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Gabriel Reyes [Cnsul - Puerto Montt]
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
Biografia
PLEGARIA
[MS O MENOS URGENTE]


Diosa
de cristal,
desesperada.

Terrenal sirena acongojada.

Poesa,
levntate como Lzaro,
estllame tu verso
como un diluvio de fuego,
y quema la piel de los conformes.

Sumrgete en el bostezo acurrucado
de la butacas y las dietas,
y canta
la comn
unin de los mortales.

Asoma tu mirada en la muchacha,
hnchale sus pechos con el canto de la vida,
splale tu fuerza libertaria,
y cuntale al planeta de tu enrgico rechazo.

Despus de todo, poesa,
t no renunciars,
a pesar de la mscara,
del maquillaje on T.V.,
del alpinismo o el combustible,
de los sureos estertores de la lluvia
y de los desalojos que El Llanquihue
publica en sus portadas.

Vivirs aqu, con nosotros.

Mariposa doliente, cenicienta eterna,
peregrina urbana de casi todas la editoriales.

Relmpago silente, clvate
en medio de la noche,
pero clvate tambin
en medio
de la libertad de este mercado,
de su convulsin desenfrenada
y atraviesa como un rayo
el espasmo, o la indolencia,
o la epilepsia
econmica
del mundo.

ENUNCIACION

Mitad paria,
ermitao,
medio bestia,
algo humano tras los lentes y el paraguas.

Dos mitades fundidas en la luna de un espejo.

Oficio de hombre y de todo,
horrible o terrible,
virtualsimo con mis defectos
de carne y esqueleto.

Ambidiestro de las fintas
en montaas de telfonos,
nadador, velocista, tranqueador inagotable,
medio arquelogo, internauta,
medio vivo, medio muerto,
de repente medio nada.

Sofisma imperdonable entre la carne y el sueo.

Medio malo o medio bueno:
la misma lengua retorcida con su buril de fuego.

Dos mitades en mi oficio de poeta,
antesala expuesta de todas mis perversidades,
efmero estallido de la sonrisa al verso,
pero nada comparado al huracn de mis pasiones,
horrores, en el filo descarnado de mi pluma,
destello apenas de un relmpago gigante.

Destino de suprema ambivalencia
urdido tras el eco sordomudo del discurso,
penitente de la espada, del garrote y el filigrana,
medio vivo, medio muerto,
caminante transitorio,
eterno prfugo de m mismo,
a cuestas, con mi bal de urgencias.

Tras la mitad de mi mscara
rebano la maraa incorruptible de las horas,
por el ojo bueno viajan hasta el alma,
por la otra fisura instalan su propio infierno.

Tras la mitad de m mismo
abro puertas, odos y sentidos,
engullo losas, cubro fosas, [c NN incluidos]
urdo la nube oscura de planes asesinos,
devoro estados,
jefes de todo tipo,
cierro y encierro noticias y primicias,
cambio y recambio la lnea de la historia,
la embarullo o la destruyo
como un dios de arrogante antologa.

De pronto, inesperadamente,
ante la mitad exacta de mi asombro,
como una estrella de TV, retorcida,
dolorosa como una dentellada
la imagen del coloso se desploma.

En el otro extremo
se acurruca el sopor con que escucho el noticiero,
la ansiedad con que espero el bombardeo de turno,
y la rplica de la rplica
en algn remoto y oscuro lugar del mundo;
-Asquerosa excitacin danzante
tras el frentico delirio de las luces.-

Aturdida,
mi pobre poesa,
todava con su estirpe inclaudicable de guerrera mitolgica,
me desata detrs de los fantasmas olvidados,
debajo de la alfombra y la censura
con que hoy se cubre a Honduras,
Irak o Afganistn.

All se queda mi alma
mordiendo polvo de tercera,
Muda, como la foto de un tabloide.

Complicidad al menos de la mitad de las distancias,
de la mitad de las agencias noticiosas,
de la alinina amarilla y el formato digital.

Sin vacilar marchar,
alineados,
irrestrictos,
slidos ajedrecistas,
justicieros galcticos
del invencible soldado universal.

Ni horrible ni terrible,
despus de todo el bien y el mal
recurre justo en la mitad de nuestros corazones.

As, de la media furia a mi remanso,
y viceversa,
de la clida sonrisa
a la telrica trastienda de todas mis visiones.

Viaje o viraje, en fin,
en este limbo se puede sacudir la historia,
succionar la histeria del paraso occidental y sus desfiles,
del fanatismo integrista y sus derrumbes,
de la crtica objecin de los laureles,
a la mitad de los sentidos,
harapear las vestidura ms querida
del mejor buen ciudadano,
ac se puede desnudar al alcalde, por ejemplo,
[impecable de sonrisas y de bondades]
en el mejor protocolo matutino,
asquear el buen show y el mejor reiting,
sin ensayar tan a menudo la muerte de mi hermano.

Media noche y media brocha
con su penacho latente.
Medio escenario, medio planeta
danzando por las sienes.

Desbocados portones somnolientos,
porfiada carrera hacia el olvido,
ellos guardan los ocultos temblores de la tinta.
Medio claro, medio oscuro,
lejanas convulsiones y osadas.

Medio rictus retorcido
en las races vanidosas de la gloria.

Pero entonces, al menos entonces,
slo frente a mis temores,
mis mitades,
slo enfrente
de la hoja que me espera,
afino de nuevo las agujas, nuevos hilos,
hilvano partes
de lo que humanamente pude ser un da,
y en un acto de indmita belleza, reconozco
que por mi pluma
muere al menos la mitad del eufemismo
y nace entero,
medio malo, medio bueno,
medio espacial, evolutivo,
hologrfico y futuro,
pero nace y
brota verdadero
como un grito
mi poema.

AUSENCIA
[Gabriel Reyes, chileno]

Ya no es tiempo
ni siquiera de recuerdos,
me saben a ecos grises
como el sonido hueco de mil campanas turbias;
telaraas de un ocaso repentino
que revientan el armario con sus botones de barro.

Ya no quiero los recuerdos
ni el trueno y su frentica velada
bruido con su lustre y su disgusto.

Me qued parado como un reloj antiguo
con sus versos de voces miserables,
enredado como un pez
en el extremo rugoso de la rstica aoranza.

Ya no puedo dibujarte consternada
sin ms patria que tu risa y tu nostalgia.

Atravesada la memoria y los gemidos
herida de candados y de lluvia
de avellanos y cruces desoladas.

Un murmullo de araucarias se me empina
en un susurro de olores florecidos,
pero quietas, como estatuas inmoladas
con su grito de piones sosegados.

Ya no quiero los recuerdos
con sus venas de tinta retorcida,
de plegarias y condenas;
desmemoria de la sangre
en el xido extraviado de cantos sumergidos.

Sin rumbo ni caminos,
slo el eco del olvido se complace
en el festn de la carne y las campanas
con su hedor de hilachas subterrneas
en el centro itinerante de la tarde.

Inutilidad de estas plegarias
bajo el lomo acerado de la espera,
ajeno en su buclico andamiaje,
con su beso de clida frescura
que me recibe con su blsamo y su venda
mientras camino como un fantasma,
por las calles de Comodoro Rivadavia.

Era tan chileno
antes de llegar hasta los confines del viento enfurecido,
ahora no s
si ser otra vez el hijo nuevo de la tierra,
henchido de sol y pjaros de mimbre
revoloteando un canto de vino rojo
junto a la mesa de mi padre.

Ahora apenas
soy la sombra de un soplido,
borrador incompleto de mi mismo,
inconcluso de gritos y silencios.

Un dolor de arrayanes me reclama
la tierra diluida de mis ansias,
me dibuja un halo extrao
con su canto marchito de trigo y amapolas.

Ya no quiero los recuerdos mordindome la carne
como una cuchillada de horrorosas esperanzas.

Era chileno hasta la rabia
junto al rio, bajo el sauce,
con su beso clido entre hileras de tomates,
sabroso de estrellas ondulantes,
de mares conjugados
en la noche surea de mi tierra.

Despus,
slo fui poeta,
ciudadano del mundo,
con su equipaje de faltas
y su remolino de calle escurridas.

Se me escaparon los aos,
incorregibles de luces y palabras
con su raudal de de chinchineros y banderas.

De vuelta quiero ser chileno,
a pesar del estigma,
y la bulla del silencio
danzando sobre el techo de mi casa
como un ro furtivo de sombras revoltosas.

Patria ma:
mejor que los recuerdos
tu presencia,
mejor que los dolores
tus olores,
que los cursos y discursos,
que la spera cancin
entre los tornos y retornos,
que las mesas y promesas.

Mejor mi Chile antiguo.

En fin, trivialidades.

El de ustedes
puede ser muy diferente.

Biografa:
Gabriel Reyes
nace en Angol el 22 de marzo de 1956, donde realiza sus estudios hasta titularse de contador en 1975. Desde pequeo siente un entraable apego a la poesa, donde gana un par de concursos escolares. En 1983 ayuda a co-fundar la filial Angol de la SECH y participa activamente en programas de radio relacionados con el quehacer cultural. Escribe para el diario local diversas crnicas sobre escritores y libros. A fines de 1984 emigra hacia Argentina, donde participa en encuentros poticos de comodoro Rivadavia, y ms activamente en aquellos ligados a Chile Democrtico. Estudia comunicacin social en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, sin terminar, las ansias de volver a Chile lo retornan en 1990 para radicarse en Puerto Montt.
Desencantado, se ha mantenido casi en silencio desde entonces, hasta ahora.

jcg@surnet.cl

 

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