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Julio Cesar Medina Hernandez
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
jotacemedina@hotmail.com
Biografia

Julio César  Medina Hernández

Cónsul de Poetas del Mundo - Dpto. Huila

Nació en Flandes, Tolima. Desde los ocho años reside en Neiva. Es licenciado en lingüística y literatura de la Universidad Surcolombiana y especialista en Pedagogía de la creación literaria, de la misma casa de estudios.

Tiene publicados tres poemarios: Versos horizontales; Sin memoriam y El amor a las dos de la tarde. Ha sido incluído en cinco antologías de poesía huilense, en un manual de literatura colombiana y en el libro 'Poetas del Tolima siglo XX' compilado por Carlos Orlando Pardo.

Ha editado tres antologías de cuentos y poemas escritos por sus estudiantes de secundaria: Los hijos de Humberto, Los chicos también cuentan y Las aristas del juglar.

Ha participado en varios encuentros nacionales de escritores y en el Taller internacional de poesía realizado en Santiago de Cuba en 1.995. Fue directivo de la Asociación de Institutores Huilenses -ADIH-durante cinco años, y secretario del Centro de Estudios e Investigaciones Docentes -CEID-Huila.

En el año 2006 la Fundación Tierra de Promisión le otorgó la condecoración José Eustasio Rivera, en su máxima categoría, en reconocimiento a su obra pedagógica y literaria. En el año 2007 fue escogido como uno de los trece educadores nominados al Premio Nacional Compartir al Maestro.

AVE FÉNIX


'Porque después de todo,
un hombre que ama y muere
es un ángel
súbitamente humano'

Jesús Cos Cause

La tarde se recuesta
bocabajo.
Dos leños encendidos en la
hoguera.
Eolo, dios pagano, sacude
las alas
Y el tiempo pasa, volando en
la escoba milenaria.

Hay fuego en la pradera. Arde el deseo.
Crepita la piel arrugada de
las sábanas.
Dos cuerpos se consumen, uno
a uno
Gota a gota
Hilvanan historias de miedos
y fantasmas.

Hay humo en la distancia.
Cenizas apagadas en cóncavos
recuerdos.
Los cuerpos destrozados
Cara a cara
Y el largo bostezo empotrado
Alza vuelo.

ADVERTENCIA

Tiene un enigma tatuado en
la epidermis del alma
Un pájaro que anida en los
laberintos del misterio
Como chispa de sol duerme
Entre nubes de silencios
Y con un temblor extraño
Viaja de polizón
En cálidas olas marinas.

Es el pescador de luceros
Que navega
En medio de la niebla.

¡Cuidado!
No te acerques a él
Muchacha de ojos verdes y
piel canela.
No intentes profanar su
fuego sacro.
Despójate de prendas y de
ofrendas.
No te afanes ni te ufanes,
Espéralo.

Él vendrá por ti una noche.
Pernoctará en el fuego de tu
alma.
Hará de ti una fiesta con
vino y timbal.

Y una día, un magro día,
Saldrá, a hurtadillas, de tu
cuerpo
Dejando un suspiro impreso
En los altos aires de la
nostalgia.


DESOLACIÓN

'El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada'
Jaime Sabines

He derribado la puerta de
los sueños
Y rasgado mil veces la misma
oscuridad.
He cavado lechos
Y tumbas
Y miradas de muertos que
deambulan.
Nada.
Nada de ti, amor mío.

He rebasado la barrera del
tiempo.
He descubierto islas que
navegan
En mares de insomnio.
He perseguido la sombra
clandestina
De amantes sin rumbo.
Nada.
Nada de ti
Amor vivo.



DECLARACIÓN DE AMOR
A VUESTRAS NALGAS


Enorme corazón de salitre y
durazno.
Soliloquio del placer
Más libidinoso.
Perfecta simetría de
erotismo y seducción.
Esfera sideral
En cuya órbita confluyen
Todas las miradas.
Senos tangentes que se besan
Al vaivén cadenciosos del
andar.

[¡Cuánto os amo, nalgas
vuestras!
Cuánto ¿vuestras? Os amo
¿nalgas?]

Almohada de los sueños
voluptuosos.
Paraíso terrenal de
supernovas.
Cara y sello de una misma
apuesta.
En ti
Me juego los restos
cirenáicos.
Suave dialéctica de la
naturaleza.
Feliz metáfora del universo.



OTOÑO

Cuando el olvido doble las
campanas
Y se abran de para en par
las puertas
De la vieja casona del
recuerdo,
Sobre la hierba húmeda,
Tendidos bajo el quicio de
algún arco iris
Tú -para siempre- asida de
mi mano
Yo -como nunca- abrazando tu
remendado corazón,
Sin una palabra en la boca.
Con este enorme suspiro
atragantado
En el último rescoldo del
alma,
Con la mirada puesta en
algún arrebol de la infancia
Contemplaremos, impávidos,
El paso inexorable del
tiempo,
Los amigos,
El cansancio,
Los hijos atareados con sus
hijos...
Y ese manto de niebla
Que nos cubre hasta la
ausencia.


 

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