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Dean Robert Uribe Crdenas
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
Biografia
I
Sers, Invierno, triste para siempre?
Dime si un da conociste la eternidad
y desde entonces llueves,
no sonres nunca,
y que hay un pjaro que te lastima
y que se clava en el tejado,
que conociste el hambre y desde entonces
no puedes comer cuando hay hombres a tu lado.

Dime si una gndola no nace
cada vez que damos muerte,
si no dispara el Diablo siempre,
justo, donde no ha mirado Dios.
Solo es eso
o hay tambin la forma de la materia inerte
que salta y salta porque t la haces saltar,
como los hombres que no llegan ni van,
ni vienen ni estn.

Mas es invierno, y hoy, no hay ms respuestas.
Que no llueves abril cuando hay ancianos,
ni mojas tu ciudad como un gran rio,
eso lo s; pero son muchas tus lagrimas,
aquellas que disipan la neblina
azul que yace en el olvido.

Seala el centurin que te aprisiona
al borde de los das y las horas
y no te deja ir.

Sers, Invierno, plido como esa estrella,
que no prende porque no hay caminos?

No me digas, Invierno, que no te vas a abrir,
como una rosa virgen que florece,
tras el paso fugaz de ese ngel por el mundo.

II
Cuando halla pasado todo
he de mirar hacia aquella celeste nube,
impertrrita de abrazos nuestros,
he de mirar de golpe saciando la sed humana
cuando en lo intacto del doblez, no del sudor,
ni de las lgrimas,
aparezcas por ltima vez ante mis ojos.

Cuando halla que partir
he de volver hacia aquella celeste nube,
sacrificio de mortales, que en lo divino
del motor sin pausas, ni engranajes,
ni fin sin comienzo,
es el borrador de la historia, es quien une
sus fuentes en abrazos dctiles, indestructibles,
como un libro entre las manos nuestras,
o una cena cuando despunta el medioda,
pero sin llevar el hambre total
dejndonos libres de anrquicos dogmas
libres de la oscuridad mas no del misterio,
ni de las orillas pnicas, ni de tu voz,
ni de tu abrazo, ni tu llorar,
ni de la noche, ni...

Cuando halla que olvidar
he de soplar fuerte hacia aquella celeste nube,
efervescencia del amor,
concibe y pare en el hocico de la muerte
que muriendo as, aun existe, y es suficiente
para condensar nuestro quehacer de humanidad.

Cuando halla pasado todo
he de mirar, por ultima vez, hacia aquella celeste nube
que proyctame hacia los bornes del conocimiento,
he, silencioso, de mirar por aquella primera vez,
con ese saludable tono hacia lo nuevo
y como un desconocido reir, y firme,
tras de aquella celeste nube
seguir un camino que se ara con cada
pisada hirviente de nuestro sueo.

III
Cuando los ojos han anclado, obnubilada esta emocin,
desde sus cascarones perifricos y platinados,
cuando estos ojos, funcionales visionarios y
en perfecto estado, colapsan;
no de clulas constantes, ni partculas elementales,
cuando quiebran su quehacer,
obviamente lejos de cualquier ceguera que pasajera
pulula fuera de los ojos;
-constante riesgo que se corre siempre de mirar-,
cuando quibranse al fin en gotas que nunca ms
han de condensarse,
una palabra queda, luego subo, bajo, atisbo,
y al fin reparo, no tengo mirada.

Y cuando esta voz ya no os llega,
he dicho, en consecuencia sin voz:
Aire, mi palabra es dbil!
ceded vuestro alud celeste, que de humanidad
ha porfiado los suspiros que las gargantas
no dejan salir pese a los hombres,
ceded a nuestra espina dorsal, que conecta
como ramas de esos arboles inmensos,
las palabras de nuestras bocas
con la boca de dios, ceded,
Aire, un espacio que es vital,
pero no aquel donde se construyera la materia,
sino aquel, el espacio donde se construyera
la idea, la idea que construyera luego
la estructura que conectarase con esta informacin,
informacin que se figurara en cada dimensin,
y en esta, desde donde escribo, finalmente
un tiro, un disparo, la energa condensada...

Pero cuando no tenga voz para rogarle al Aire,
no tenga aliento, ni figuras compactas,
la saliva inerte, la boca cerrada,
mas no de no poder hablar, sino de no saber hacerlo,
nuestros labios culebrearn como por sendas angostas,
como lo hacen las culebras por sendas angostas,
cuando nuestra lengua avance mas all de nuestros actos
y no se puede controlar, pero sin emitir sonido siquiera,
cuando recuerde que una vez callaba de tanto poder
gritar!!
cuando quibrese al fin en lazos de seda que nunca ms
han de condensarse,
una palabra fuera, luego, rio, lloro, entro, salgo, grito,
y al fin reparo, he perdido esta voz.[hemos perdido nuestra voz]

Cuando sentado frente a un papel que agazapado espera
ser liberado al fin de su cuadriculada percepcin tridimensional,
cuando sentado frente a un papel vea sus manos,
sus piernecitas cortas, sus cabellos peinados,
cuando vea frente a un papel solo un papel en blanco,
cuando tiemblen mis manos, cuando ya no sangre desde abajo,
cuando aunque no se halla acabado la tinta,
cuando ni siquiera ella, a pesar de querer,
sepa como sentarse conmigo y escribir
como lo hiciramos tantas madrugadas, donde luego,
embriagados de amor sucumbiramos a los brazos plenarios
de la noche y su misterio,
cuando estos 'cundos' ya no pesen as, ni duelan sus pisadas,
cuando hallamos olvidado todo lo que somos al fin,
y ms aun, lo que siempre fuimos y nunca dejaremos de ser,
pese a que ahora creemos no serlo,
cuando no creamos, cuando no soemos ni nos colguemos
de las cuerdas de aquel sueo,
cuando no ardan nuestras manos, y bajemos el can
que en nuestra frente aguarda,
cuando dejemos de morir, cuando dejemos de nacer
dentro de esta vida eterna,
cuando trastoquemos la materia y todo lo nuestro
ya no tenga un campo de fuerza,
cuando nos desnudemos y empecemos ha brotar
como las flores de un jardn,
en las orillas del vacio, en el mismo vacio;
una huella quedar donde cabra una palabra,
un espacio donde correr, una altura donde saltar,
una profundidad donde se hunda el mar,
un eco donde rer, un suspiro donde llorar,
llorara, reira, hincharale la aorta al sol y desde arriba
saltaramos los dos al ancho mar,
y desde el fondo,
cuando ya no sea hondo, y esta agua celeste no moje
nuestro cuerpo,
cuando la esencia del ser descienda
cuando quibrese al fin en gotas que nunca ms
han de condensarse,
solo hay que soar de nuevo, y tener la seguridad
de que ese sueo vaga arriba en nubes,
mientras sostiene abajo lo que en tierra salta,
seguros de que es posiblemente imposible, y ms aun,
creamos que ya lo hemos tocado, y lo habremos hecho,
podre escribir de nuevo y habr vuelto a nacer.

biografia:
Dean Robert Uribe Crdenas

Escribo porque es para m una necesidad basica, como el respirar...

dean_uribe@hotmail.com

 

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