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Pedro Len Carvajal
Nacionalidad:
Nicaragua
E-mail:
Biografia

GLOSA NATURAL

“Pero es costumbre humana insistir en señalar las cosas, una por una, atribuyéndoles nombres”.

[Su Tung P’o, “Caminata nocturna, contemplando las estrellas”, poema escrito en el año 1060]

Cada amanecer madrugo, salgo al jardín y encuentro que han estallado otras orquídeas, buscando a ciegas la luz, sus corolas están abiertas desde antes que amanezca. En ellas, insisten en provocarnos con su belleza inútil, con su insignificancia efímera, las irradiaciones de una blancura ideal, perfecta, desde otros límites afluentes de lo abstracto y de lo irracional, formando así un bastidor radiado para lo que tampoco necesita explicación. Forma de formas. Manías irreprimibles de un Espíritu centrífugo, para enmarcar a lo sublime unos simples, unos mínimos alardes de desnudez sexual, botánica, enfatizados con inocente ironía por unas menudas manchas de color salvaje.

[Tegucigalpa,
miércoles 020507]


LAS MÁS DESVERGONZADAS

Quedan sembradas del lado sombreado de nuestro olvido las flores que revientan y se apagan en un solo día. Aunque sus pétalos son azules, crespos y cremosos, con las valvas enrolladas hacia fuera, surcadas por listas finas, por delgadas franjas de oro, por hilos oscuros que cortan en anillos sus azules eléctricos. Mientras que sus atributos sexuales se exhiben tan escandalosos como los de las cortesanas en los dibujos y pinturas de Utamaro [1753-1806].

Lo mejor será tampoco hablar de estas flores con las personas decentes que [lamentablemente] conozcamos. Porque se trata de aquel tipo de belleza que nos impacta y nos seduce exactamente para nada. Nos parece entonces perverso, grosero y cruel que la Naturaleza pudiera permitirse el lujo de tanto desperdicio.

Por esto mismo, ofende a la Naturaleza, resulta odioso y censurable que las mujeres hermosas duerman solas.

[Tegucigalpa, 03
de marzo, 2009]


I

EL BUEN PASTO


“Afortunadamente tengo el oído fino. Si no, ¿cómo haría para distinguir un astro de otro?”.
[René Char, durante una entrevista]

Al parecer, ciertas fases decisivas de nuestra digestión, de nuestro bolismo sicosomático total, se procesan mientras dormimos. Maquinarias de dilucidaciones autónomas, que corren parejas junto con los engranajes que vienen hilvanando la trama de nuestros sueños. A los personajes que se nos acercan durante estos transes y quieren implicarnos en sus ficciones, los dejamos quietos, desarmados, esgrimiendo de repente, a sotamanga, unas frases elípticas que nuestros postulantes nunca se hubieran imaginado.

Eso fue nuestro sueño, en breve suma.

[Pero todas aquellas frases definitivas, enmudecedoras, perfectamente repelentes, se nos han olvidado al despertar].

Nuestro sueño además fue un viaje y una lectura general, ambos inéditos, que nuestro olvido personal consume luego, celosamente, masticando y saboreando despacio unos bocados gruesos.

¡El buen pasto!

Aunque uno despierta de nuevo en el mismo punto donde lo sorprendió anoche la fuerza de la costumbre de dormir. Lo raro es que ambos procesos, corriendo paralelos, aunque con irreprimible tendencia disyuntiva, con diferentes velocidades, ritmos, disonancias y zurdas armonías, encuentren siempre acuerdo para concluir al unísono, desembocando amalgamados sobre un mismo punto.

A este punto azaroso y coincidencial [más que todo por cómoda pereza] solemos decirle “yo”.

Asumámoslo.

[Managua, jueves 250107]

II

NATURA ESPLENDE Y OLVIDA


Natura esplende y olvida,
concluí dormido.

Aunque en mis sueños yo era
alguien raro,
un modesto monstruo
familiar,
un malentendido andante,
que nunca terminaba de asumir
ni de aceptar siquiera,
los diversos papeles
que pretendían atribuirme.

Mientras que todos
los demás,
pretendían incluirme
y acogerme
como a persona natural,
habitual,
reconocida.

Lo que nos salvaba a todos,
es que por muy estables personalidades
que aparentáramos
y aún demostráramos,
las situaciones que nos encadenaban
resultaban siempre
transitorias,
efímeras.

¿Quién aguantaba todavía
demostraciones demoledoras
en este sentido?

Nadie, ni yo mismo
en este caso, respondía nunca
a mis preguntas.

Yo ya estaba acostumbrado.

Entonces
¿para qué putas preguntaba tanto?

Ídem.

Natura esplende, repetí,
enseguida olvida.

[Managua, sábado 200107]

Biografía:
Pedro León Carvajal
*PEDRO LEÓN DE LAS ÁNIMAS CARVAJAL
[Donaldo Altamirano]


Aunque nacido [a los 487 años de edad] en una provincia periférica [elevada al cubo, cuando menos, periferia de la periferia de la periferia…etc], en una tierra reculada, insignificante y silvestre, Pedro León Carvajal ha gozado de la inmensa fortuna de viajar por muchísimos libros, por incontables bibliotecas ajenas [para tampoco mencionar los acopios sustanciales de su propia biblioteca errante]. Algunos de estos libros los ha recorrido y explorado persistente, tenaz, empecinado, como si se tratara de países, ciudades, o vastos territorios cultivables de nuestra íntima pertenencia. De ahí, una explicación plausible para la casi absoluta ausencia en sus textos del mal llamado “acento gentilicio”, así como para sus posibles ademanes arcaizantes, o cosmopolitas, por no decir apátridas, los que, siendo habituales, nunca deberán tomarse a mal.

Salvo tres raras ocasiones, el espectro de las publicaciones masivas de libros, en su caso particular, suele ser entre discreto y escurridizo [cuando no aparece encarnado en personas ignaras, pretenciosas y mezquinas]. Los títulos de estas tres publicaciones aludidas, por tanto, dibujarían un perfil muy incompleto. Pedro León Carvajal, en persona, oral o por escrito, reposa sobre un consistente sustrato recesivo de siete u ocho libros inéditos. Cuyos títulos ya iremos ofreciendo, uno por uno, a medida que vinieran presentándose las ocasiones apropiadas.

donaldoaltamirano@yahoo.com

 

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