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ngeles Fernangmez
Nacionalidad:
España
E-mail:
Biografia

REMOLINOS DE AMOR
[Al final de la escalera]

Orvalla miel desde tu boca a la mía
y me endulza, de tanto amor
que no me cabe,
que me rezuma, uno a uno, en cada poro
y te devuelve el sabor que me llovías.
Nacen sedas
en las yemas de tus dedos,
brota el mar
y nos moja de perfumes.
Madruga tu boca
a recorrer mi espalda
del beso que me pones en el hombro
y que alargas
y dibujas
y circulas
y humedeces
y entretienes
y regresas...

Morir un poco no me importa
si es el más allá de tus caricias
lo que encuentro,
si es tu daga amante
la que me penetra en el gemido
y me enreda en tu mismo remolino
de vértigo de luz, a toda vela,
devolviéndome a la vida, sana y salva
y, si cabe, con más fuerza.

HAIKU DEL PINTOR QUE PINTABA ROSAS COLOR SANGRE

Color de sangre
pinta el pintor la rosa.
Liba la abeja.

La miel es dulce.
Brillo de cera y luz.
Jalea de reina.

El pintor que pinta sólo rosas rojas está sentado,
cansado,
las manos en la nuca y la cabeza gacha;
la barba en la rodilla, las ideas en el bolso del chaleco
y las ganas de llorar aporreando las compuertas de sus lacrimales.
Así estaba el pintor aquella tarde,
así estaba casi siempre el pintor que pintaba rosas color sangre
-siempre color de sangre-
desde que vio a la muerte derramarse roja ante sus ojos.
¡Cuántas veces hubiera querido pintarlas amarillas, blancas..., o rosas rosa!
O algo que no fuera ni siquiera rosas,
como antes.
Pero no podía, no sabía desde entonces.
Aquella sombra triste le sangró de pétalos rojizos la mirada
y no supo pintar más que dolor, dolores encarnados,
no supo dedicarle a su recuerdo sino rosas rojas..., rojas,
siempre rojas y sólo rosas, rojas las rosas.
El jardín olía a primavera y una abeja se coló por la ventana,
se posó en el cuadro que no había secado todavía y comenzó
a libar con su trompa en los estambres.
Llegaron otras, más, llegaron muchas,
e hicieron luego su enjambre y su colonia en la esquina oscura del alero de su estudio.
El pintor dejó que se instalaran.
Aquel año tuvo miel dorada y dulce, panales de cera
que alumbraron de velas todo el alma devolviéndole el brillo que perdió en la noche.
La reina le ofreció el placer de su jalea
llevándole energía nueva al corazón en cachos. Una reina
se había colado en sus entrañas ofreciéndole el sabor dulce de la vida,
y un séquito de abejas bailó una danza nueva en su jardín de endrinas.
La casa de la miel y la jalea.
El pintor ya supo pintar rosas amarillas, blancas...,
y rosas color de rosa,
hojas verdes y tallos... Y otra rosa que salía de la rosa.
Y algo más que sólo rosas.

GALLO MANSO DE PELEA

La niña de los ojos grandes
apresa, en sus manitas, imposibles.
Deja caer, de los labios hasta el pecho,
algo así como el comienzo de una risa,
risa que recoge con sus manos hechas cuenco
y la esparce como polvo en unas alas.

Le caben besos en la cara,
le brincan sueños por el pelo,
le danzan versos que no ha escrito todavía.

Sabe poner las manos como conchas
y así, le llueven en sus huecos los milagros.
Transforma al gallo-toro en gallo manso,
le besa en la cresta y el plumaje,
le acaricia con sus dedos la garganta.

Caben misterios en sus manos. Y arlequines,
y ese gallito enano negro-iris,
también cabe. Peleón, su Quico, su tesoro.

Vino a embestir y la niña le besaba.
Y le besa como besa luego al gato.
Ese gallito que ella achucha
venía a la greña. Y en la batalla
ha ganado la ternura.

Le centellean los ojos al entrañable y bravo diminuto
y ella le ríe la gracia y lo transmuta en juego.
Esas manos olor de albaricoque
vencieron al gallito negro, puro nervio,
gallito de pelea besuqueado.

Y el gallo no la pica, la tolera,
la soporta y se deja ¡qué remedio!,
aunque al bribón se le note que le encanta.

Llegó en su condición de gallo fiero
y se fue como osito de peluche.
¡Ay, esas manos pequeñitas! Esas manos.

biografia:
Ángeles Fernangómez
Nacida en un pequeño pueblo de la montaña leonesa. Por León pasa su infancia y parte de la juventud.
En 1975 se traslada a Madrid, donde reside desde entonces, a excepción de un lapsus de tres años vividos en las islas Canarias.
El gusto por la escritura le viene de muy atrás, casi de niña; sin embargo, no comparte su escritura abiertamente hasta hace unos diez o quince años.
Si tuviera que elegir entre mar o montaña, diría que ambas cosas.
Si tuviera que elegir entre poesía o narrativa, diría también que se queda con las dos.
Es miembro de la Tertulia \\\'Versos Pintados del Café Gijón\\\', y cofundadora de la Asociación del mismo nombre, compuesta por poetas y pintores y surgida paralelamente a la tertulia, habiendo participado activamente, tanto en la preparación como con su propia poesía, en un buen número de expo-recitales con el grupo, llevados a cabo en lugares tales como la SGAE o el Ateneo de Madrid, entre otros muchos. También participa en la publicación del primer libro de la Asociación \\\'Versos Pintados\\\' y, en la actualidad, está en marcha la edición de un nuevo libro.
En narrativa ha copublicado dos libros de relato corto: \\\'Encuentros en Sambara\\\' y \\\'En una Ciudad lineal\\\'. Participa también con un relato titulado Quijotes del Gijón, en el libro \\\'El Quijote en el Gijón\\\', editado por el emblemático Café de Madrid, con motivo del IV Centenario de la publicación de la obra de Cervantes, libro en el que se encuentran obras de escritores y pintores de todos los tiempos, asiduos al Café.
Eventos y poemas en el blog \\\'Narrapoesía - Ángeles Fernangómez\\\'
Pluma invitada en la revista \\\'Sensibilidades\\\'
Mención especial en el \\\'I Certamen Jirones de Azul\\\', en la modalidad de poesía.
Finalista en el XIII Certamen de Poesía \\\'María del Villar\\\'
Mención especial en el Certamen \\\'Les Filanderes\\\' de Cuentos de Mujer

afernangomez@gmail.com

 

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