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Mara Gutirrez
Nacionalidad:
España
E-mail:
mgutdia@gmail.com
Biografia

María Gutiérrez

Tenerife, Canarias. Poeta y narradora. Amante de la poesía, lee y recita con otros poetas y el grupo musical Entre las olas, en centros culturales y asociaciones de las islas. 
- Primer premio del concurso de coplas Los Corazones de Tejina 2005
- Primer premio del III Certamen de Relatos Breves «Mujeres», convocado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife
- Primer premio del I Certamen de Cartas de Amor del Círculo de Amistad XII de enero
- Accésit de honor de Primer Certamen de Cuentos Eróticos de Los Realejos
Uno de sus haikus ha sido seleccionado como uno de los cien mejores de la lengua castellana, y varios de ellos han sido publicados, mientras que algunos de sus relatos y poemas aparecen en distintas antologías y publicaciones colectivas y otro ha sido traducido al italiano.
Chilajitos, de Cíclope Ediciones, 2008, es su primer libro en solitario.
www.asociacioncanariadeescritores.org
www.escuelaliteraria.com
www.redescritoresespa.com

mgutdia@gmail.com

 

Haiku 3

1
Brisa de otoño
con olor a bagazo
y tierra húmeda.

2
Sobre la charca
traca-traca de alas
del folelé.

3
Tarde de mayo,
tabaibas florecidas:
costa amarilla.



Fluye mi amor de tu regazo
con ojos nuevos,
despojado de culpas y dolores.
Viene mi amor de otro universo
y emerge como fénix
de anillas desposado.
Vuelve mi amor
sembrando de ternura tus orillas,
amorosando el verbo
que destila a tu oído
amaneceres.

In memoriam

Si pudiéramos charlar esta tarde.
Conversar
como antaño, amigo.
Tú y yo.
Tumbados en el muro de la plaza,
observando las palomas
y el aguilucho lejano.
Hablar de Sócrates,
de tus escarceos amorosos en tálamos de arena,
de mis versos,
del vínculo arcano de los números,
la música y las estrellas;
de las tumbas olvidadas,
sepultadas por los brezos.
Sentados otra vez en el crepúsculo
aromado de laurisilva.

Volver a aquellos montes de brumas matutinas,
a las sendas del mar de nubes,
al guarapo y la parra caliente.
Platicar de nuevo, amigo.
Alegar sereno a la sombra del laurel de indias.

Tan cerca las risas.
Tu risa de dientes de leche silenciaba el ruido,
ahuyentando los miedos;
tus manos de lobo marino firmes al vértigo del risco
y al empuje de las olas.

Mar y cumbre.
Caminos de palmas.
Luz sobre el verde.
Azul.
Más claro arriba,
en la curva del barranco,
y, al fondo, el agua
que canta
invisible en la fronda.

Desolado ahora todo,
como huérfano sin duelo.
Seco.
Marchitos los matos.
Cubiertos de polvo.

Regresar a aquellos días
de vino con vino y jarana,
anchos, procaces
a los pechos y las faldas,
a tus coplas y a tu voz bajo la acacia,
para que me cuente, cómplice,
lo que otras voces silencian.

Quiero hablarte y que me escuches
con sosiego o en la porfía.
Sentir tu brazo en mi hombro
y que tu trago de malta
―tan dulce―
me entibie de nuevo el alma.

Pero esa tarde los pies se me empaparon,
anegados con jaras y juagarzos
―nada más triste que la tristeza de los pies mojados―,
cuando la mar inundó los llanos
y el cielo se cerró tras tu partida.
Allí, sobre la tierra herida,
lloré tu marcha callada,
tu cuerpo inane en las baldosas blancas
y el mío clavado en la negrura.

Desciendo por la escala y no te veo.
Te busco en el callao ―roque―,
con el sol de frente y a la espalda.
Y aún recorro los guachinches al relente
esperando tu abrazo, amigo,
tu gesto acogedor,
atento siempre.

Te llevaste tu risa y tu guitarra;
quedó tu palomar como mi pecho.
De luto.
De luto, sin consuelo.
Hoy vuelan sin rumbo tus buchones
añorando tu alegría, compañero.

Sé que un día,
cuando el tiempo mi pena haya enjugado
y el espejo me devuelva tu sonrisa
―socarrona y arrugada―
brindaré en cada parranda a tu memoria.


 

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