sido entrada y despedida.
Comencemos recogiendo de estos frutos
que nos regala el árbol de la vida.

Marta Díaz Petenatti
29-11-2009


¡AMIGA!

Ven amiga, siéntate a mi lado,
está lloviendo, y esta lluvia mansa
agrava mi tristeza,
me pone agobiada y melancólica,
me envenena el alma y los sentidos,
me vuelve vulnerable y apenada.

Ven amiga, ¿estás cómoda?
escúchame entonces
¡quiero contarte el dolor
tan grande que me embarga!
yo lo amaba, ¿sabías?,
con mi sangre, con mi cuerpo,
con mi alma.

El me enseñó a amarlo,
me fue dando lecciones
que de a poco
se fueron convirtiendo
en posesiones redomadas
¡y cada día lo amaba más amiga!

Verlo a él era ver al sol
Iluminando un amanecer en el mar,
o la luna brillando en su morada,
o a las mariposas
revoloteando sobre un charco,
jugando entre ellas con el agua.

Oírlo a él era sentir que el aire
abría mis pulmones,
que una corriente pujaba
entre mis venas,
que la sangre fluía más aprisa
y el corazón gozoso se exaltaba.

Sentirlo a él, amiga, era sentir
un gran fuego en mis entrañas,
era respirar entrecortado por el jadeo
que producía mis ansias,
era desearlo entre mis manos,
en mi cuerpo y en mi alma.

¡Yo lo amaba amiga!, él me enseñaba…
recorría conmigo callejones inmensos
de salidas airadas,
escalaba mis montañas sólo por el vértigo
que le producía llegar a la cumbre,
y cuando ahí llegaba… ¡ah, amiga!
¡cómo plantaba su bandera de llegada!
Porque yo era su posesión, era su causa,
era su alumna, era su esclava.

Y de pronto amiga, dejó de enseñarme,
de decirme nada, y mi corazón
otrora jovial y venturoso
¡no podía entenderme consternada!
y me fui apagando lentamente,
hasta quedar en lo que hoy ves,
¡desconsolada!

¿Que si quiero vivir decís amiga?
¡ya no me importa!
¿Que si quiero morir?
¡si ya estoy muerta!

Marta Díaz Petenatti-2009

BIOGRAFÍA:
Marta Elena Díaz Petenatti

Nací en Santa Fe, me he dedicado al Poder Judicial y a la Docencia, escribo desde pequeña, edité libros, soy feliz al escribir y al leer. He participado en varias antologías de distintas partes del mundo.

martaelenadiaz@hotmail.com

 

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