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Antonio Alvarez Brger
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
Biografia

VADE MECUM

Tengo la idea de que mientras escriba no me voy a morir,
y duermo afilando navajas con el alba hasta expirar el día.
No permitiré que me maten fantasmas fatigados
o me despierten en las calles con fraudulosos violines de madera
Ya ves, ahora me la paso garabateando en los muros más altivos
de la tierra, araño las níveas puertas de las ciudades
y arrastro como obstinada pluma mis huesos por los sepulcros.

Tengo cubierta la frente de edictos que me mandan no morir todavía,
y de papiros con historias fantásticas para reproducir
en las páginas de los árboles y de las flores.
Tengo obcecados diccionarios trepanando mi cabeza
como trenes que bufan iracundos por túneles brumosos.

Para no desaparecer engullo miles de guías telefónicas de las naciones
más abundantes, y me baño a cada minuto en agua bendita
sin dejar de hojear los vade mecum que he acumulado
en los tantos tiempos de locura.

Voy en cada segundo deletreando mi nombre y los nombres
no inventados todavía de los otros, y creo canciones y novelas
prodigiosas y combato contra los tormentosos vientos del olvido
para no querer morirme hasta que me muera.

Yo pendido como araña de la tela frágil de lo infinito
y todo muere sin remedio. Ya ves, un día no me quiero ir y escribo.
Estuve maldito y orinaba mis insomnios por las noches
como si me pidieran que me quedara suspendido, con el corazón
atrofiado y sosegada la mirada.

Pero sigo escribiendo vade mecum en todas las paredes que conozco,
porque tengo la idea de que no me voy a morir mientras escriba.
Lo haré hasta no sé. Iré de nube en nube colgando discursos
y de morada en morada dejando testimonio de mi contrato con la vida
para que nadie dude de mis intenciones de morirme sólo cuando
me llegue la muerte. Nunca antes. Y es definitivo.

OZLEM

Te desprendiste con suerte de los pies
y has podido, sin más, alzar el vuelo.
Hasta que han vuelto a asesinarte, Ozlem,
y a dejar tus huesos atados
en esa otra cárcel,
en las montañas lejanas del nirvana,
en los rincones sin luz
de la soledad
[sin las cruces de rigor]
sobre las nubes y los mares.
Desde entonces no has vuelto a escribir.
Nadie lo ha hecho.
No ha habido nuevas acrobacias
del instinto.
O de la memoria.

Hoy faltan tantos otros hombres
amordazados por arte del miedo
y, sin embargo, han florecido los geranios.
Hoy, después de tanto muerto, Ozlem,
quisiera ver el rostro de tu torturador.
Dicen que se ve igual que tú y que yo
Dicen que es de carne y hueso
Que, como nosotros, envejece
Que tiene sangre en las venas
y que también se muere,
como nosotros.

YA NO JUEGAN LOS NIÑOS EN LAS CALLES

Ya no juegan los niños en las calles
Las bicicletas surcan el espacio
sin escafandras;
no brincan ni hacen piruetas para ser niños
de las flores y de los insectos
Los adormecen las pantallas en las alcobas
y en los refectorios
Sueñan guerras animadas
mientras trinan los pájaros en primavera
Niños redentores macilentos,
émulos de juegos y redondeles,
no despliegan las alas extasiados
para corretear los sueños ni ascienden
a las estrellas para observar sus infancias
Cantan azorados la gloria del Dios caviloso
Ven crecer el alma atónita del yo pecador
y no hacen nada para ser niños de trapo
o de madera
Se los tragan las máquinas
Ellos penetran para conquistarlas,
para engolosinarse con sus vísceras
y aprenden a ser máquinas
fabricadoras de máquinas
insaciables comedoras de niños.

USTEDES

Ustedes nos mortifican porque no son diáfanos y no explican
qué les desagrada de los brazos desgajados y del pie derecho de los poetas.
No dicen nada, sólo mugen y mugen, enfurecidos.
Ustedes no tienen conciencia sobre el operario, sólo del arquitecto
con su diseño remendado cada vez que se desploma con el restallar de la certeza.

Si estuviéramos de acuerdo con lo que dicen ustedes
tendríamos que escupir sobre todas las piedras
apiladas para los sacrificios; tendríamos que despedazar nuestra obra
y destruirnos nosotros mismos, a partir de la sangre
y hasta lograr que se trice la piel más dura del cuerpo imaginario.

Ustedes no saben eso. Han desconocido todos los años
y los otros días lo oculto en la raíz de mis cerebros suicidas.
Ni un mendrugo siquiera para los estoicos en su templo de la sabiduría
ni la ilusión para sustentarlos en su atroz vacuidad.
Ustedes son como las efigies.
Sus representaciones son frusleras, irritativas, desconsoladoras.

Ustedes, perdónenme, son como los búhos porque
sus ojos son descomunales, pero en el día son ciegos y venden
su alma oscura como baratijas. Se desplazan con túnicas doradas
y majestuosas y cubren sus cabezas con coronas de viento.
Ustedes engríen a los falsos dioses y encumbran sus almas egotistas
esperando emocionarnos con su risa hipnotizante.
Por eso abominan de los rezos del poeta
y del mar que se embravece tras la calma.
Son ustedes los culpables y nosotros los náufragos que vomitan
por la náusea en las arenas del mundo.

biografia:

Chile. Periodista y poeta chileno. Colabora en forma permanente con la revista  de la Asociación Cultural Tántalo, de Cádiz (España); es finalista de la III Marathon Electrónica de Poesía de la Fundación de Poetas de Mar del Plata (Argentina) y la Blinda Rosada; es columnista de uno de los diarios de su ciudad (Concepción); y es colaborador de numerosas ´revistas y páginas literarias de la red. Además, se le han leído poemas en el programa “Rincón Literario” de la emisora 3 de Radio Nacional de España.

 

 

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