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Csar Gonzalez
Nacionalidad:
Costa Rica
E-mail:
Biografia

Hades o del delirio

Y de repente vi
una oscurísima punta de aguja,
una jeringa maldita escupiendo líquido negro
por su boca profana,
y penetró en la frontera de la retina,
atravesando mi ojo como en lenta caravana,
y me aferraba, y gritaba el horror de verla entrando
y el dolor de ya no ver,
y atravesó mi cerebro
y vomitó sus entrañas,
y una vez terminada la perversa cópula,
abandonó las mías lenta y torturantemente,
y ciego desde entonces,
limitado y ajeno al mundo
me pregunto agonizante día con día:
“¿Qué hice yo para merecer
que me miraras a los ojos?”
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La contemplación de las horas.

El insomnio es una casa abierta,
una recopilación de goteras golpeteando contra el piso,
la pena capital para Morfeo,
la reina incertidumbre, el peso por lo hecho,
el miedo por lo muerto, el tiempo para anhelarte,
el precio por tus besos.

El tiempo de algunas noches parece muerto,
y hay que velarlo en la contemplación de las horas
soñando despierto,
inventándome tonos similares a los tuyos
que me arrullen con su canto, para soñar con tu cuerpo.

El insomnio es el trance delicioso del recuerdo,
el trago de vinagre por miedo a morirse seco,
el resonar del reloj
con arritmia en los minutos,
las cataratas del cuerpo
y vos en un barril;
como decir, es el sueño…
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Desierto de Atacama [40 días con sus noches]

Tengo un abrazo huérfano de cuerpo,
un siseo de silencio que llega a ningún oído,
unas manos abiertas, pero secas,
unas ganas enormes de ser niño,
la esperanza que migra a otro sueño
y unas alas atrofiadas y maltrechas.
Tengo en los bolsillos medio quinto,
y traigo en la mirada dos cansancios;
voy con tres puñaladas en la espalda,
y ya me cuesta respirar y dar un paso.
Tengo una ironía que no me dice nada,
una ausencia atravesada en mi garganta,
y un tal vez tan lastimado, tan herido,
tan lleno de fe, tan redentor, tan condenado,
que camina dejando su huella ensangrentada
cual barata imitación de Jesucristo.
Y en las venas, en las venas traigo
tinta fermentada
por un corazón que adolece tus latidos,
y mis ojos,
a fuerza de estrellarse contra el muro de tu espalda,
tienen ceguera de futuros y de olvido.
Estoy, en fin, lleno de tanta nada,
tanta ausencia y nulidad, ¡tanto vacío!,
y se ha vuelto la carga tan pesada
que me siento a descansar en cada casa
que quiera poner Dios en mi camino,
y me disipo, encorvando más la espalda,
y en cada estación me nadifico,
y se esconde mi alma, temerosa del juicio,
pues debió ser egoísta y trascenderse,
y le atormenta no cumplir su cometido.
¡Cual discípulo de luz me condenaste
a ser ejecutado y perseguido,
a morir crucificado boca abajo,
con el mundo al revés en la mirada
y la fe en la promesa de tu abrigo!

biografia:

Nací un 6 de marzo de 1980 en San José, Costa Rica. Parte de mi infancia la viví en Guanacaste, provincia del norte, entre llanos, ganado y montañas con bosque tropical seco, y agua que brota a borbotones de piedra por medio.
Soy periodista, trabajo en el periódico La República.
Me casé el 24 de diciembre de 2005 con Lisbeth Barboza, el amor de mi vida.
Escribo desde los 12 años. A los 19 años fuí cofundador del grupo So Stsé, [“el canto de la tortuga” en lengua bribri], junto con un grupo de la nueva generación de poetas costarricenses, que aunque no publican por falta de medios, sí que se las traen.
Ahora, buscamos maneras de que la poesía vuelva a correr por cantones y ciudades, de la mano de los nuevos creadores y de la música. Si la poesía es la plaqueta que lleva oxígeno y nutrientes a la existencia, la música es el plasma en el cual flota.

 

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