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Francis Sanchez Rodriguez
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
Biografia

corazón del arpista


perfectos oidores, acérquense
a mi madero, sinfonía en adarmes.
la muerte es un trabajo que no cansa.
no muere este cansancio que trabaja por mí
del otoño al molar, del patriotismo al sueño.
sopla la cortadura al árbol contra el lente
y puedo ver y tengo en mi mano esta flor
que ha esperado un viejo discurso junto a la hoguera.
sea limpia mi náusea, cubra el amanecer
en lugar de la chispa que se desprende del durmiente.
la forma va a subir, sí volveremos al camino
sin báscula de alivios del ojo en noche nueva,
sin más luz para azorar murmullos del camino
—sostendré el silencio de mi flor
otra vez tan medido y esparcible
como miedo de sierpes confinado al desierto.
¿sí, verdad que es santo el vacío
del corazón? ¿verdad que rozas el miedo
a tener tu cabeza tallada en un armario?
la carne de la flor no descansa en sus laberintos.
puedes vencer la puerta que da al ansia del perfume
sin voz con que envolver su atrocidad.
sólo es medio kilogramo de carne
pasado por el frío, salva: hueco donde dejar la mano
después de escribir por qué el frío llena, por ejemplo.
coman mi corazón que no adoptó otra burla
cuando se consumía en los platillos
de la balanza. guías
jóvenes y afilados en las utilidades
—vidrio blando del oído,
música desesperadamente afuera—,
mi mano es este idioma que arde junto a la flor.


puerta al balcón

oigo a través de mi cuerpo el vacío cósmico.
mi cuerpo estalla al fondo. piedra al pozo.
por sobre la cabeza tiembla el árbol del caos
en un perfecto número. árbol de luces vivas.

he salido a la noche, a observar las estrellas
como un rey destronado que habla a la corte
por última vez.
“me aguarda al final de la casa
una vida pequeña y gris como un alacrán”.

deseché mosto agrio de la verdad sumisa.
en vez de hacer distancias, mal actor, he sufrido.
se corre el maquillaje, se deshiela heroísmo hereditario
entre provincia insulsa y agua falsa.
me he dejado inundar por mi dulce veneno.
soy todo lo feliz que un ser vivo puede ser.
pero no aplica uso ni cambio esta moneda.
pero no existe el circo, insondable teatro
donde mi hijo —su risa grande— llene la sombra.
bajo intermitencia de estrellas quizás muertas
espacio malabares, defiendo entre mis dedos
la gota de su risa: “¿cómo un día alcanzarla
aquí
sin que jamás
deje de desprenderse?”

ciudadela ostentosa da vueltas en el lecho
de la aurora latente, mientras se concentra en la superficie,
mientras se corrompe el agua de Heráclito
fija en una burbuja como mi corazón
—de nombre tan gastado por el uso.
a mis espaldas, dentro de la casa, se dobla
el silencioso árbol de las constelaciones.


primavera

he tenido mi primera flor. muda en un vaso
atravesó la noche como nada
hacia el amanecer en que enterré a mi padre.
la trajo el loco de Ceballos con manos opacas de limpiar botellas
y aún sudaba su olor cuando huí a casa.
intento asirla ahora, o lo mismo, imaginar
que la siento abiertamente con la ayuda
de una rigidez rota a través de mí.
odio haber presentido siempre antes de esta ofrenda cómo escarba
el viento en las pinturas de pueblos de madera y casi sin nombre.
yo prometía órbita a un girasol hacia el taller en el patio,
echaba al piso un juego de alicates y buscaba
armarlo y desarmarlo estérilmente como niño
que interrumpe una conversación.

nuestro amor exigía audacia de hombre a hombre
para subir al lirio pobre, diariamente:
jorobado dormido dentro del campanario.
la lid de las estrellas concedía, anunciaba
flor intocada desde el sueño de Coleridge.
por puente urdido a casa, el de la noche, nunca tuve memoria,
cómo podían vestirse estatuas, centros de mesa, cómo el cabello.
jamás corté los nombres tan grises y gastados
de las flores de un día. jamás pensé un jardín.

dentro de esta ignorancia aún acepto el amanecer
con todos mis sentidos, incapaz de interrumpirte, padre.
he visto una pregunta imposible de ser devuelta.
dudo si la felicidad o el dolor serán brisas suficientes
para que se acomode como un perfume el aislamiento.
sólo aspiro a caber en la mano pequeña que me corta.

Biografía:
FRANCIS SÁNCHEZ
[Ciego de Ávila, 20-9-1970.] Miembro fundador de la AHS y de UCLAP-Cuba [Unión Católica de Prensa de Cuba]. Su primera publicación: Empapado por virutas [Plaquette de poesía. 1985]. Libros impresos: Revelaciones atado al mástil [Poesía. Ed. Ávila, 1996. Finalista del Premio Nacio-nal de la Crítica], Antología cósmica de Francis Sánchez [Frente de Afirma-ción Hispanista, México, 2000], El ángel discierne ante la futura estatua de David [Poesía. Premio “América Bobia”, 1999. Ed. Vigía, Matanzas, 2000 / Ed. Beda, México, 2002], Luces de la ausencia mía [Décimas. Premio “Mi-guel de Cervantes”, España, 2000 / Ed. Ávila, 2003], Dulce María Loynaz: La agonía de un mito [Premio de Ensayo “Juan Marinello”, C. Habana, 2000], Música de trasfondo [Poesía. Premio “Poesía de primavera”. Ed. Ávi-la, 2001], Reserva federal [Relatos. Ed. Ávila, 2001], Cadena perfecta [Premio “Cirilo Villaverde”. Cuentos. Ed. Hermanos Loynaz, 2004], nuez sobre nuez [Ed. Sed de Belleza, 2004], Un pez sobre la roca [Ed. Guantá-namo, 2004]. Ha realizado las antologías poéticas Arribos de la luz [Ed. Ávi-la, 2000], Antología de la décima cósmica de Ciego de Ávila [Frente de Afirmación Hispanista, México, 2002], Estación interior [Ed. Ávila, 2003] y La sombra en la espiga canta [Ed. Ávila, 2004]. Incluido en varias antologí-as poéticas, como: Los parques. “Jóvenes poetas cubanos” [Ed. Reina del Mar / Ed. Mecenas, 2002], Habiendo llegado el tiempo [Frente de Afirma-ción Hispanista, México, 2003] y La estrella de Cuba, “inventario de una expedición” [Ed. Letras Cubanas, 2004]. Actualmente es Director Artístico y Editor de la revista Videncia.

 

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