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Jos Valle Valds
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
Biografia

El Poeta
El rayo que no cesa
Miguel Hernández

Amar lo desconocido fue su violencia
su enfrentamiento, que los perfectos
no le perdonaron:
y se esmeraron en ganarle culpas
tergiversando, a conciencia, sus utopías
de ser inquieto a las normas y las fronteras
-que establece la monotonía de los viles-
en que nos desgastan
a sabiendas de los varoniles arriesgo,
juzgados al tiempo, ya despojados
de las circunstancias; que les hace posible
el desatino en nuevas luces
ignorantes de los pasados estremecimientos;
impensables
a la pérdida de sus causales razones.

Dijo su verdad al silencio de la noche,
no lo oyeron
y siguió, desahogado, el camino de las estrellas
rompiendo entre sus manos
las espinas de la última rosa
que le despreciaron las damas de la aristocracia.
Alarmadas en fingidos sonrojos
por sus viriles versos;
alejados de las huecas rimas
de amanerados elogios, de los bien pagados
al ruin oficio de adular fortunas.

Fue mordiendo, a toda furia, los versos más reñidos
que desgarraron la suerte de su pluma
a merced
de los bajos editores
negados al menor compromiso
dados a la mediocre tarea
de la complacencia oficialista, en la banalidad
de reiterar ensalces:
para el seguro aplauso
merecedor al día de los premios que entorpecen.
Hacedores del verso débil
que se hace espuma, denigrante
al desgarrador oficio
de elevar al cielo la palabra necesaria.

Lo acosaron en su camino, al son
de sutiles trampas; diluvio oportunista
en el filo de la crítica hueca
panfletaria de los más arcaicos dogmas
de pérfidos intereses
de los circunstancialmente instalados al dominio
-que se les repite-.
Mas no le desviaron…no le cansaron el verbo.
Y cuando de cuerpo lo derribaron
-al escape de su sangre-
ya era su existencia astral …
Las estrellas de la mano le tenían.

Es la voz merecida de las justas causas
es el rayo que no cesa
en la luz de los fuegos necesarios:
Es el Poeta.

Autor: José Valle Valdés

Hasta ganar la edad

Una fragosidad de excitación rompe el abandono
y califica los roces
mantenidos entre las sombras.
El hombre que indaga hasta lo conclusivo
su sutura de expiración
se amordaza cualquier quejido en un gesto.
Callado de vestigios
en una inclemencia recurrente
en donde el vislumbre
no se resigna a su desplome.
Y no ciertamente como una centella
sino tal una media exclamación inexacta.
Designando pieles que acaecen márgenes
de cuchilladas acumuladas
entre sandeces de la inmadurez
lanzada en las escorias que propician la cólera.

Una apetencia inacabable y la matriz se abre
proporcionando lucimiento al origen;
pero torna a cerrarse
desamparada ante la muerte.
Mal concurren las voces -todo es rugido-
la avalancha de sangre anega en las bocas
que infructuosas aspiran suspiros al aire.
Desde los cardinales surge la tenebrosidad
que ennegrece la tierra.
El resplandor subsiste
al garete por los imposibles
y el oxígeno infausto -contaminado-
refuta cualquier mixtura
que transmute el rugido en canto.

El tiempo agasaja su mortaja
la ternura delata al sentido
la contemplación retrocede a los subyacentes
en donde el fulgor no acierta su evasiva
y flor y luz son violados
por una precipitación de intuiciones relegadas
-reversos alucinados de algún sueño.

Tarda a su antifaz
la existencia planea su fin
y se concibe subjetiva
a la zaga del pensamiento.
El principio -quebrantada apertura-
coqueteó una vez a mi semblante
me apartó y me atascó
para facilitarle espacio a mi vacío.
Apreté mis puños al viento y ególatra
igualmente tiré mi primera argucia.
Y me apoderé de un ímpetu a mis cabales
que a mis adentros me corroe
ante los vaivenes obligados
por los que arrumbé desnudo y desguarnecido
-a mera verga.

La procacidad vino a mi piel
y disfruté de las ajenas -las preferí-.
La neurosis me embriagó a desafiar el mundo.
Insanias me elevaron a hostigadas preguntas
que escarnecieron a mi pecho
el hedor de masacrados desatinos;
Pago doloroso
al desenfado ante los cánones.
Me postré enmudecido a mi sed
y me marché paso a paso hasta ganar la edad
de comprender el transitar -sin rasgar quimera-
cual un hombre honrado.

Palabra que invoco

Experimento acertar una palabra;
la voz del empeño que brota
se eleva, realiza el impulso
y se fulgura en reliquias.
La palabra efectiva, avivada, remozada
en el ímpetu
desconcertado de lo enigmático,
en la vergüenza del desconsuelo global.

Elocuencia de un gesto, de un suspiro
de un encaro que aferra.
Dicciones bazas, necias, burdas,
aceptadas, genuinas, proscritas,
en el atajo de una creación
inédita en verbos: que invoco.

Vocablos, hagan de su materia mi garganta
de mí escribir sus signos
de sus destinos, mi orgánica ventura.

Palabra, colma la nebulosa de mis inspiraciones
con tus tientos, tu lucidez, tu genio.
Y regálame la estirpe señera, de tu esencia;
qué me salve, a un verso, exclusivamente mío.
Único.
Elegante, definitorio del amor.

Desde el acantilado

Aprehender el clamor de los rompientes
cuando destruyen sus patrocinios
desentendiéndose en eliminaciones anárquicas.

Saber derrumbarse en efervescencias
para matizar el sufrimiento de las invocaciones
ante apocadas centurias de zozobro.

Entonar una copla enojada
y renunciar a disiparse
evadiendo las perspectivas de lo imperecedero.

Dispersar el abrazo de la incertidumbre
en la aglomeración de parpadeos desesperados
para emerger a los vientos duchos de astralidades.

Transgredir la transparencia de los hábitos
por guarnecerse de los sociales arrecifes
y demandar por el cuerpo de toda mujer.

Biografía:
José Valle Valdés
. Ciudad de La Habana, Cuba, 7 de diciembre de 1950.
Graduado de la Facultad de Náutica Academia Naval del Mariel.
Capitán de la Marina Mercante.

pichy1965@yahoo.es

 

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