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Ruben Horacio Vedoya
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia

TAHATA

3
TAHATA


Tahata es el nombre de ella. Antes que nada, voy a decir, ella existe. Refiere la historia, un hombre alto, elegante y, barbado llega por primera vez a un peque�o pueblo y, all� cree hallar la mujer de sus sue�os. Alta rubia y, acaso casta. La mujer que secretamente buscaba.

4
Alarmados vecinos advirtieron, ella es dif�cil, solitaria y, misteriosa. A pesar de todo �l decidi� seducirla. Tahata no pudo evitarle. Todos los d�as se encontraban a la misma hora.
�l le ofreci� todo, pero Tahata dijo no una y, mil veces. Pasaron acaso siete noches. Otros aseveran que todo aconteci� en un mismo d�a. Nunca sabremos. Lo cierto es que Tahata consisti� pasar una noche solos y, juntos. Entonces ocurri� la revelaci�n. Tahata desnuda anhelante y, con miedo le dijo en guaran� :' Un antiguo maleficio me impide hacer el amor. Una peque�a tortuga tengo en mi cuerpo. Si me posees t� tambi�n ser�s su esclavo.'

5
T�mame en los brazos. B�same los senos. Succioname la espalda. C�meme las manos, pero no me poseas.'Despu�s de aquella noche, �l comprendi� con grave asombro que ya no ser�a el protegido de los Dioses. El tren de media noche los separ� para siempre.

6
Yo, que tengo debilidad por las joyas, antes de venir a esta reuni�n me coloqu� en el chaleco la cadena de oro, esa que va de costado a costado y, pude ver que los dos medallones de oro que siempre cuelgan de uno de los bolsillos, se encontraban misteriosamente soldados con la incre�ble forma de una tortuga.

7

SANTA ANA DE LOS GUACARAS

Santa Ana de los Guacaras es un mundo, extraviado en las calendas del tiempo. Entrar a Santa Ana es franquear una frontera. Quedan atr�s las ciudades imprevisibles y, las multitudes est�ticas en los escaparates absurdos de la nada.
Llegu� a sus dominios de soles rojos, en un noviembre cayendo vertical sobre las lagunas inm�viles y, brillantes. Cayendo a plomo, sobre las calles angostas de verde c�sped como r�os vegetales obstinadamente imposibles.
El tiempo demorado de los aleros y azoteas y esquinas nos hablan de otro mundo in sepulto. El de las degolladuras rituales, bajo el soplo inaudito de la muerte.
Nos hablan de antiguas troper�as, en el torbellino de furiosas novilladas. Y, vaquer�as ebrias y calientes en el v�rtigo omn�modo del celo.

8
Santa Ana de los Guacaras. ! Qu� oculto prodigio me descubre en tus confines vegetales.! En la agreste soledad
de las aguadas innumeras, bajo los reba�os ardientes de las siestas. Junto a las muchachas castas que maduran en el minuto un�nime del gozo.!

9
� Qu� secreto encantamiento me lleva por los m�ltiples caminos del sol ! Hacia el desbocado coraz�n de esta rep�blica virgen ind�mita y, po�tica.

10
� Sue�a tus grandes sue�os caminante !-caminante- Donde se extrav�an las majadas de la alegr�a.! � Que estalle la rosa m�ltiple de la risa�. � En las ma�anas inminente de lo posible � All� en ese mundo limpio. Lejos de la adulaci�n y, el g�rrullo.! M�s all� del �nfasis. Del asco y, la tragedia.-

11

MARIA ALICIA

En Montecristo [o en Villasola] refiere la historia, a mediados del siglo XVII , un hombre se desplazaba en una lujosa Victoria tirado por nerviosos caballos. Al llegar al final del boulevard que daba al r�o -seg�n dijeron los testigos- una bella mujer rubia asciende al carruaje y, ambos parten con rumbo desconocido. Al amanecer en los suburbios del poblado, los vecinos del lugar encontraron el cabriol� desbarrancado todav�a humeante.
Algunos de ellos crey� o�r hacia la media noche el crujir de las ruedas del carruaje, cay�ndose a la quebrada. M�s una sonora carcajada de mujer baj�ndose a la playa y perdi�ndose en el r�o. A lo lejos una luna llena, con un halo amarillo- como de pus-hac�a presagiar 'malos augurios.'

12
Algunas monedas de oro y, un alfiler de corbata con peque�os brillantes estaban en el suelo al lado del hombre muerto. Unicamente faltaba el bast�n con mango de plata que siempre ten�a a mano.
La Junta de Sabios, estaba convencido que una diab�lica historia volv�a a repetirse ' la ni�a de cabellos color oro, hab�a cobrado una nueva v�ctima.' Ella mataba a sus amantes, as� no envejecer�a por los siglos de los siglos, manteni�ndose joven y hermosa.'

13
Pocos d�as despu�s todos -acaso por miedo- olvidaron lo sucedido.

14
Ayer cuando las campanas de Capilla Vieja llamaba a la oraci�n, lleg� hasta mi puerta una viejecita toda vestida de negro, 'Este bast�n con mango de plata es suyo ' -me dijo en guaran�.� Ten�a mis mismas iniciales!
Al levantar el manto que le cubr�a el rostro, pude ver una cara de mujer incre�blemente joven, leve sonrisa adolescente y, largos cabellos color oro.

15

A�n no s� porque dije �Alicia! �Eres t� Maria Alicia! �Qu� edad tienes? 'No lo s� - respondi� -. Acaso quince o mil o diez millones de a�os' Quiero que sepas -concluy�- Ahora ya no me interesa envejecer.' En ese mismo instante un remolino de fuerte viento lo elev�, desapareciendo en el acto.

16

S� que me ha mentido. Ella est� nuevamente al ataque. Lo que no imagino siquiera es el disfraz que utilizar� la pr�xima vez. Desde ahora en cada rubia que me sonr�e veo a Mar�a Alicia al acecho.
Camino seguro ya no me importa.-

17

SAN MIGUEL DE LAS PALMAS ALTAS.-

All� en el l�mite exacto de la soledad y, el silencio. Ubicado al margen de las ciudades populosas y, al borde mismo de los siglos me fue dado encontrar el pueblo de San Miguel, pret�rito gran puesto del departamento jesu�tico del Paran� al Norte.
All� pintada de palmeras de esmeraldas y, dormida en la prudente placidez de las aguadas.
San Miguel de las Palmas Altas, multiplicada imagen de esta rep�blica vegetal llamada Corrientes.
Con lagunas de azules cautivantes, esterales de un verdor casi irreal, acuchilladas de juncos y, de soles.-

18
V�vida y apacible en la inmediatez f�sica del Iber� con sus alucinadas criaturas fantasmales.
No hay en San Miguel los intrincados congestionamiento de tr�nsito, los sofisticados mercados de la diversi�n ni
las altas chimeneas de las industrias. Tampoco el hacinamiento asfixiante de las grandes ciudades.
Simple es la aventura de desandar sus calles de arenas rojas recinto de un verano apresurado de soles, donde bosteza
la siesta en jardines, de torcazas y, gorriones, jazmines y, helechos.

19
Los lugares comunes, habitados por personajes pintorescos. Gente sencilla y solidaria, la del saludo generoso.
Es la gente simple. La bella gente, la del coraz�n abierto. Por los caminos cotidianos de lo verdadero, serenas pasan las horas, como pasan las cosas conocidas con una mansedumbre casi dom�stica.
Y en los d�as claros, transparentes, traspasados de quietud, las ni�as n�biles ruborizan las castas mejillas frutales de las tardes.-

20-

La tranquilidad y la placidez es una religi�n que nadie osar� profanar. �Que llevar� el caminante -pregunto- a la hora de la usura del retorno.?
� Un r�o ? S�. Un r�o nuevo. Un r�o existencial de lunas inmateriales. La paz. Que deviene, la totalidad del instante.
El tiempo �ntimo renovado. Y, un esp�ritu nuevo sediento de absoluto, que hacen grandes y, libres a los hombres -un poco Dioses - por encima de las mediocridades y miserias humanas.

21

TARDE TOMADA

Volvi�.
Volvi� a esa hora. S�. A la misma hora que hab�a partido de un tiempo ya crucificado.A la misma hora en que la tarde llora su propia muerte inexorable. A la misma hora en que el sol cae rojizo tangencial en sutil expresi�n de afecto, sobre los tejados grises, de las villas sin asfalto.

22

Volvi� para recorrer, para reandar sus perdidos pasos. Por las mismas calles oscuras, bajo la difusa luz de los recuerdos asustados por los f�sicos tigres de la infancia.
All� estaba con los recuerdos. Tan angustiosamente incompletos. Parec�a mirar a lo lejos cuando en realidad se miraba a s� mismo, hacia adentro. La mirada hacia lo m�s profundo de la memoria, hacia los m�s ignorados abismos de su ser. All� s�lo. En una soledad casi total. S�lo en la desesperada multitud. En un hacinamiento angustiado, en una dimensi�n desconocida. La naturaleza se le vuelve amenazante y antropomorfa. El hombre alqu�mico. El hombre est�tico, lavado de s�.

23
All� todos! En un aturdimiento de rostros. Los mismos rostros queridos y olvidados. Flu�an en un devenir de r�o. Flu�an de todas partes. Los rostros invisibles. La mirada abstracta. El d�a, los calcos absurdos de la vida. Lo infernal en su eterno tr�nsito.� Desandar� sus pasos? Los exactos pasos que lo llevar�an por los puentes vencidos y rotos a los muelles vac�os!.Las gruas estar�an oxidadas y vac�as , como vac�a estaba su alma.? Los muelles! Los puentes vac�os de Dios y del tiempo y, el r�o que corre. El r�o inmensa mansedumbre existencial que ciegamente se desliza.

24

All� .Inmerso en las c�rceles rid�culas de su propio pensamiento. Con los ojos abiertos, desorbitados, in�tilmente abiertos de peces muertos. La mirada neutra y abstracta. Los gestos queridos y, olvidados , las voces olvidadas y confusas. El pensamiento que befa. La mediocridad acusadora y asesina. La mirada que acuchilla la tarde con su indiferencia total. La mueca que acribilla al sol. Las voces incoherencia y necedad. La adulaci�n est�ril y aburrida.
El garrullo y punto.-

25
All�. Los muelles, los repetidos moldes ad absurdum del hecho rutinario. La misma plaza desolada. La indiferencia total. El orden detenido en la decrepitud general. El orden detenido en la inmoral necedad. El pulso incoherente e in�til del continuar siendo. All� . Por encima de la conciencia de su propia contingencia. En el orden execrable de las causas
repetidamente encadenadas. Absurda conciencia de su contingencia. De una naturaleza preformada e inalterable. En la existencia pasiva del continuar siendo.
� Ser o no ser?. No basta ser, hay que hacer algo m�s: existir.-

26
All� en un aturdimiento de paisajes vac�os. All� sin nadie, destructor de armon�as, l�neas y formas. De absurdos sin Dios. Con las manos vac�as y ca�das y la mirada neutra. La mirada neutra. � S�mbolo atemporal o imagen accidental? de la m�s absurda realidad. Acaso en la aspiraci�n suprema a ser Dios. Una, dos, cien y mil veces Dios y hombre.

Y como afirm�ndose en la inercia urgente, perentoria de la materia, sigui� adelante.
Hacia adelante. La tarde estaba tomada.-


LOS TRENES-LOS TRENES

27
Veinte a�os despu�s.
El mismo tren le permit�a volver a la olvidada estaci�n de San Diego, el lejano pueblo de la infancia. Durante el largo viaje, los pasajeros mostraban un perfil silencioso. Afuera el sol de enero, incendiaba los campos linderos. A manera de bien venida los estrechos andenes de San Diego fueron ocupados por un inusual ej�rcito de ni�os haraposos y hambrientos, que iluminaban con sus rostros inocentes la indiferencia de los viajeros que mostraban el gesto insolente del cansancio.-

28
Le era imposible no pensar. Le asaltaban los hechos de infantiles encantamientos. No pod�a conservar la calma ante tanto prodigio. En aquel v�rtigo de im�genes, se vio peque�o y triste, recorriendo las terrosas calles hechos de polvo y, soledad y, tiempo. Vio tambi�n la antigua casona que hab�a habitado en la lejana edad sin miedo. Recorriendo los fatigados patios interiores, percibi� el ingrato olor a Quaker.

29-
Reconoci� una inmensa caracola que le tra�a el bramido m�ltiple, de un mar desconocido. Tambi�n reconoci� la propia voz de su padre llam�ndole �Toro�. Tambi�n se le present� la imagen de una ni�a pelirrubia corriendo bajo la lluvia del pasado.
Aquella misma tarde, de aquel mismo d�a decidi� quedarse en aquel aldeano pueblo
dormido en los l�mites del progreso.Y, d�a tras d�a desand� insobornable las siestas rojas. Enamorado las noches fueron el c�mplice necesario y ebrio de lluvias y, poemas pret�ritos.

30-

� Qui�n se ha adue�ado �pregunto- de sus pensamientos? � Qui�n piensa por �l?

31
Acaso aquel ni�o que renaci� en aquel �xtasis, ebrio de deslumbramientos.
� Qu� voces extra�as le hablan de nuevos caminos, de espacios distintos y, soles modernos.? En los impacientes andenes, los trenes .Siempre los trenes, le urgen la partida.-

32

A BERTHA

Bertha sol.
Berthamor, diosa
lirio y primavera.
Bertha. Piel de gorri�n.
Cintura en llamas. Estrella y, poes�a.

33
Berha. Pechito de seda. Capullo naciente.

Tus manos amorosas.
El n�car de tu frente.
El coral de tus labios.
El panal de tu boca.
Lo llevas con frescura
como un �gajo de rosas�

34
Bertha. Coraz�n de
Castas y n�veas mariposas.
�sabes del amor que rompe
mis noches de lluvias
las olas
y las rocas.?

Bertha sol. Berthamor.
Cintura en llamas. Estrella y,
poes�a.

35

PESCADOR

Pescador.
Pescador de los r�os pret�ritos.
Que tienes la luna
encarnada en los anzuelos.

36
Canta tu canci�n
de �speros vinos
Y, n�menes demorados. Junto
a la casta adolescencia
del agua.

37
En la un�nime noche
de soledad y
silencio.

38
Pescador!
Levanta en tus insomnes espineles
al f�sico tigre del r�o.

El b�blico pan de tu sustento.

39

Pescador.
Pescador de los r�os pret�ritos.
Un cardumen de soles rojos
-sustantivo y eterno-
quedar� en los anzuelos propicios
de tus d�as perfectos.

40

POETIC ART

Oh! Paran�.
T� eres. Un tiempo incorruptible
de lunas
inmateriales
que devienen.

Y, un sue�o de estrellas
de Dioses
en exilio.

41

PALABRAS

Hay en la noche
Un despertar aterido
de errantes golondrinas.
cayendo,
entre nieves y celliscas
a las fontanas tristes del alma.

Hay una soledad sin nadie.
sin punto de reposo.
Destruye la armon�a. Las formas
y, el tiempo.

El mar es carnal, abismal.
El oc�ano, profundo silencio.
Hace fr�o . Amanece.

42

A�O NUEVO �SALUD!

A�o Nuevo: �Salud!
Venga tu reinado total
y austero.
Pinta el �rbol posible
de la alegr�a,
en las ma�anas rojas
reci�n inauguradas.

43.
� Bienvenidos!
Los d�as inmateriales que
advienen los Cristos modernos.
Bienvenida tus horas blancas
desnuda claridad
de verdad y promesa.
Exacta paralela de justicia.

44
A�o Nuevo Salud �
Venga tu reinado total y austero.
Para que el ser:
Omnipotencia sin l�mites
advierta la conciencia
en el r�o existencial de su
propia contingencia.!

45

A MARGARITA

Margarita amor.
Margarita p�jaro.
Margarita fuego
que me subi� a la sangre
y, que corre por las venas.
Con el calor incendiado de mil soles.
Con el calor calcinado de mil tardes
rojas, de las siestas de enero.

46

Margarita nube, gaviota
del mar azul sereno.
Mar que me devuelve tu ausencia
en las olas que se rompen en las rocas,
en arena,
en perlas y, cochillas
en una playa extranjera.

Mi soledad de espumas amarillas
se desangra serena.

47
Margarita imposible.?
No digo imposible .No.
porque conozco la dimensi�n del tiempo.

48

Margarita amor, p�jaro y fuego
nube y,
gaviota.-

49

POEMA INCONCLUSO

Est�s en m�
En un tiempo sin edades ni medidas.
En la crucifixi�n del tiempo.
En los faros apagados.
En los mares olvidados.

Horas que fueron.
Las fui gastando en latines y breviarios.
En la boca taciturna de la noche
de mi propio ser alucinado.

50
Est�s en m�.
Con la misma tristeza abstracta
de un poema inconcluso
por el sue�o eterno del poeta
en los teoremas cansados
de la danza,
en la infinitud oscura
de la nada.

Est�s en m�.
Pero cu�n amargo es el vino
de los muelles
del naufragio y,
del olvido.

51

TE BUSCO EN EL TIEMPO DE OTROS TIEMPOS

Te busco en los tiempos consumidos
Por los siglos de otros tiempos.
En las vac�as soledades del mar.
En el m�rmol del recuerdo.

En las altas estrellas encendidas.
En mil barcas invisibles que se van.
En las madrugadas transcurridas
de lunas, playa y mar.

52

Son mis veleros de papel y sombra.
De lunes sin querellas ni distancias.
De oto�os sin ni�os, sin alondras.
De insaciables ansias.

Te busco en las ma�anas que vendr�n.
En noches de lluvias y luci�rnagas de vino.
En el silencio de mis mundos interiores,
de tu voz, de tu olvido.

53

POEMA PARA UN NI�O

Ni�o.
Ni�o de mi pueblo
juguete del invierno.
que duerme en las veredas
de las villas del tiempo.

54
T�. Que tienes un Cristo, de sonrisas
y tr�boles,
en tus madrugadas de lluvias
-de diarios y claveles-
sobre el negro tejado de las villas.

55
Ni�o de mi pueblo.
Ni�o de amor.
Cazador de ranas
de los charcos de lluvia
en las tardes calmas.

56

� D�a tras d�a
vencer�s las ma�anas.!

57

Ni�o de mi pueblo.
Hombre del ma�ana,
El mundo indiferente a tu lado
pasa.

58-

Un tiempo existencial. Un tiempo vivido
casi dom�stico, cae sobre la piel antigua
de los arenales rojos.
Los ni�os duermen en la vereda
insobornable de sus juegos.
Las esquinas cobijan las angustias indolentes.

59
La tarde inmaterial escucha
el inmemorial lat�n de los salmos y,
breviarios, de los rituales
de la liturgia cotidiana.
Todo es simple. Todo es simple.
Todo es simple. Nada exige la complicidad
rumorosa de lo absurdo o lo mediocre.
todo sucede tan simplemente,
casi con dulzura, como caen las lluvias
sin �nfasis.-

60
Las muchachas n�biles y rubias,
-en el teorema total de deseo y,
de la gracia-
entregan al caminante
las rosas desnudas, de sus manos y,
el vino �ntimo de
la risa casta.-

61
Lejos del tumulto de las formas
artificiales y, del murmullo
de la muchedumbre,
en la b�squeda
de las huellas seculares
de los Dioses olvidados,
inauguras �oh! caminante-
un esp�ritu nuevo
en avance hacia lo grande,
lo eterno y, lo absoluto.

Biograf�a:
Rub�n Horacio Vedoya


rubenvedoyavedoya@yahoo.com.ar

 

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