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Jos Antonio Cabrera Guadamuz
Nacionalidad:
Costa Rica
E-mail:
Biografia

América *

Desde ese momento,
la cuenta del tiempo caminó por otro lugar,
como si de repente los pájaros empezaran a volar por debajo de la
tierra.

JOSÉ LEÓN SÁNCHEZ [Tenochtitlan]

1. Antigua América

Eras, América, la superficie virginal
de selvas, cataratas en las que el agua
y su tromba, tenían vuelo de quetzal,
sonrisa de arco iris.

En tu espalda, pura como el rocío
antes del alba, con un sol de frente,
bebiste senderos, altitudes que en tu transcurso
eran plata, carbón y cobre.
Eran oro y salitre.

Eras labriega, incansable,
en tu trono de espesura,
con un gesto de milpa verdadera,
cabello de espiga, hermana de la patata,
ebria de una libertad sin orígenes.

Guerrera contra ti misma
en los tiempos difíciles,
en los recodos del camino,
fuiste lanza contra el músculo de la tierra,
tu tierra. Tú, el átomo
que nos deparaba una y otra milpa.
Fuiste, contra los más sagrados designios,
sangre combatiente en la cumbre de una lanza,
soledad disminuyendo la población de tus distritos.
_______________________

[*] Incluido en la publicación No. 15 de la serie \'Temas de Nuestra América\', Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica [IDELA], 1990. Publicado en el libro: \'Por nossa América\' [1991], por la Sociedad de la Cultura Latina [Sao Pablo, Brasil, 1991] al conmemorarse los 500 años de la invasión de América por parte de los españoles - Incluido en la antología \'Povos e Poemas\' [Pueblos y poemas]-edición trilingüe: portugués, francés e inglés de muestras de 200 autores de los cinco continentes [Portugal, 2003] Publicado en la revista brasileña \'Poietiké\' [1985] -

2. América invadida

Conocimos el itinerario de los peces en el agua,
habitantes del oro, el barro, la piedra
y el musgo.
Fuimos la corriente en la historia
de ese cauce, árbol de lealtad
y nos deforestaron,
desde el Río Bravo hasta la Tierra de Fuego.

Era la primera página de la Profecía Ah 8,
dictada por los ancianos,
que conocimos antes de la estaca,
sus rigores de fuego, como contra el ganado,
el poder calcinante del hierro
en el hombro y en la cara.

3. América perseguida, combatiente, sacrificada.

Allá, aquí, murieron capitanes
entre la pólvora y la sangre.
Allá, aquí, no pudo la multitud
contra la llama de Hernán Cortés,
quemando madrugadas.

Inti, el dios del Sol se llenó de heridas
cuando la Profecía Ah 8 se perpetuaba en ti...
¡Aquella esperada visita
de los dioses verdaderos, no invasores,
[\'viracochas\'] con fusil y barba!

¿Acaso un Quetzalcóatl extraño...?
Declaraciones deicidas
y todas la sílabas de la sangre...
La furia de un ciclón definitivo...
Los cuatro caballos que desbarataron,
más tarde, a Túpac Amaru,
el último de los mártires.

Dioses inventados se clavaron como un pedernal sin fin
en cada repliegue de los días...
Fue creciendo un día de obsidiana en ti, América invadida.
Como secretos paralelos
a la sangre y sus abismos,
dos hijos de Pizarro nos hirieron calendarios.

El humo de la última ceremonia
anunció una era implacable
que trocó el canto y las danzas milenarias
en furia, pavor y cautiverio
hasta arrancarnos toda Arauca.

4. América desolada

Borraron de un diccionario que creíamos perpetuo
las más altas palabras.
Nos hundieron la bayoneta en el lenguaje.
En la creciente de los ríos.
En el canto interminable del urutaú.

La quena no pudo cantar: extendió un lamento
multitudinario, inaplazable.
Más allá de la travesía inmemorial del cóndor.
Más allá de la espada fronteriza de la noche,
donde se superponen los colores del quetzal,
en ese herido vuelo, y un arco iris vapuleado
por fusiles.

Solo una muerte canta el cuatro sin charango.
Tenochtitlan nos dice adiós, naufragando
y muriendo, entre el fuego y el agua.

No era de fuego la tierra:
se hizo incendio a fuerza de balas.
Era magia aquí, pólvora allá.
No pudo el tiple con cuatro atabales.

5. América inapagable

Es, eres América, desflorada, desnuda,
herida por el océano:
Somos tus hijos, a la sombra del origen,
hasta el hueso.
Gotas de la misma sangre.
Rotos por el mismo palo de fuego [1]
en los ríos y en los Andes.

La misma ocarina de animales.
El grito de la misma quena.
La misma pobreza que espera
debajo del poncho.
¡Los mismos caites! [2]

La misma pollera [3] te cubre, América golpeada,
mi querida Patria bolivariana.
Somos tus hijos legítimos,
a pesar del crimen, a pesar de las murallas,
madre ancestral.
Dulce América inapagable.

___________

[1] Palo de fuego: designaba al fusil o bayoneta, en las lenguas indígenas.

[2] Caite: sandalia de cuero [vocablo propio de América Central]

[3] Pollera: falda externa del vestido femenino [americanismo]


A mi Patria
[el Día Mundial del Ambiente]

1.
Somos lirios.
Nacimos para crecer en el agua,
en el aire, contra el tiempo,
bajo la rigurosa mirada del cíclope
-bajo su ternura-,
ese Sol antiguo que nos dice
con las fuerzas del amor:

\'Bébanse esta luz que yo les traigo, bébansela.
Porque es la madre del agua y de la tierra,
de la flor y del origen.\'

La misma luz que nos depara
el sabor innumerable del arroz y del trigo,
la sustancia singular de los mangos,
los mamones, las papayas.
La dulzura sin par del melón y la guanábana,
la velocidad imparable de los ríos,
el verdor sin frontera de la milpa, esa energía milenaria.

2.
Somos esa milpa.
Para nosotros, el agua y la tierra
tienen la historia de raíces.

Procedemos de esa milpa,
de ese maíz que germinó hace ya siglos.
Somos espigas de esa estirpe inmemorial,
de una tierra y una savia
que no conocieron la peste del hacha,
el abecedario del hambre.

De ese sol, que nos habla cada día
por nuestra piel y por el agua,
de esa misma lluvia vinieron:
sombra, manantiales, bosques,
el concierto sin barrera de los pájaros,
el equipaje de mil corrientes
en dirección hacia los mares.
Así nacieron las paredes de las casas,
techos y andamios,
la estructura de la vida pendiente de una rama.

Pero hoy, la espada de Democles
se cierne sobre el tórax de la Patria,
un perro invisible que nos muerde:
un río de furgones con cara de ángeles,
silueta de dragones, humo de centauros,
que anuncian la hora del desierto y la ceniza.

Escuchen el dolor de la madera, la sierra,
a lo lejos, derribando tantos árboles.
Rugiendo, abatiéndolos, derrotándonos.

Y se oye un lejano golpe de hacha,
como un latido de un corazón que se acaba.
Miren: el vía crucis intermitente de camiones,
como cadenas que atan la mercancía impune:
enormes billetes con olor a cedro recién cortado,
a laurel tendido en una cama,
con sabor a invierno disecado,
herida atmósfera,
días mutilados,
reducidos a trozos ya sin savia,
en el tránsito hacia una muerte inaplazable.

3.
Si usted aguza el oído
-si aún no ha perdido los tímpanos
por el estruendo de los árboles, al desplomarse-,
escuche alrededor,
en cualquier sitio:

Somos una región sin manantiales, sin pájaros,
sin árboles,
sin nosotros,
sin nadie.

Poco a poco van,
vamos desapareciendo:
la materia prima del pájaro carpintero,
las guayabas de la ardilla,
la masa de los pericos,
los manjares de las urracas.
Y todo por culpa de las sierras y del petróleo,
las hachas, los camiones, es decir nosotros,
átomos contra el verdor y la esperanza.

Ahora mil ríos tienen una sed insaciable.
Sed de ríos.
Sed de peces,
de corrientes sin regreso ni memoria.
Es la sed que nos apretará la vida
hasta que dejemos de ser,
un día ladridos, cementerio y mármol,
porque seremos desde entonces
un río sin ruta, sin cuerpo, sin Patria.
O seremos esa Patria sin nadie, sin nadie.

Ojalá no estemos destinados para tanta desgracia.
Que nunca llegue ese día que te hayamos derribado,
oh Patria, como a tantos y tantos bosques,
o no te hayamos dejado morir,
como a los ríos, vertientes de tu sangre.

Ojalá no te dejemos a la merced del olvido,
de patentes, sierras y hachas.
Que un verano infinito no nos traiga la hora final,
apretándonos, sin cesar, la garganta.

Ciudad Neily, Costa Rica, 5 de junio de 1988
[Día Mundial del Medio Ambiente]


Amor a tientas*

A esas mujeres,
porque reparten el amor a tientas.

Tu cuerpo es anfitrión y campanario,
un flechazo de luz doliente
que deja en plena libertad tu territorio
y se sumerge en el azul más rojo de tu abismo.

Alguien te sembró como una milpa
en el desierto que aplaude solo caídas.
Tienes un sendero oscuro batallando con la luz,
sin himno.
Dos astros que se pierden con sus ojos negros,
como círculos.

Crepuscular y oscura,
sacudes tus montañas y pierdes tus praderas
en el azul más dulce de tu incendio.

Tienes un sendero oscuro clavado en la pupila,
la boca raída por el beso,
la noche atajando corpiños.
Es tanta la soledad derramada en tus rocíos.

Tu cerveza me invita a desvivir contigo,
noche a cuerpo en la memoria.
Aplaudieron tu paso que sonríe,
tu prenda en vuelo,
la primera piedra que fulgura.
¿Sabes?, esta noche sí es oscura.
Los aplausos derrumbaron las estrellas.

__________________

[ * ] Premio Latinoamericano de Poesía Alfonsina Storni [Fundación Givré, Argentina, 1982] Publicado en el Suplemento \'Áncora\' del diario La Nación [1982]
Incluido en la antología \'Guanacaste Escribe\' [Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 2003]


biografia:

José Antonio Cabrera Guadamuz
nació en Sardinal, Guanacaste, Costa Rica, el 20 de abril de 1956. Estudios primarios en la Escuela Bernardo Gutiérrez, en su pueblo natal. Estudios secundarios en el Liceo Nocturno de Liberia, Guanacaste. Bachiller en la Enseñanza del Español [U.N.A., Heredia, 1980], egresado de Licenciatura en Ciencias de la Educación con énfasis en Currículo [Universidad de Costa Rica, 1986] y Máster en Ciencias de la Educación con énfasis en Administración Educativa [Universidad Latina de Costa Rica, Pérez Zeledón, 1993].

Se inició en las letras guanacastecas en 1974, con publicaciones en el periódico estudiantil \'Faro Nocturno\', del Liceo Nocturno de Liberia y con su participación como miembro fundador del entonces \'Centro Literario de Liberia\', hoy Centro Literario de Guanacaste. En 1977 aparecen los primeros poemas suyos en publicaciones universitarias. En 1980 asume la coordinación del Taller Literario \'UNA-LITERATURA\', al frente de un grupo representativo de la Universidad Nacional.

Su obra ha merecido galardones en Costa Rica y fuera del país: \'Premio Latinoamericano Alfonsina Storni\' [Argentina, 1982] y \'Lagoa do Abaeté\' [Bahía, Brasil, 1985]. Creaciones suyas se han difundido en medios nacionales y extranjeros.

En el año 2009 publicó el libro COMO UN RIO y prepara la primera edición de se segundo poemario: PERDIDO ITINERARIO. Conserva inédito el libro HISTORIA DE FATIGAS. Poemas suyos se incluyen en diversas antologías:
\'Nuevos Poetas Costarricenses\' Editorial Costa Rica, 1982], \'Asamblea de Poetas\' [Recital, Teatro Nacional, 1983] \'Universos na esperança de amor e paz\' [Bahía, Brasil, 1985] \'A l\'issue de ce long moment\'[Barré & Dayez Éditeurs, París, 1987 -37 países], \'Hojas Líricas de Guanacaste\' [1988], \'Por nossa América\' [Brasilia, Brasil, 1991], \'Povos e poemas\' [Pueblos y poemas]-Edición trilingüe: portugués, francés e inglés de muestras de 200 autores de los cinco continentes [Editorial Universitaria de Portugal, Lisboa, 2003], \'Guanacaste escribe\' [Ministerio de Cultura, 2004], entre otras.

Es jubilado del Magisterio Nacional y actualmente labora como profesor de Comunicación Escrita en la Universidad Latina de Costa Rica [Campus Heredia], y también se desempeña como asesor y corrector de estilo de trabajos finales de graduación.

jcabrerag@uinteramericana.edu

 

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