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Juan Menegun
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia

Alguna vez aquí saltaban los salmones

Alguna vez aquí saltaban los salmones,
la luz rosada en los perfiles de plata
y aquellos viejos que todavía no eran viejos
sostenían las brazoladas en dedos como azadas,
el algodón curado con tanino,
los anzuelos afilados a mano,
el olor de un río de crecidas mansas.
Aquí saltan, alguna vez, los salmones.

Y lapachos recién florecidos hubiese,
de campanillas que caían lilas al agua
o también rosadas para transparencia de la corriente
y sus remansos secretos
que conocieran de cormoranes
y sólo algunos pescadores baqueanos
en noches de fogones pesqueros y cuentos de fogones.

Sin embargo aquí alguna vez pasaron sirisís en escuadrillas
bajo un Venus de Equinoccio,
y las estrellas esa noche fueron incandescentes
antes de las últimas lluvias de Santa Rosa.
El olor a carbón atardecido de las locomotoras,
hinojos frescos en calles sin neón iluminadas
para que las Magallánicas Nubes vinieran hasta la mirada
y hacia todos los cuadrantes era otro el cielo
que señalara las huellas, el paso sin pavimento.

Alguna vez habré de mirar aquellas bandadas
luminosas otra vez, bajo la Vía Láctea.

[Introducción a Ragas, Ultimo Reino, 2006]

********************************

Con Li Po en el puerto de Concordia

uno

Abrí los ojos a la noche con luciérnagas.
Abrí los bronquios a la última lluvia de leónidas
bajo el rocío, y el trópico que madura en el jardín.
El cielo huele como sólo aquí puede oler.
Huele como un mundo recién nacido, como
esta mujer que acaba de bañarse y sale a la noche,
y trae flores en su vestido nuevo.

dos

Que no estalle del jazmín tanto perfume al rocío.
Que no me traigas esas naranjas que al cortarlas
el aire se volverá sol puro, fundido.
Otra calandria cantaría en un renacido fresno;
acordándome vagamente
buscaría algo en el fondo de los bolsillos:
un lápiz acabándose, unas monedas,
cuarto poema en un papel ajado.

tres

Y otra vez el sueño de un antiguo aeroplano
en una mañana con praderas al silencio
y suaves ondulaciones de aire. Es esta luz,
otra vez limpia en el follaje.
Es esta luz de ambarinas claridades en el río,
a donde regresan, como todas las tardes, los cormoranes.

cuatro
Diadema en el cielo, aguamarina de nubes
y odalisca;
y carburantes encendidos y abajo crecimientos
y al fin caída
de espaldas, lentísima en mareas de lino,
algas de superficie y luz de creciente luna,
algas púbicas,
yodo y salitre para la combustión de los cuerpos.

cinco

Tuve esas piernas, apenas zambullidas
en este arroyito, aguas dulces vegetales.
Fueron mías esas piernas
y esa piel erizada en el frescor.
Y hasta los dedos del sol en la espalda y en los hombros,
bajando hasta enfriarse en los muslos sumergidos.

¿Quién puede olvidar
el olor del monte que llegaba hasta aquí?
Olías como el monte, como sólo el monte puede oler
si lo atraviesa un arroyo a la siesta.
Olías a lantana o a malva. Olías a verano
y toda el agua transcurría entre tus piernas,
y todo el verano transcurría entre tus piernas
erizadas cuando te alimentaba el deseo,
y con migas de pan
la intranquilidad de las mojarras.

seis

Estás sentada en la misma piedra de otros veranos.
El río pasa entre tus piernas. El viento
vuelve hasta tu pelo y tu cuello.
Esta noche habrá plenilunio y descansará el viento,
el gran viento de otros mundos, errante,
siempre girando tibiamente en estas piedras.
Moverás lentamente las piernas en un remanso
a donde llegan a esta hora las mojarras.
Los últimos biguás vuelan hacia el norte.
Apenas mueves las piernas y miras el horizonte,
estás respirando todo el horizonte
y en tus ojos el río cambia de color,
del acero al bronce el río pasa a través de tus ojos.
Y entonces, sale la luna.

siete

Este vino no es el que bebías, Li Po.
En las piedras golpea como entonces el viejo río
y un biguá solitario nada cerca del muelle.
Las cañas de pescar cortan el aire, zumban
las brazoladas y caen con un golpe de aguas profundas.
Indiferente a los pescadores, el cormorán de río
se zambulle y nada.
La brisa avanza gris desde el sur. Este vino
no es el que bebías, querido Li Po.
Pero bebamos e invitemos al río a beber con nosotros
porque ha llegado la luna
erizando apenitas el agua,
y hace como mil años que el biguá se ha marchado.

Concordia, 1999
*****************************

Cuando mi padre comía flores

La visita del alma fue entre dos pinos,
rendidos de tormentas y calandrias...

Yo supe colgar allí un pizarrón
donde escribía haikus al modo de Matsuo Basho
pero el rocío de las noches insistía en desteñirlos
o corregirlos, que es casi lo mismo,
y la noche en que madre olvidó descolgar el pizarrón
llovió más que nunca esa noche;
el mejor de los versos se perdió entre las agujas de los árboles
y a la mañana padre miraba con sonrisa en sus ojos
y le daba al martillo enderazando fierros
que después serían antenas de TV o cabreadas.
Pero eso fue antes de que empezara a comer flores.

Para cuando empezó a comer flores
elegía la más sabrosa de los gladiolos,
y como quien no quiere al pasar robaba un pétalo;
las rosas, decía, son todo un bocatto di cardinale,
aunque las preferidas eran las más humildes,
el jazmín del cielo, la flor del trébol.

Eso fue antes del cáncer y los intestinos revueltos
cuando se complacía en cambiar,
desterrar o regalar los mejores helechos
creando odios interminables entre suegras y nueras
a causa de un culantrillo y algunas margaritas
comidas como lechuga en ensalada.

Ahora me visita, con una blusa azul de ferroviario del ’50,
con su gastado pantalón de sarga y una varita de hinojo en la mano.
Se sienta en el viejo banco bajo los pinos,
se rasca la cabeza y me pregunta qué,
el Chicho me pregunta con el gesto qué hice con la vida:
no la dejes a tu madre, me dice,
acordate de cambiarle el aceite a la cupé.

Distraídamente deja caer una mano de costado
arranca una florcita blanca y la mira atento,
estudia la corola cuatro pétalos el estambre rubio,
y la lleva a su boca, la mastica despacito.

En sus ojos pasan las nubes que pasan,
brillan como relojes andando para atrás.
El alma de mi padre sonríe por algo que no entiendo.
Todavía no entiendo. Sólo lo veo a él,
comiendo flores como en sus mejores días.

Octubre 2006

biografia:
Juan Meneguín
ha publicado “Cantos apocalípticos y otros poemas” [1987], “Ragas en la niebla” [1991] “Papel españa” [Plaquette, 1993], “Historia de la Aviación”, Ediciones Río de los Pájaros [Plaquette, 1999] y “Religión de Misterios” [Premio Fray Mocho, Editorial de Entre Ríos, 1999].

Dirige las Ediciones Río de los Pájaros, un emprendimiento editorial autogestionario e independiente, que es uno de los pocos existentes en el litoral, dando cabida a poetas y narradores de la Mesopotamia, con más de veinte títulos publicados.

Ha trabajado en periodismo gráfico, preferentemente periodismo político y cultural como también ha dirigido suplementos literarios en medios de la ciudad de Concordia.

En materia de política cultural y promoción de actividades culturales, Meneguín ha sido coordinador para Entre Ríos de las Ferias Regionales del Libro de Alvear, uno de las actividades independientes más importantes del país durante los años ’80.

Ha participado también en los primeros encuentros de integración cultural en el marco del Mercosur, durante los años ’91 y ’92 en Porto Alegre, coordinando el área literatura.

Ha participado además, en calidad de lector y expositor, en innumerables jornadas y encuentros, destacando la representación entrerriana en el Encuentro de Escritores de Asunción y Foz de Iguazú [1993 y 1994], el Festival Latinoamericano de Poesía [1995] de Rosario o el Festival Internacional de Poesía en Buenos Aires, organizado por la Casa de la Poesía de la Nación [2001], entre otros. Ha sido incluido en antologías de poesía en España, EE.UU y Brasil como la Mercosul/Sur Poesía, Ed. Tsché de Porto Alegre, en 1995, tanto en lengua materna como traducciones, y sus poemas han aparecido en medios de la provincia y del país.

A fines de 1998, y en un fallo unánime, los poetas nacionales Antonio Requeni, Víctor Redondo y Francisco Madariaga otorgaron a su obra “Religión de Misterios” el prestigioso Premio Fray Mocho de poesía, máxima distinción literaria de la Provincia, que además de la edición de la obra, dota a su autor de una pensión emérita a partir de los 55 años, único reconocimiento en el país a la obra de un poeta o escritor de provincias.

Es profesor de Castellano, Literatura y Latín. Licenciatura en Lenguas Modernas y Literatura ante la UNER: [inconclusa].

juan_meneguin@yahoo.com.ar

 

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