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Mariela Loza Nieto
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia
Un orgasmo que ganar

Mi tctica es hablarte y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

Mario Benedetti

Podra intentar una sextina ertica,
de la lengua, cuando explora, arriesgar un soneto,
con las humedades incendiadas improvisarle carne a una loa,
auxiliarme en la hiprbole e hilvanar placeres de leyenda.

Quin sabe?
Quiz la resulta no fuera mala del todo,
con un poco de suerte, tampoco mera fantasa.

Podra intentar hacerlo tan escandaloso
que ruborizara a la mismsima Xochiqutzal,
enloquecerlo con onomatopeyas,
anstrofes dionisiacas y lubricidades,
pleonasmos ardientes,
un polisndeton excitado,
anforas delirantes,
y el ritmo, absolutamente desenfrenado,
digno de asfixiar puntos suspensivos y censuras:
pareados, cuartetos, sextillas.

Todo un alboroto.
Una apasionante algaraba.

Podra intentarlo.
El problema son sus ramificaciones ms salvajes,
las ligaduras que estn cerca de sucumbir:
hoy casi son una nostlgica elega.

Tristes tendran que ser las voces de su composicin.
Cmo hacer gozosas rimas?

Si aun cuando a sus ancestros les debemos el placer,
se extingue el fuego entre reptiles.
Slo versos fnebres para la pasin enroscada de las anacondas,
y sus lenguas bfidas incitando al romance,
y la fragancia que las mantiene retorcindose enardecidas.

Penosos vocablos narrarn el sentido bifurcado del lagarto gila,
lastimeros, el contoneo rtmico de dos salamandras,
de la noche en que copulan, de la tierra en que se abrazan.

Por el momento, no puede ser de otra manera.
Desconsoladas poesas tendran que ser.

Slo tristeza y muerte el capital est enraizando,
las humedades se secan, el glaciar se evapora,
la lluvia cida todo lo quema y se une al NAPALM hambriento.

Y en las selvas la excitacin de la ley de oferta y demanda somete,
y su expansin todo lo desertifica, todo lo arrasa.
Y la ley de la mayor ganancia en los mares mancilla.
Y todo lo enajena y todo lo corrompe.

Para la vida y el placer, naturalmente,
slo haran falta secreciones y bamboleos,
pero hoy es tan incierto el arco iris del sexo y sus ramas salvajes,
que pronto no se podr escribir, sino en tiempo pasado,
de caricias sobre el lomo, trompas y hocicos entrelazados,
miradas insinuantes, correteos.

No habr ms encendidas romanzas salvajes,
no coloridas plumas, no seductores vuelos.

Si as siguen las cosas, en pasado tambin se hablar
del aroma a hembra yaguar ungido en los rboles,
de su seductor tornear el cuerpo sobre la tierra,
del rugido penetrante y el seseo.

Ni sextina ertica,
ni soneto,
ni placeres de leyenda.

Si en este momento intentara un cantar a las delicias del deseo,
no podra ser una rapsodia amorosa,
ni novela de fuego: epitalamio sera.

Incluso de cualidades dulces,
construida con delicadas insinuaciones,
y aunque perfumara rimas y voluptuosidades,
y escribiera verso de pie quebrado a los cuerpos cavernosos.
Y aunque adornara letras y flujos y gemidos y vaivenes.
y de las contracciones de membrana hiciera metforas puras..

Aun cuando con esmero cultivara un perfecto castellano;
y aprendiera reglas gramaticales,
recursos literarios,
ortografa.
Aun con palabras rimbombantes:
sera un epitalamio, triste como elega.

Entonces, el problema: ocultar las verdaderas relaciones.

Y.

Con qu eufemismo suavizara la relacin carnal,
entre un macho proveedor y 'SU' hembra-esclava domstica-objeto sexual?
Y las relaciones de produccin obrera-patrn?
De dominacin trabajadora de la tierra-cacique?
Y las relaciones empleada domstica-patrona?

Y las de un cuerpo que pare y cra fuerza de trabajo
y aquel que lo golpea y humilla?

Con qu eufemismo?
Cmo se ocultan las relaciones:
acumulacin del dolor-desacumulacin originaria de capital?
Y las diferencias entre ser atacada por frivolidades de palacio,
o ultrajada por militares en la montaa?
Y la pornografa?
Y el canto de gesta que componen las presunciones flicas de un General?
Y las ansias descontroladas de esa red internacional de pederastas que se llama 'Clero'?
Y los trabajos de mujer que se cuentan en 'horas-hombre'?
Y sus sudores que se malbaratan o niegan?

Si hiciera el intento.
si intentara poetizar al erotismo,
tendra que esmerarme:
cultivar palabras y silenciarlas,
aprender a disfrutar dolores de corazn versificado en cabo roto,
extirparle a las letras la sangre y carne y la humanidad y el sentido.

En este momento, no podra ser de otra manera:
con slabas aumentar los senos, hasta convertirlos en verso de arte mayor?
Utilizar un zeugma simple que redujera abultamientos de abdomen,
nuevos tropos literarios incrementando el volumen de las caderas,
una sinalefa para estrechar cinturas, y, a toda costa,
evitar figuras de dilogo y argumentacin.

Hoy no puedo escribirlo.
Sera un garabato sobre relaciones carnales de un hombre y 'SU mujer',
o de los deseos reprimidos de una esposa, de la 'seora de.',
o del cuerpo de 'puta' a quien slo le respetan el apellido paterno.

No quiero!
Para qu escribir el epitalamio que cante a la 'unin' y reproduccin
del hombre que, para intercambiar en el mercado, slo tiene su fuerza de trabajo.
y la de 'SU esposa' y la de 'SUS hijos'?
Cmo ocultar la relacin: monogamia-proceso de extraccin de plusvala?

Y el contrato matrimonial con el desasosiego?
Y las mujeres que para amarse refugian la piel en un escondrijo?
Y el hombre asesinado porque con otro hombre comparti el placer?
Y los desprecios y explotaciones que cuando se es mujer se multiplican?

Hoy no puedo escribirlo.
No quiero.
No habra forma para adornar un deleite que no puede ser sincero,
si se trata de olvidar que se revuelcan algunos sobre el lujo,
tragando sudor ajeno.

Hoy no.
Seran genitalidades en s y no erotismo para s.
Porque nunca es natural un apareamiento en cautiverio.
Ni en un bosque tropical al que exprimen la ganancia y slo muerte dejan.
Ni en los satricos hedores de la especulacin.
Ni sometida a los arpones mordaces del monopolio.

En este momento, no podra ser de otra manera.
Terminara negando la alfaguara del placer,
y la palabra de antiguas rocas que cuentan sensualidades humanas.

Y olvidando las opresiones que,
mientras se estancaba el paso trashumante,
desnaturalizaron al menstruo.

Tendra que esconder, entre renglones,
las propiedades privadas que nacieron sobre muslos y herramientas
cuando el ser humano se arraigo, como las semillas, en la tierra.

No quiero escribirlo hoy,
ahora que la mujer y sus cadencias tienen precio
y en el mercado se descontinu el corazn al fmur de hombre.
Y est extinguiendo los amores,
y cuando penetra slo deja marea negra,
y manantial intoxicado,
y sabanas destruidas,
y arrecifes derrumbados.
Y dolencias.
y exhumanos.

Hoy no puedo escribirlo:
tendra que amputarle la tibieza.

Hasta que se unan en cpula perenne el erotismo y la esperanza,
y aticen con sus placeres las horas-fuego.
Y les arrebatemos nuestro cuerpo:
desprivaticemos las caderas,
quitemos el 'gnero' y el nmero al goce.
y lo androcntrico a los besos.

Hoy no quiero,
primero tenemos que expropiarles la poesa,
abolir las horas-hombre, convertirlas en horas-ternura,
anular incrustaciones, colonialismos y celibatos,
sermones, virginidades, nacionalismos, reprimendas.

Primero tenemos que suprimir la perversin del plusvalor.
Desposeerles los medios para producir y reproducir satisfacciones,
y perder lo nico, las cadenas:
extirpar este epitalamio coreado por capitalistas y patriarcas.

Si ahora slo se riman amarguras y miserias y horrores.
Si todos los endecaslabos son sangrientos.
Hoy no me da la gana escribirlo.

A menos.
que tu vientre el pergamino sea,
y que nuestros placeres de carne y corazn y esperanza,
una barricada de amor inflamen.

A menos.
Que sobre tu cuerpo sea,
y que unidad tctica de humedades y de sueos sea.

Parto inconcluso

. no me pida poemas de amor,
cuando quiero cantar la verdad,
es la vida la que hay que enfrentar,
yo no puedo esconderla en la flor.
Al Primera

Una noche quise medir slabas.
Juro que intent: una, dos, tres, cuatro.
y luego.

Tropec con cordilleras,
y estaban emponzoadas con campos de entrenamiento para asesinos.
De tu miseria se alimentaron, Honduras.
Oligarcas artillados, ejecuciones selectivas, tortura sistemtica.
y tus frtiles llanuras, acorazado del terror.

Cmo hacer un verso?

Si arrasaron tu tierra ardores y desolacin;
alas de quetzal mutilado eres, Guatemala.
Agua Fra, Panzs, Ro Negro, Xeatzn;
tortura y alarido y cuerpo desfigurado y violacin.
etnocidio.

Un verso? Cmo?

Si la carne se incrustaba entre pas de alambre.
Es tu corazn ro ametrallado, El Salvador.
Mozote, Sumpul.
y la entraa de mujer cercenada y los lamentos
y triturada la lengua de hombre. y la impunidad.

Se podrn rimar los endecaslabos?

Cuando azotaban a manera de escalpelos voraces,
te caminaba esperanza entre la hemorragia, Nicaragua.
'contras', boicot a las cooperativas,
atabales y sonajas saqueadas,
cuerda de ambar hecha carbn.
Apualaron por la espalda a la alegra.

Intent contar, lo juro!
Una noche quise del amor hacer soneto,
ni siquiera esperaba que fuera demasiado hermoso, demasiado bueno,
pero las selvas. flageladas, sangrantes.
Una noche quise...
Y la montaa zaherida, moribundo el bosque.
Lo intent, juro que quise hacerlo!
Pero. la habilidad malograda.

Nunca conclu.
Y las brasas estaban ardiendo,
y no faltaba el amor.

Lo impidieron las lgrimas por el dolor
de las pginas que de la historia ojeaba,
hablaban del ro sanguinolento agredido por tierra y aire;
de la crvix de una nia violentada por un escuadrn de muerte,
de la arboleda que destroz el paso de la extrema crueldad,
de la selva devastada, entristecida.

De la expoliacin,
del mar destripado para quitarle el agua al pez,
del maz que no germina en tierra podrida por Boinas Verdes,
del manantial envenenado,
de la rfaga crepuscular.
de la noche.

Han sido las lgrimas,
y una habilidad que naci imperfecta.
o que no ha terminado de nacer. como nuestra alegra.

Eso es lo que lacera:
las contracciones tormentosas de un parto inconcluso.

Una noche quise hacerlo, juro que intent!
Un soneto de amor.
Pero se complic el alumbramiento,
y me despedac contra algo que no puede medirse en slabas,
sino en atrocidades: 'Operacin Centroamrica'. Made in U.S.A.

Mientras me desvanezco

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
Mario Benedetti

Entonces todo era diferente:
mis ojos, la desnudez,
los sudores del aire,
la luna menguando,
nuestro silencio.
la madrugada.

Promet no acordarme;
pero mirando por la ranura que deja la venda floja,
en este breve hlito de soledad,
la luna menguando es quien socorre
para tenderle una trampa al dolor,
lo que ayuda a recordar quin soy, quin eres;
a humanizarme. y al desvanecimiento.

Entonces, la desnudez era distinta.
Wagner no ocultaba tras sus notas un alarido.
La oscuridad me situaba en tiempo y espacio;
el misterio era regazo, abrigo.
y yo auguraba ansiosa de dnde vendra la caricia.

Ahora no es oscuridad ni es misterio:
tinieblas y zozobra es,
y, bajo la capucha, hay que presentir de dnde llegar el siguiente golpe.

Todo era diferente.
Entonces, el roce tuyo provocaba vibraciones,
ahora, creerte cerca, consterna.
En aquel momento me estremeca escuchar tu nombre.
hoy, me desvanece.

Aqu no te quiero.
Aqu no.

Porque aqu no es desnudez sino despojo,
es el desgarre y grito.
La intimidacin.
Los orines en la cara,
insultos, fracturas.
cido en los ojos.
Los riones explotados a golpes,
cerebro suspendido,
una mordaza escaldando la boca.
El suplicio que arquea cuerpos.
Lamentos ajenos, heridas propias.
La picana.

Aqu no!
Porque aqu no es tu voz y no es mi nombre.
Un nmero me asignaron.
y cuando lo escucho,
s que es mi turno en el cuarto de tortura.

Aqu la paradoja:
Est una muerta y duele la carne como si estuviera viva.
Se recuerda una para no acordarse.
La soledad temprana se convierte en coraza infranqueable,
en ventaja nica: en fortaleza contra las debilidades.

Y entre lo irreconocible:
la cara desfigurada y el cuerpo famlico y roto.
tiene uno que explorar profundo, y reconocerse.

Abren la reja de l.
Su sonido es la amenaza.
De quin el turno?

Examino las botas:
el especialista de la picana elctrica.
l se cree un heroico patriota,
est convencido de que es buen cristiano:
se jacta de rezar todas las noches por la salud de Videla.
Repite constantemente: 'separar la hierba mala del trigal;
separar la hierba mala del trigal.'
mientras me quema el abdomen con su cigarro.
Luego se va.
Otro llega.

Asegura que no le gusta lo que me ocurre.
Propone terminar todo:
mi desaparicin, el encierro, la tortura.

Pero, para eso, tendra que ayudarlo un poco,
dicindole, por ejemplo,
dnde se esconden los exiliados chilenos.
o el mecnico y la maestra,
quin y dnde el que escribi los versos.
De m no sospechan, sino de ti,
les resulta increble que los haya escrito una mujer.

Me pregunta si no me gustara casarme,
un par de nios. un hogar.

'Mrate aqu, tan joven y como una piltrafa.
y ese 'bicho colorado' - adems extranjero! -
de ti ni se acuerda, estar fornicando con otra.
Habla! An puedes recuperar todo lo que perdiste.

Todo, hasta las cosas ms simples!
Te gusta caminar de noche. lo hacas muy seguido!
no lo deseas?

Si confiesas podras. no como antes claro.
no como vergenza social!
no a poner en peligro la paz del pas,
ni a envolverte en acciones sediciosas,
ni a repartir papeletas.
Tus pasos tendran que ser dis-tin-tos! Muy distintos!

.Te quiero ayudar. personalmente no tengo nada contra ti,
al contrario. jurara que fueron las malas influencias.
tal vez si hubieras tenido un padre, una madre, hermanos.
no s. alguien que te aconsejara!

.De eso se aprovech verdad?
De que estabas completamente sola.
Ay, mujeres, mujeres, cualquier trovadorcillo arrabalero las enloquece!

.Pero puedes enmendar tus errores,
casarte - con un amante de la patria eh -,
pasarnos informacin de cuando en cuando,
contribuir al Proceso de Reorganizacin Nacional!
.Formar una familia, conseguir nuevos amigos,
gente decente por supuesto.
En m, por ejemplo, podras tener uno.
si comenzamos claro, por ser colaboradores de trabajo...'

Vomit. El otro vuelve.

Trajo vino y festejaron la inauguracin de su 'nueva casa',
se oa el choque de copas mientras me amarraban para empezar la tortura.
Brindan por el que era mi departamento:
ahora es de l.

El 'estercolero de libros' que haba ah
- y que ya carboniz, aclara -,
lo terminaron de convencer:
est seguro que en mis entraas nace la subversin.
y ha trado ratones para carcomerlas.
'Van a matar el cncer del marxismo que traes adentro'

Y se me ahogan en horror los caminos de arterias!
No lo soporto!
Qu paren!

En un instante de lucidez, jerarquizo informacin:
me preguntan por mis cmplices.
y lloro, y me desmayo...
Me despiertan, vuelven a preguntar,
y sigo llorando y me vuelvo a desmayar.

El manual que Kissinger les prepar no sirve para entender esto.
Tampoco el entrenamiento que durante aos
recibieron en la Escuela de las Amricas.
No comprenden que estoy confesando.
Aqu esos son mis cmplices:
Mi soledad temprana, las lgrimas, el desmayo.

Ni siquiera el sacerdote que los acompaa lo deduce.
Recrimina:

'Has sido contaminacin, vergenza, enfermedad social.
Arrepintete!
An puedes salvarte de la excomunin!

Confiesa!
Inmolarse as por una escoria?
Quieres condenarte ms?
Dilo ya por todos los Santos!'

Y otra vez la electricidad, y me convulsiono.
Y otra vez tu nombre. y me desvanezco.

Despert por los gritos de una obrera recin 'chupada'
- as le llaman aqu a la desaparicin forzada, al secuestro -.
Estaba nuevamente con el que hace proposiciones.

Ahora me presume un libro de versos:
'Te gusta? T estudias literatura, no?'

Dice que va a leer la nota principal de un peridico:

'Le agradec personalmente el golpe del 24 de marzo,
que salv al pas de la ignominia,
y le manifest mi simpata por haber enfrentado
las responsabilidades del gobierno.
Yo nunca he sabido gobernar mi vida,
menos podra gobernar un pas'.1

Me da golpecitos con un dedo en la frente,
y remacha cerca del odo:

'Jor-ge-Luis-Bor-ges habla sobre el General Rafael Videla.

Qu necesitas para entender
que ests del lado equivocado?'

Luego lee otras palabras y suspira.

'Ah, el excelso Borges!
Majestuoso, no crees?
Esto s que es poesa!

.Habla ahora.
por el momento.
puedo dejarte el libro, cambiarte de celda,
arreglar que te den buena comida...
podrs ducharte - sin que te espen -
y no habr ms ratones ni picana.
luego, otra vez a la calle.

Qu tal otra casa? Una ms grande!
- la puedes elegir antes de que chupemos a los dueos -
Te gusta acostarte en el pasto.
podramos darte una que tuviera un hermoso jardn.

.Dime bonita:
Dnde est la sabandija que se cree poeta?'

Vomit. Endurece el tono.

'Es tu ltima oportunidad.
Quieres el libro de Borges o quedarte aqu,
a lamerle el culo hasta a Massera?'

Volv a vomitar.

En mi cuerpo nos castigan la esperanza a todos.
Hasta el aire es pestilente ultraje,
el terror todo lo desnaturaliza:
convierte la sexualidad en tragedia.
Violan el cuerpo para erosionar el sueo que lo habita;
en la posesin, pretenden vulnerar,
humillar el canto de la utopa nuestra.

Aqu es slo eso: una posesin.
Me dijeron entre risas:
'Ya que no te gusta la propiedad privada,
aqu, vas a ser de todos.'

Arrancan la ropa entre insultos y siguen el escarnio.
esas manos queman, dan nauseas.
su jadeo es como gangrena.
Y se sacian.
Y la impotencia y una repugnancia insoportable.
Y otra vez vomitas, y otra vez te cuecen a patadas
mientras entre risas repiten:
'.vamos a ver si siguen escribiendo panfletos,
ahora que las socializadas son sus perras.'

No es slo la embestida de testosterona hambrienta,
quieren extender el ultraje,
hacerlo ms colectivo de lo que multitudinario es;
llevarlo ms all de las membranas:
destriparle el corazn a nuestros pasos.

'Nosotros somos Dios' taladran al odo.
Los alardes confirman: aqu es el infierno.

Por eso, escucho tu nombre y me desvanezco.
Lo decid mientras me trasladaban por aquella carretera,
y cuando atrancaron las puertas de la ESMA
y arrojaron la primera orden:
Levntate perra.avanza!
Con los pasos que caminamos la luna,
hice a la lengua un sortilegio.

Abrieron la reja de l.
Tras, tras, tras.
Pasan de largo.
Se la llevan.

La secuestraron junto a su esposo,
para que el padre de l se entregara.

Del pan que a veces le avientan,
guard un poco y lo acercaba con sus pies a mi boca.
se dieron cuenta.

Nos maniataron a un tubo en el techo,
as pasamos toda la noche,
bajo la llovizna que se alucina afuera,
pero que no calma esta sed.

Aqu, un pedazo enmohecido de pan
y una gotita de agua, es manjar prohibido.
Para ella, termin ese escarmiento
cuando el vientre se le dilat y contrajo.

Su hijo naci aqu.
y se escuchaba el llanto del nio recin parido,
y los alaridos tortuosos de su pap.
Y lloraban la madre y el nio.
se lo arrancaron de las entraas an sangrantes,
y les imploraba por Dios! que no se lo quitaran;
le escupieron otra vez: 'Dios, somos nosotros'.

No s que fue del beb,
tal vez nadie sepa nunca...

Ella todava pregunta, implora, ruega.
a pesar de conocer la respuesta:
una patada en el vientre.

Nunca los habamos escuchado suplicar.
slo entonces, por su hijo.
y cuando oigo sus lamentos,
quisiera compartirles mi coraza,
mi ventaja nica y fortaleza:
la soledad temprana;
esa seguridad de que no pueden
extender el tormento ms all de mi carne.

Aqu no te quiero!
Nada es igual.
Nada.

La luna est menguando,
como aquella madrugada.
Todo era distinto entonces:
la desnudez, la msica, el fro, mi historia.

Entonces era ser humano.
mujer y compaera.
aqu, en el 'chupadero', me dicen la 609.
o la 'puta del tupamaro',
como me llama el mdico encargado de revivirme,
despus de la sesin con el verdugo.

Mientras me torturan slo deseo la muerte:
que la picana atraviese el tero, llegue al corazn,
lo queme y detenga para siempre;
que los pulmones no soporten ms el agua ftida del 'submarino';
que el desmayo sea cmplice eterno,
o me apliquen la Ley Fuga,
o sus tcnicas de reavivamiento ya no les sirvan.
o que cumplan su amenaza y me arrojen viva al mar.

Otras veces, como hoy,
cuando por la rendija aparece luz de luna,
quisiera una flor de amaranto:
ser una hembra yaguaret rugiendo solitaria en la montaa,
penetrar de una gruta los entresijos.
zambullirme en un hontanar de la tierra.
O encaramarme por la corteza de un rbol,
y existir ah, de noche, sigilosa, agazapada.

Tal vez mariposa diurna con el arco iris dilatado en las alas;
quiz liblula, una hembra colibr;
revolotear serena en un pleamar de flores,
o, mejor an, arrullarme en la bandada rumbo al pilago.

O salamandra.
y reptar en la libdine senda que me abri tu cuerpo:
que tus humedades sofocaran las heridas.

Bosquejarte con la lengua, allende el vientre,
la pasin subterrnea que entrelazan los dedos,
amartelarnos en el vaivn de mis cavernas,
y mientras me exploras, escuchar, con esa terneza tuya, mi nombre.

Y entonces recuerdo las hendiduras.tu respiracin.
el hechizo placentero.
Carne y sangre y corazn y fuego.
y en la seduccin, enredarle las piernas a la utopa posible,
a lo cardinal, a lo primero.

Pero en el cuarto del martirio,
son los pasos que caminamos la luna,
quienes me ayudan a no acordarme:
ni del tango de Discpolo que tanto nos gustaba,
ni de nosotros el lugar secreto,
ni de tus manos y sus actividades,
ni de la madrugada y nuestra danza.

La reja de l se abre de nuevo.
Se acercan.
Tras, tras, tras, tras.
Ahora vienen por m.

Y otra vez, en mi cuerpo, nos castigan la esperanza a todos.

Y el dolor perfora la carne.
Qu me desmiembren de una vez!
Qu esta hemorragia ahogue!

Y se me crispan las venas,
y me retuerzo
y lloro.

Y el sortilegio en la lengua.
Vete!
Los glaciares que un da te dieron calor,
ya no pueden ms besarte:
con un nuevo exilio tendrs que intimar,
botas militares estn violentando la Tierra del Fuego.

Escala el viento blanco del Aconcagua!
Emparejar tu sombra con el omb no es ya suficiente,
vete!

Atraviesa Chile,
bordea por los ros su delgadez,
esquiva en su angostura a la caravana de muerte,
explora entre el fro y los guijarros andinos,
donde las bestias de Pinochet no te desgarren.

A Uruguay no regreses,
aunque sea nostalgia de bosque ribereo tu aliento.
Versifcale la sangre a sus moreras, a una acacia.
a la travesa subterrnea de aguas dulces, y vete.

Incluso en el llanto y la nostalgia,
que los pasos que caminamos la luna no detengan su silenciosa marcha.

Trepa un mangle, ocltate en la hojarasca,
disimula tu rostro en la marisma.
No interrumpas la marcha en Paraguay:
Stroessner Matiauda ah acecha.
Busca la fraternidad del desposedo,
por las colinas boscosas del guaran.
Y vete!

Cuando pases por Brasil no te quedes en la ciudad.
Los dictadores andan a la caza...
Sumrgete en la selva,
que te abrace la solidaridad del caimn.

Ms lejos! Camina. Ms!

Deslzate en silencio por Bolivia:
Banzer le est despellejando el cielo.
Elude la emboscada militar!
Que tu refugio sea el colorido del paraba,
de la vicua el pelaje,
la quena de un minero.

Y si paras en Venezuela, Colombia o el Per,
cuidado con sus cancerberos!

Explora como un camalen los barrios,
amprate monte abajo, donde de amores y amigos se sabe.
Guarda al corazn en el serpenteo de la yarar,
en un coral, gurdalo.

Por las enramadas del yaguar obsidiana anda.
Transfrmate en bamb,
se bano, se quetzal.

Del que nada tiene busca la querencia,
llega donde el lagarto enchaquirado y la serpiente cascabel,
aparjate con el despojado de la tierra.

Ve por desiertos de hielo,
arrecifes y caadas y bahas y volcanes,
mjate en una cinega,
a la noche desandale el cabello.

Pero nunca, nunca te atajes cerca del Pentgono!
Ese es el bastin, el origen,
el ncleo ptrido de esta bestia:
descorazonaron a un ave,
usurparon su nombre,
le robaron el vuelo.
Del Terrorismo de Estado han
hecho una confabulacin internacional.
'Operacin Cndor' la llamaron.
Vete lejos! Que no te alcancen sus garfios.
Qu no te despedacen!

Llvate en la mdula lo que somos:
Los pasos que caminamos la luna.
Y algrate amor!
Qu en tu piel se aloj nuestra sonrisa!
Reaparcenos como un florilegio de poesa en el rostro.

Algrate, amor, baila!
Nuestro canto ser milonga, ser candombe,
verso libre sin firma ostentosa.
Eco de timbal, de guitarra las cuerdas, un romance.
Resonancia de caracol ser de nosotros el canto.

Simbralo contigo en la tierra.
Y luego florezcan, retornen nuestra silueta en la esperanza.

Simbrate en la tierra como cigarra.
Y luego brota, regresa y canta.

Vete, amor, mientras me desvanezco.

1. El 19 de mayo de 1977 Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Horacio Cerratti almorzaron con Rafael Videla, al salir fueron entrevistados por periodistas, en esa entrevista hizo la declaracin, fue publicada por diversos peridicos de la poca. Citado en www.lapatriagrande.com.ar, consultado 17 septiembre de 2007.

biografia:
Mariela Loza Nieto

Grado de Bachiller por la Universidad Nacional Autnoma de Mxico [UNAM].
Estudiante de la Licenciatura de Historia y Sociedad Contempornea.

Autora de los esbozos histricos: 'Cinega de Zapata, un cocodrilo aprende a leer en las trincheras' y 'Mxico: los naturales de la tierra'.

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la tierra, de la Red Mundial de Escritores en Espaol [REMES] y la Unin Hispanoamericana de Escritores.

Participa en la comunidad artstica 'Arte comunicarte'

Ha publicado en las revistas literarias:

Letralia, Tierra de Letras [Venezuela]
Konvergencias literatura [Argentina]
La hojarasca [Colombia]
Proyecto Sherezade Universidad de Manitoba]
Gotas de tinta [Espaa]
Transversales [Espaa]
Revista Cultural Tntalo [[Espaa]
Creatora [Espaa]
Sagarana [Italia]
Ariadna [Espaa]
Arena y Cal [Espaa]
Palabras Diversas [Espaa]

Colaboradora de la revista de literatura y humanidades Gibralfaro, [Publicacin Bimestral de Cultura, Departamento de didctica de la Lengua y la literatura, Facultad de Ciencias de la Educacin, Universidad de Mlaga, Espaa].

Publica en el espacio: Publica tu obra, UNAM:
http://www.tuobra.unam.mx/

Finalista en el XXV Certamen Internacional de Poesa y Narrativa Breve 2009 Editorial Nuevo Ser, Argentina]
Recibi accsit y mencin especial en el I Certamen de Relato Corto de la Revista Literaria Katharsis [2008].

papalotlmetztli@hotmail.com

 

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