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Patricia Heredia
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia
LA PALABRA PERDIDA

-Basta!...Maldita.Maldita. GUERRA. Dios. Ten piedad. Fuera! Fuera.insectos inmundos. Fuera de la cara de m beb.
Su rostro cetrino totalmente crispado, se inclinaba sobre el trapo mugriento donde descansaba una criatura, famlica y donde la multitud de insectos se daban cita para recrear, la miseria y el dolor.
El calor sofocaba, pero el hambre que ya no se senta, era ms terrible, porque ahora dola, dola como pualadas en el vientre, y en todos los cuerpecitos que con una mirada indescriptible, miraban, casi sin ver el paisaje repetido y no por eso menos terrorfico.
El ruido incesante de los aviones y los tanques; la miseria; el hambre que tena forma y voz; el dolor; los quejidos angustiosos que ya formaban parte de los sonidos cotidianos; el calor que los deshidrataba y ampollaba sus labios, su piel y la sed. la SED.
-Dios Dnde ests? -. Y las moscas. las malditas moscas. -Fuera! . Fuera!... Fuera.- La desesperacin la agota. Se deja caer sobre la tierra y cierra los ojos. Y su mente alucinada se introduce con el nio por un maravilloso oasis donde un gran estanque de agua fresca los llama a beber y sumergirse en l, mientras enormes rboles con deliciosas frutas caen maduras a su paso ofrecindose tentadoras.
Se arroja sobre ellas y tomando varias las pone en las manos de su nio mientras le repite:
- Come! . Come hijo mo. Sin cesar le alcanza una tras otra mientras el nio devora las frutas. y ella ve con alegra que su vientre enorme, comienza a deshincharse y que sus ojos, se humedecen, y lo toma de la mano y lo arrastra casi, hasta el agua, donde se sumergen, y bebe y mira a su nio que sonriente con su pequea manito ahuecada, toma el agua fresca y la lleva a sus labios y los dos se miran y sonren y sonren y se abrazan y la sonrisa se transforma en una risa incontenible, que como una enorme cmara de sonido, llena todo el lugar y aparecen bellos pjaros que cantan alegres, y la brisa al acariciar las hojas de los rboles tambin, forma bellas melodas.
La figura bellsima, apareci delante de ella, le extendi la mano mientras con una voz sin sonido pero perfectamente audible, le dijo:
-Aqu estoy. Vamos en busca de esa palabra que los hombres perdieron hace mucho y no la han vuelto a encontrar.
Ella lo mir intrigada, mientras repeta:
-La palabra perdida? Cul es Maestro?
-Paz.
Esa noche, soldados que rondaban, la encontraron sentada en el suelo, con un brazo sobre el cuerpecito inerte de su hijo y una enorme sonrisa, en su cara sin vida.
Por fin haba encontrado la palabra perdida.

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EL VERDUGO

El horror, se reflej en la mirada. Las rbitas no podan contener, esas esferas sanguinolentas que rebasaban los lmites.
Agit las manos delante de su cara, como espantando una visin, que por intangible, se resista a desaparecer.
Ronquidos profundos e inhumanos brotaban de su pecho. El terror se vesta de diferentes formas.
El aire se negaba a penetrar en sus pulmones y el ahogo se enlistaba en la serie de torturas que su mente cargada de culpas, iba proporcionndole. Una de las tantas muertes que vena sufriendo desde ese da, en que tuvo que ser la mano de la justicia.
Una justicia absurda, cruel. Leyes dictadas por mentes fanticas y enfermas, donde no exista el discernimiento sobre las diferencias; donde toda falta se castigaba de la misma manera: muerte o mutilacin, No haba diferencias de sexo, ni edad. La ley era solo una y haba que acatarla. No exista el matiz, ni el atenuante. Solo falta y castigo.
Y l haba sido la mano del verdugo que aplic el castigo que ahora lo persegua sin piedad y estaba seguro, hasta su muerte.
Se dej caer de espaldas sobre la sucia cama donde pasaba las noches en vela , desde esa maldita tarde...
La mugrienta sabana estaba hmeda del sudor que el terror produca, cuando el pequeo brazo del niito que el haba mutilado das atrs por robar un trozo de pan, para su pobre cuerpecito hambriento, se sacuda sobre su cabeza, cada vez que intentaba cerrar los prpados
Agotado por los das que llevaba sin dormir, cerr los ojos entregado a su destino. Cuando un leve roce sobre su frente le hizo abrirlos con un gran esfuerzo y vio frente a s, las pupilas del nio, que reflejaban su propio terror y el alarido del pequeo se mezcl con el estertor de la muerte de su verdugo.
FIN

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BELLA

Me mir desde su lugar.
Fue una mirada tan especial que me hizo sentir de una manera muy extraa.
La observ con curiosidad, admiracin y una pizca de pena.
Curiosidad porque senta an a la distancia la energa que irradiaba y llegaba hasta m creando un estado casi. fascinante.
Admiracin porque la belleza, que cada da aumentaba a medida que se acentuaba su rpida madurez, me produca un estado de embriaguez de los sentidos..
Por Dios! Que bella era! Y la que al principio se present con la humildad de lo cotidiano se trasform en una deslumbrante exquisitez. Si . Totalmente abierta para m, con la ostentacin descarada de su lujuriante y retadora hermosura..
La pasiva venganza por haber tronchado su vida por el placer de tenerla y disfrutarla un breve lapso de tiempo, era lo que emanaba de ella, en esa exhibicin casi lasciva; y era lo que produca ese sentimiento de pena y el deseo inmenso de poder alargar su tiempo, efmero, mucho ms que mi sentimiento de culpa.
Extend mi mano en un rapto de ternura infinita para acariciar los ptalos de la rosa, que se mantena soberbia dentro del vaso con agua sobre la mesada de mi cocina.

P.Heredia

biografia:
Patricia Heredia

Presidenta del Centro Cultural Cristina De Fercey.
Lic. en Bioenergtica.
Actriz, Cantante, Artista Plstica [P.Berthie] Escritora. Conductora radial.
y algunas otras cosas que sera largo de enumerar.

herediapatricia@hotmail.com

 

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