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Rogelio Ramos Signes
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
rogelior@tucbbs.com.ar
Biografia

Rogelio Ramos Signes nació el 14 de diciembre de 1949 en La Rioja, capital de la provincia homónima, República Argentina, habiendo transcurrido su infancia en San Juan, capital, también, de la provincia homónima, y su adolescencia en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Desde 1972 reside en San Miguel de Tucumán, capital de la provincia de Tucumán. Es miembro fundador de la Asociación Literaria “Dr. David Lagmanovich”. A partir de 1982 dirige la revista “A y C” (Arquitectura y Construcción). Obtuvo el Gran Premio Regional de Cuentos del Noroeste (2011), otorgado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. Ha sido incluido en más de cien antologías de poesía, narrativa y ensayos de diversos países (citamos “La ciencia ficción en la Argentina”“Antología del cuento fantástico argentino contemporáneo”, “Sleepingfish”“The global game”“El verso libre”“200 años de poesía argentina”“Minificcionistas de ‘El Cuento’. Revista de Imaginación”“Poesía de pensamiento”“El Quijote de Tucumán”“La vita in brevi”). Fue el compilador del volumen “Monoambientes. Microrrelatos del Noroeste Argentino” y co-compilador de “Ajenos al vecindario” y “Cuaderno Laprida”. En el nº 10 de la revista “Minotauro” fue difundida su nouvelle “Diario del tiempo en la nieve”(Segundo Premio CACYF, Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía, en 1984) y en el nº 13 de la revista “El Péndulo” su nouvelle “En los límites del aire, de Heraldo Cuevas” (Primer Premio “Más Allá” a la mejor novela publicada en Argentina en el bienio 1985-1986). Publicó el libro de cuentos “Las escamas del señor Crisolaras”, el de microrrelatos “Todo dicho que camina”, los de ensayo “Polvo de ladrillo”“El ombligo de piedra” y “Un erizo en el andamio”, las novelas “En busca de los vestuarios”(Premio ALIJA, Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina, al mejor libro ilustrado, en 2005), “Por amor a Bulgaria” (Primer Premio en el Concurso de Novela Breve 2008 “Luis José de Tejeda”) y “La sobrina de Úrsula” y los poemarios “Soledad del mono en compañía”“La casa de té” y “El décimo verso”.

 

Recuerdos de un mes de junio

Eras como una prima, pero desnuda
con tu ma�anita de hilo peruano sobre los hombros
y las tetitas all�, apunt�ndome,
con tus venas como r�os en un mapa que no sab�a interpretar.

Eras como una prima con olor a membrillos cocin�ndose,
con olor a prohibido y a la siesta
cuando los grandes duermen, el Diablo juega a la payana
y Dios te mira y se hace el desentendido.

Eras como una prima, pero mucho mejor
porque estabas desnuda y no eras una prima.

[El d�cimo verso,
Ediciones del �rbol, Buenos Aires, 2009]


En descargo de un poeta que envejece

Cuando sobre la palabra �poes�a�
lea �pose�a�
cuando por decir �alertados�
diga �aletargados�
�diet�tico� por �did�ctico�
�estupor� por �estupro�
�ministerio� por �misterio�
�secuela� por �escuela�
�tintorero� por �timorato�
�cementerio� por �centenario�
habr� ingresado lentamente
en la parte joven de mi vejez.

Cuando por leer �pabell�n�
lea �paella�
significar� que tambi�n tengo hambre
[o que extra�o a mi madre],
cuando sobre la palabra �honor�
lea la palabra �horror�
sobre �felicidad�
ponga �ferocidad�
y por decir �esperar�
s�lo diga �espesor�
habr� puesto un pie
en el primer tramo de mi �ltima escalera.

Cuando por suplicar �perd�n, perd�n
estaba equivocado�
sentencie �ya no te queda salida,
mejor date por muerta�
deber�n encarcelarme.

Cuando en el af�n por leer la palabra �mujer�
lea la palabra �manjar�
deber�n dejarme en libertad
o condenarme a cadena perpetua
seg�n el recto entender de los se�ores del jurado.

[Revista Hablar de Poes�a,
Grupo Editor Latinoamericano,
Buenos Aires, Argentina, 2005]


La c�mplice del tiempo

Acumulas a�os en tu documento
en tus manos y en tu cuello,
que son los suburbios
donde los a�os levantan parvas
como cad�veres en la playa,
como cortezas de �lamos
bajo el sif�n de un puente
por el que evitas cruzar.

Acumulas a�os en la axila
que desprevenida se enfrenta a la c�mara,
en el cabello que trepa hasta la nuca
ya sin tanto vigor,
en el desaparecido carrusel de las ferias,
en el despectivo labio
que ha dejado de transpirar
a la hora de la siesta.

S�lo en la comisura de tus piernas
la vida siempre es nueva.

[El Peri�dico, Tucum�n, Argentina, 1998]

Rogelio Ramos Signes


 

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