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Humberto Avils Bermdez
Nacionalidad:
Nicaragua
E-mail:
Biografia

MACHADIANA

A Don Antonio Machado, en la huella de su obra.

Señor de soledades,
Caminante perpetuo
En los campos de Castilla
Con el corazón helado por
Escarcha fratricida…

Cantaste hasta morir
Polvoriento de exilio,
Ya sarmiento la vid
En la seca edad
Del surco abierto
Para tu cuerpo
De alma ensombrecida.

Por tus versos
En la conciencia
De lo poético
Van los míos.

Señorial soledad
nos acompañe
toda vez que
al evocar tu nombre
la voz castellana sea.-

Humberto Avilés B.
Agosto y septiembre del 2009


PÁGINAS PARA UN POEMA

I
Ahora que no hay silencio,
acaso música…

Encuentro blancuras
donde darle cuerpo de mujer a la
palabra…

Verla venir sintiéndola desde
la finitud del ser brotar…

Como la luz,
diurna liturgia solar…
O la negritud de la noche,
fecunda latitud de los que callan…

Me abrasa esta página como
una poesía hecha mujer…

Acariciándome.

II
¿Con qué o dónde dar cuerpo de mujer
al verbo sin nacer que es una gana hecha deseo?

¿Con qué o dónde…Adverbios de situación
o huellas en la ruta
de la palabra no dicha?

Como páginas para un poema:
Título que nos llega desde lo más hondo
hasta la piel del verso que no escribo
para que vivido sea.-

III
Y ahora el corazón es una página no escrita
creciendo en el silencio de un asombro…

Mujer hecha palabra con cuerpo de poema,
quizás un beso pueda leer todas tus letras
con labios de futuro
burlándose del tiempo
para poder seguir amando.

Ahora que asumimos el imperio del amor
como única prolongación de la vida más allá
de la muerte…

Aquí la calidez del beso diseña
metáforas para cuando el corazón
no pueda crecer más .-


Humberto
Noviembre 9 del 2001.


POEMA SIN PAGINAS

Y escribiría otra vez la perfección
de un poema
si desnuda,
volvieras tu mirada
hacia mis pasos buscando soledad…

La necesaria para convertirnos
en apasionada multitud
de cópulas.-

Humberto
Abril 3 de 2002


¿ Cuánta soledad hay en tu nombre?

¿ Será suficiente para compartir?

LOS NOMBRES DE LA SOLEDAD

Y ahora que la soledad tiene
presencias,
¿Cómo nominar sus rasgos?

Entre silencio y asombros,
¿que aire soplará signos para mencionarla ?

Habrá vida suficiente para compartir
la sola esencia del ser…
¿O volveremos a creer en bondad
de compañías aunque sean malas?

¡Ah soledad!

Las cadenas de tu libertad
están en el origen de tus nombres…

Por eso estás siempre sola aun
cuando te desnudés de vos.-

Humberto
17 de septiembre de 2002.


CANCIÓN DE MAR PARA TIEMPO DE GUERRA

Cuando de sacar todo
cuanto adentro de sí
en nosotros habita,
y es los otros…..

Quizás la espuma de macilentos ocres
en su inmemorial antigüedad prisionera
de los vicios marinos muera ,
descubriendo en su muerte
cual vaivén,
tal vez ola
en la voluntad del viento,
los designios de la luna
con fondo y música
de bajamar
que hacia la pleamar
nos llevan.

Cuando de meter la nada
hacia fuera del yo
que a este genocidio sobreviva
se trate,
y seamos todavía nosotros…
Quizás la sal de todos los sudores
y su blanca quemadura de pieles
en la sangre de todas las muertes
se diluya,
provocando en definitiva catarsis
nueva vida como mar furioso,
embravecido,
violento si se quiere…

Incendiando de sol
el horizonte para señalar
en las fronteras de la luz ,
al límite sonoro
de todas las mareas:

Las huellas de la paz que se le declaró a la guerra.-

Humberto Avilés Bermúdez
Managua, 27 de marzo del 2003


Biografía
Humberto Avilés Bermúdez
ESBOZO DE LA RAÍZ

Decir que nací en Granada de Nicaragua el quinto día del primer mes, allá por 1953, en una calle angosta llamada “El Palenque”, en pleno territorio de los precolombinos indígenas XALTEVA.

Descubrí las letras a los tres años de mi edad en un parvulario provinciano regentado por la “Niña” Julita Abella [así se llamaba mi primera maestra]; nací al asombro de lo escrito contemplando el tono gris ceniciento de las palabras que brotaban del pizarrín y la negra palidez de mi pizarra infantil.

Alguien decidió que fui precoz, y a los cinco años pasé al aula del segundo grado de primaria en el Colegio Centro América de la Compañía de Jesús; ahí transcurrió mi niñez, junto al lago de Nicaragua, Cocibolca en náhuatl, frente a un volcán despenachado por su propia fuerza…Realmente un sitio paradisíaco que el viento lacustre grabó en mis pupilas para siempre.

En esa playa comencé a dialogar con el horizonte, a preguntarle por los límites del cielo y su extraña conjunción en la distancia con la tierra
divisada a cientos de kilómetros, en la otra orilla de la dulzura de sus aguas.

El corazón de mi padre guió mis pasos hacia la embriaguez de los atardeceres, hasta que un día fui capaz de descifrar las caricias del viento y sus enigmas…

Y me envicié con la brisa!

Humberto J. Avilés Bermúdez
Granada, 20 de noviembre de 1988


ESBOZO DE LA RAÍZ II

Aprendí la paciencia, paz y ciencia, dibujada en las manos de mi madre…Tenacidad y disciplina sus ojos me insinuaron siempre. En la desesperación de su ternura por mis pasos violentada, supe del dolor que amar desata y busqué explicaciones a la luz en el cálido fulgor de otros soles.

Estrellados en el oro de piedras seculares, otro atardecer tuve respuestas embebido de la castellanidad del paisaje que Salamanca me brindó…Explicada la luz que dió a mi vida, hoy su mirar de madre ya no está! Más, ya paciente y tenazmente disciplinado soy.

Sola esencialmente mi raíz, soterrado el magma de mis versos, me desaté por el mundo lleno de vacío el corazón hasta que un viento de utopías recoger me hizo velas, para corrigiendo rumbos, navegar hacia el horizonte de mis preguntas, aquel donde interrogaba por los límites celestes y su cotidiano acoplamiento con mi tierra.

Un radical amor, como de Revolución, me hizo volver envuelto en la lujuria de cambiarlo todo, como queriendo nacer de nuevo con el país que tantos amantes tuvo a la hora del parto, cuando se rompieron las aguas por tanto tiempo de dolor represadas… Y entonces, sólo entonces fui sintiendo cuan profunda era mi raíz, ésta misma que trato de compartir esbozando la fecundidad que le debo.

Contar hoy que a los 56 años de mi edad vivo en la comarca de Monte Tabor, jurisdicción de “El Crucero”, municipio nuevo del departamento de Managua por el capricho de rayas catastrales trazadas conforme a políticas voluntades de conveniencia electorera…

Utopía nombré, nombro y nombraré a mi casa que comparto con la mayoría de las cinco mujeres que a mi vida le quedan: Lisis, Sofía y Claudia, porque Silvia y Zoe viven en Madrid, al otro lado del mar y, aunque son, no están en la corporeidad necesaria para que lo utópico del nombre que la casa tiene, sea plenamente realidad.

Humberto J. Avilés Bermúdez
Managua, 25 de septiembre del 2009


hab@cgr.gob.ni

 

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