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Mara Alicia Pino Pozo
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
Biografia

Elegía

Y ahí estabas tú, madre,
guardada en el útero leñoso,
arrastrada por lo vampiros
hasta sus cuevas evangélicas.
Ahí estabas tú, madre,
con tu faz traslúcida y ausente
acerada,
pétrea,
atestiguando desde la orilla de mi hombro
que aquella que ahí yacía
crisálida gris ante mis ojos,
no eras tú.
Tú marchabas a esa hora
más al norte,
entre caminos grises del asfalto,
entre los espinos y las aguas
tú marchabas decidida a paso lento
tú, guarecida de la muerte
sosteniendo el último crujir de tu aliento
para depositarlo
definitivo y estrellado
en los labios puros de ella.

Tu aliento, madre,
yace en su corazón pequeño.

Te rescatamos del último sarcófago
para la ecuación definitiva.

Malicia

Limonero

Caminé desde la habitación donde el resto se repartía los helados de la tarde. Yo llevé el mío entre las manos, para evitar su descongelamiento en boca de otros. Separé la cortina del paisaje que aparecía frente a los ojos frescos, sin fiebre y caminé hasta el limonero. Descubrí pequeñas hormigas ascendiendo entre sus ramas nuevas, hormigas que me pusieron alerta ante alguna peste en él. [Y voy sumando entrelíneas, mirando temores y siguiendo]. Quise esperarte erguida junto al árbol, pero una fatiga leve minó mi estampa de guardia de palacio y me llevó hasta la silla roja de la terraza nueva. En esta posición tuve una vista especial del cerro que descansa a los pies del patio, el cerro que duerme desde quizás cuándo y sostiene en su lomo verde, arbustos, fauna diminuta, pasos errantes de cazadores de conejos [¡ay!], miradas de asombro de citadinos autorelegados. En esta posición bajó el viento suave hasta mi rostro y con un poco de ayuda de la fatiga, cerré mis ojos y descansé. Fue ahí cuando una música, venida desde el patio de otro, desde la historia de otros, desde la simultaneidad que nos contiene, levantó vuelo y conmigo a sus espaldas emprendió rumbo a mi pasado, estación Rancagua. Y volví al pasaje 9, frente a la casa 1169, donde la Malicia adolescente esperaba, esperaba todo, un cambio de paisaje por fin, un tren que la llevara lejos, un milagro que trajera el milagro, aguardaba sobre la calle de tierra el amor que viniese vestido de hombre, aguardaba entre el silencio y la nada, entre la observación perpetua y las miradas tristes de los subterráneos vecinos que fluían desde los kioscos y las botillerías de la tarde. Aguardaba las ventanillas del bus que cambiaban de paisajes, que por momentos estaban aquí, y ya no, que por momentos mostraban la ausencia, y ya no, que por instantes chocaban a la lluvia y se restregaban la luz del sol en el pecho hasta brillar de nuevo. Aguardaba la mirada cetrina del amor que corría infante mientras ella lloraba junto a la reja adolescente. Sus ojos buenos que fueron por fin. Aguardaba a los hijos que vendrían antes del holocausto. Aguardaba el dragón blanco que sacudiría las estrellas sobre ella.
Aguardaba la tarde en que estaría sentada junto al limonero, después de la fatiga sin sospechar la pena que traería consigo después del viaje: algo se me había quedado cuando huí. La tristeza de ella había quedado enredada en la puerta de salida, entre las rozas y las rudas. La tristeza que también a veces se llama \'memoria\', que también a veces se llama \'identidad\'.
Y comprendí que tenía que volver por ella aunque ya no existiera la casa, aunque la tierra del pasaje nueve descansara como una tumba bajo el asfalto de la modernidad, aunque los kioscos y las botillerías fuesen fantasmas vendiendo a niños nuevos las nuevas aventuras del hombre. Y comprendí, mi querido Gandalf, que estoy en la puerta de mi pasado y que voy con una antorcha y con tanto respeto. Que voy por ellos para abrazarlos, que quiero mostrarles a los niños y la casa nueva. Para decirles que ningún bus a uno lo lleva tan lejos como quisiera.
Luego apareció una brisa suave, un ave volando hacia el norte, y el aire retornando a mi corazón. Despejé la cortina para retornar a los helados de la tarde que yacían en el recuerdo de mis hijos.
Así como ellos también recordarán un día. Quizás, también, junto al limonero.

El por qué de las lágrimas

No sé si las lágrimas son por este embargo inminente o por el embargo del mundo que no claudica, no sé si la pena es porque las hadas han vuelto al reducto infernal o porque los pasos cuesta trasladarlos cuando los seres níveos revientan sus dientes sobre el monstruo fatuo de la vileza y la locura. No sé si es porque los ángeles han desenvainado la espada húmeda y caen exánimes sobre la garra impune de la desidia y el desamor o porque la alegría olvidó despertar en la mañana de la tierra.
Y es que esta multitudinaria mirada, esta poesía que transcurre en mis ojos sin compasión, este corazón que se irisa trémulo ante el olvido del alma del hombre, esta palabra invisible que vuela sobre la frente de los pájaros, ha sido, es y será, miel y amargura, azul y ausencia, l y ternura, nostalgia y vida de todo y nada.
Hay un leve gemido en el corazón del universo, un gemido que aparece latiendo en ese pedacito azul que flota silencioso sobre el agua de gozo y peces. El vuelo del dragón se revienta sobre la célula taciturna, el dragón con sus plumas fúlgidas humedece mis labios en la ruina.
El amor me desnuda bajo el sol del mar, el amor me vacía su sal carmínea. Y la playa desvaneciendo olas cuajadas de peces dorados. Viene la luz de los cimientos, del sudor sedante, del naranjo blando en su frutal, el orgasmo abierto sobre el abismo, la ruina del mundo vivido.
Sosiego.
Malicia

biografia:
María Alicia Pino Pozo

Nace en Rancagua de Chile el 15 de Agosto de 1964. Cursa la enseñanza básica en el Colegio Alonso de Ercilla y la media en el Liceo de Niñas [hoy Liceo Nº 1] de la misma ciudad. En el año 1983 ingresa a la Escuela de Comunicación de Mónica Herrera, egresando el año 1987 con el Título de Comunicadora Social con Mención en Redacción Creativa.
Becada de los Talleres Literarios José Donoso organizado por la Biblioteca Nacional de Chile y a cargo de la escritora Teresa Calderón.
Diplomada en Salud y Desarrollo Personal.
Fundadora del Centro Cultural \'La Comadreja\'.
En la actualidad es monitora de talleres de creación literaria con énfasis en lo poético y el desarrollo personal, cuyos destinatarios se ubican entre grupos de mujeres y adultos mayores.
Miembro de la Convergencia en Medicina Humanizada e Integrativa del Centro de Estudios para la Calidad de Vida [CECV].
A partir del nacimiento de Constanza, su hija menor con Síndrome de Down, comienza una búsqueda y reflexión sobre la experiencia y desarrolla el proyecto transdisciplinario \'Síndrome de Down, hacia la elaboración de un nuevo paradigma\', orientado a la búsqueda de nuevas propuestas en salud, educación y arte que promuevan el respeto y la valoración del individuo con Síndrome de Down como un ser que en su tercer cromosoma contiene la flor de amor que necesitamos como humanidad y debemos permitir que florezca, sin intervenir y sin apropiarnos de su sentido y misión.
Integra el grupo de Multiversidad dirigido por el Médico y escritor Luis Weinstein.
Coordinadora de las Escuelas de Gestores Sociales en Políticas Públicas de la Direción de Organizaciones Sociales de la Secretaría General de Gobierno de la República de Chile.

Sus proyectos se sitúan en el ámbito de la poesía, las terapias de desarrollo humano y la difusión de temas relacionados con la calidad de vida.
Crea y administra más de 30 blogs en Internet.

Publicaciones:

Filomena, libro de poemas, Dibam, Biblioteca Nacional

También Así, Antología editada por Claudio Geisse.

Síndrome de Down, hacia la elaboración de un nuevo paradigma, ensayo, revista virtual El Utopista Pragmático.

La mayoría de sus creaciones están publicadas en los sitios web que administra.
Es madre Luciano [7 años] y Constanza [4 años]
María Alicia Pino Pozo
http://maliciablues.blogspot.com
http://miflordeloto21.blogspot.com

maliciapino@yahoo.es

 

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