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Fernando Corona
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia
Poema XIX
[ngela]

De pronto hay un jilguero que desciende a mis pies,
la noche se ha tornado decisiva y remota.

Los rboles repiten su fronda en cada prado,
los pjaros renuevan partidas en sus plumas.

Presido un abandono de hojas consumadas.
Presenta la llovizna su versin del otoo.

El ave es tan antigua como un ala del cielo,
como un ngel marchito, como un atrio olvidado.

De pronto hay un jilguero que desciende a mis pies,
la noche es quiz un trazo de su breve plumaje.

De abismo, paz y crcel ha enfermado el jardn,
las rutas hoy concurren en un patio de piedra.

Los trinos ―qu de veces he ensayado su canto!,
cun vanas las palabras, los labios!― ya comienzan.

Por qu ser que el tiempo nos convence en su ruta,
si es cifra que transcurre, si las cifras no existen?

Un rostro de paloma persevera por siempre
prendido de una estrella, conservado en los charcos.

He visto tus caderas, tus pechos revelados:
perviven desde siempre para siempre en la tierra.

Las formas de tu cuerpo, de tus ojos desnudos,
se ocultan con frecuencia tras las rejas del campo.

De pronto hay un jilguero que desciende a mis pies,
tu voz de ngela pura, sin palabras, emite.

Entonces hay tus ojos tras cortinas y brumas,
tus piernas delirantes bajo manta de arbustos.

Entonces son tus manos dos gaviotas o incendios
o llamas que calcinan a un guardin de las playas.

Entonces todo aspecto de las cosas del mundo
te guarda y te traduce, te examina y te imita.

Las hojas, los caminos, los rituales, los siglos
no son sino un recuento de tu nombre y tu sombra.

No hay momento que nazca, no hay instante que muera:
nihil novum sub sole, cada piedra es tu rostro.

De sbito una lluvia repercute en mi olvido:
las gotas son tus dedos sobre el labio y... silencio.

De pronto hay un jilguero que desciende a mis pies,
junto al charco y la piedra manifiesta su canto.

Fragmento
[Canto sobre la muerte del Menor Sabines]

Es turno de hablar, y es casi al ltimo,
del patio que llevamos por dentro desde nios.
Al principio es un patio desolado,
uno de esos cuadros de asfalto siempre grises,
uno de esos verdes pedazos de potrero,
uno de esos huecos de tierra entre edificios,
uno de esos lotes de pasto enmaraado.
Despus vamos llenndolo de risas.
A veces son los ojos los que ren
por los hurfanos ratos de nostalgia,
por la ventana en la que espera el nio al padre,
por el padre que nunca regres
o el que siempre estuvo deseoso de alejarse,
por la maana o la noche que el nio no comprende
porque el tiempo est lejos de ser pena;
entonces hay goteras de tristeza en los ojos,
pero de todas formas re, re nuestro patio de ser patio.
Es cierto, nos dicen: toma tu libertad,
te la regalo y a ver qu haces con ella.
Llega un tiempo en que tenemos el patio saturado,
sucio de caminos no andados o de sueos rotos;
es sa la hora de limpieza, el otra vez ser nio,
el comienzo de un jardn que deja de ser patio.

El tren

Voy a robarte en el tren de las cinco.
Ya no hay trenes, lo s, en este pas disminuido,
no hay sino durmientes adornando avenidas
o perdindose en los cerros desde un paisaje a otro.
Acaso en algn pueblo avanza una gris locomotora
con madera o cascajo, pero no con pasajeros;
acaso en algn pueblo vive un sueo de trenes
y entonces en las urbes pensamos que no existen.
Voy a robarte en el tren de las cinco,
iremos caminando hasta un vagn abandonado,
ah donde los viajes, de no ser, se hacen chatarra.
Entonces habr de argumentarte que los trenes no mueren,
que perduran en la niebla como si fuera un tnel.
Vers tal vez un nio jugando a triturar viejas monedas
cada que pasan las ruedas de l frente a su vista;
vers que el tren no pasa, que ya se estacion junto a su polvo,
que el nio es ahora un poco ms que sesenta aos
pero an juega a dejar viejos recuerdos triturados.
Vers sucias viviendas, enjambres de vagones
que ahora viajan no s a dnde en su penuria;
vers familias que esperan quizs una partida,
un da en que el tren vuelva a ser tren y se los lleve
de nuevo a algn rincn donde haya humanos
y no estatuas de olvido e indiferencia cotidiana.
Vers desde el vagn cmo se apaga el mundo,
cmo comienza a no ser desde que dejas de mirarlo,
cmo la piedra en el riel es la misma
que la de hace mil caminos en un patio desierto.
Vers lo que me trae a entretenerme por las tardes:
la lluvia palpitando sus gotas en el fierro oxidado.
Vers, al fin, que entre tanta tristeza acumulada
mi beso no ha cambiado y te sigue encendiendo.

biografia:
Fernando Corona

Nacido en Mxico, Distrito Federal, el 27 de Enero de 1978, es Licenciado en Letras Clsicas por la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico [UNAM]. Curs los talleres literarios de los maestros Enrique Gonzlez Rojo, Alicia Reyes, Hernn Lavn Cerda e Iliana Godoy. Ha sido asesor y docente a nivel bachillerato, as como becario de proyectos de investigacin. Trabaj en la Biblioteca Nacional de Mxico [Instituto de Investigaciones Bibliogrficas de la UNAM] en proyectos de investigacin y catalogacin de textos antiguos. Imparti el Taller de Apreciacin y Creacin Literaria por parte de la revista Opcin del Instituto Tecnolgico Autnomo de Mxico [ITAM]. Fue Becario de Investigacin en el Centro de Estudios Lingsticos y Literarios de El Colegio de Mxico. Actualmente es Profesor de Griego en la Facultad de Filosofa y Letras de la UNAM, Profesor de Latn en la Universidad Panamericana, Secretario General de la Asociacin de Escritores de Mxico [A. C.] y Coordinador de Asesores de la Direccin del Museo Nacional de Arte. Ha publicado los libros de poesa 'Cantos de silencio', 'ngela', 'Canto sobre la muerte del Menor Sabines', 'Los trenos de la iglesia de piedra', 'Letras de sombra' y 'Amatorio'. En cuento, ha publicado 'El roble'. Finalmente, en ensayo public recientemente la 'Memoria de la Asociacin de Escritores de Mxico, A. C. XLV Aniversario'.

fcoronat@hotmail.com

 

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