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El Seor K
Nacionalidad:
Bolivia
E-mail:
Biografia

118

A mi conejita de playboy, Carmiña Mina

Bésame como me besaste anoche,
dulce, apretada, con besos de loca
fuerza o volcán o lo que más provoca;
mudos son mis quejidos en la noche:
Ágil me tienes en seguir tu coche
que de un confín a otro término toca
soles y estrellas. Como cualquier boca
en el tálamo virgen, noche a noche,
déjame muerta de amor o de azoros.
Cuando me vieres yacer en tus coros
de ángeles, muda de espanto o herida,
vierte otra vez en mi cáliz tu vino.
Tengo yertos los pies de ir en camino;
¿Fría quedaré o húmida o perdida?

.

119

¡Oh mi Dios te doy gracias ! Todo en ti
es cierto en este cuarto, aunque nada
más sólo hayan papeles y una « espada »,
unos versos quizás, ningún rubí.
¿Qué valor le das Dios, o no lo intuí,
a esta pobreza ruin, tan anunciada,
que me acerca a los cielos, bienamada,
y me aleja del suelo en que nací?
Cansada de la vida, ya no duermo,
porque hablan las amigas y me enfermo.
Como a Rut, me fatigan sus rumores,
y sólo pido pan, un poco de agua,
su compañía y qué más... ¿Por qué fragua
el demonio y me lanza sus furores?

.

126

Nada tengo... Desnuda me presento
ante ti como vine al mundo. Nada
tengo para ocultar, menos que nada
para mostrar, mi piel donde lamento.
Mis cuidados están al ras del viento,
fríos porque tú no estás en la enramada,
donde tu amor tendióme su celada
y en tus besos me ató en total tormento.
Con tu mirada cúbreme la piel,
no me dejes burlada entre las flores.
Sí, nuevamente, sé próspero y fiel,
anudando mi ser a tus favores,
mis brazos a tu ser que mana miel,
mi aliento que se prende a tus rigores.

.
.

El poema de la elocuencia: autobiografía

Desde la infancia, el señor K. alias Juan Carlos Ramiro Quiroga [La Paz, 1962] ha fracasado en todos los menesteres humanos, también en el acopio de la sabiduría. No ha sido un mediano escolar ni siquiera un bachiller meritorio, sino el ser más abyecto y desdichado en esa magia menor que fue practicada por Shakespeare, Catulo y Kavafis.
Jamás siguió los pasos de su padre, quien fuera un zapatero remendón, ni los de su madre, quien fuera una nigromante, sino la senda de los antiguos que siguieran Basho, Cavalcanti y Villon entre las armas para derribar dioses ruines y mezquinos, y entre las letras para conmover ángeles y demonios.
Cuando tuvo conciencia de su espíritu, a finales de la adolescencia, gracias a los sufrimientos y trabajos de Zamudio y Machado, comenzó a escribir un puñado de poemas, muchos de ellos a regañadientes, muchos otros a despecho y los más bajo la influenza de la gripe aviar o asiática.
Su servicio militar fue desastroso por la pérdida de tiempo y salud. En doce meses de encierro sólo aprendió a matar patos y ñandúes o a domesticar cóndores. No obstante, obtuvo rango de cabo o fue furriel, jefe de cordada, soldado raso y sarnoso en el regimiento de infantería de Curahuara de Carangas, Oruro, a miles de kilómetros de su hogar.
Su paso por la universidad le provocó el mal de ojo y los sombríos estados de ánimo que lo colmaban de dudas sobre sí mismo, insatisfacciones y depresión. Su silencio y timidez eran insoportables. Alcanzó la corona, es decir, la licenciatura en letras, con la mínima nota, gracias al empeño de su tutor que argumentó como si fuese Cachín.
Hay que creerle a Pascal cuando dijo que los problemas de un hombre empiezan cuando sale de su cuarto. Dianas, Circes y Gorgonas cruzaron ante su tablero, pero nada parecido al jaque mate de Carmiña, quien fue su pieza predilecta, es decir, su alfil, su caballo y su reina fuera de casilla.
Después de la lectura del Corán y la Cábala, también vislumbró en su cuaderno algunos ensayos y apostillas sobre el porvenir de los poetas actuales. Nada como Humberto Quino Márquez, nada como Marcia Mogro, nada como Rubén Vargas, nada como Benjamín Chávez, nada como Cé Mendizábal, nada como Sara Kuljis, nada como Rodolfo Ortiz.
Nadie sabe por qué, excepto Isa, el señor K. se ha dado en la labor de husmear la literatura escrita por mujeres. En ese afán, se han cruzado en su camino las tres musas: Pizarnik, Ibarbourou y Mundy que han dejado un imborrable dolor en sus entrañas como si harpías le hubieran devorado el hígado.
Lector de la Biblia, ahora criba los ojos en Holan, Hierro, Seferis y Basald, aunque como mal pirata se ha perdido para siempre en los mares profundos de la literatura anglosajona. Viento en popa entonces con Anónimo, Browning, Stevens, Dickinson, Shelley, Keats, Creeley, Plath, Auden, Hugues, Yeats y Kane.
Su menester puritano no le ha impedido hacerse de una pequeña biblioteca, cuyos tomos y volúmenes guarda y custodia en varios cajones de cartón, y asimismo una pesadísima hemeroteca que le ha provocado innumerables molestias cuando se cambia de casa. Su cojera humana es harto bochornosa ante los demás hombres.
Debido a una sinusitis crónica, detectada tardíamente en medio de fragor de 39 grados de temperatura que lo estaban por volver un cadáver, se ha visto obligado a imponerse nuevos hábitos como el de las copas amargas del jengibre y los vahos de manzanilla. Pero aún sigue destrozando su hígado pacientemente con olorosas tazas de café yungueño for export.
Gracias a Dios, no ha recibido ningún premio literario ni ninguna mención poética como acostumbran los escritores y poetas de hoy pergeñar en sus hojas de vida. Los únicos títulos que ostenta con indolencia, casi con reticencia, son los de lector de poesía y cronista de los acontecimientos culturales.
Sólo tres ciudades del extranjero han oído el oleaje presuroso de su voz y columbrado el paso temeroso de su sombra, como ser Santiago de Chile [en dos oportunidades], Punta Arenas [cerca al culo del mundo o en el denominado Estrecho de Magallanes] y Córdoba [en las serranías de Salsipuedes].
Se cartea constantemente con varios poetas del exterior. Entre ellos, el chiquitín santiaguino Andrés Ajens, autor de la novela Entreveros; José María Memet, hacedor de ChilePoesía; Laura Yasán, poetisa in extremis de Buenos Aires; Silvia Guerra de Montevideo; Jonathan Skinner, bardo de New York y, sobre todo, Eric Gelsinger, el joven poeta de Buffalo.
Aunque la historia se empeña en decir que ha escrito cinco libros de poesía, sólo un libro [eco de kámara/historia del ángel] publicado bajo el mecenazgo de José Antonio Quiroga, director de Plural Editores, ha de salvarlo de la memoria de los hombres, porque el \\\\\\\'olvido\\\\\\\' es el manjar más preciado de todo poeta.
Que otros se precien de engendrar descendencia de aquí para allá, él sólo quiere ser pater excelsis de uno solo: Pablo Muñoz Mina que es \\\\\\\'su duca, su maese, su guía\\\\\\\'. A él sean dirigidas estas palabras que vuelven a gravitar en su pecho desde el primero día que lo vio aletear entre sus brazos, junco y pimpollo amado.
El señor K. nace en La Paz, Bolivia, el 11 de marzo de 1962. Estudia Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés. Obtiene la Licenciatura en Literatura en 1991. Participa de los movimientos poéticos de La Paz de manera solitaria hasta que en 1992 conforma el denominado grupo «Los jinetes del apocalipsis» en compañía de los poetas Jorge Campero, Rubén Vargas Portugal, Edmundo Mercado y Renato Careaga [este último compositor]. Con ellos perpetra una revista literaria «El cielos de las serpientes», única en su género y hasta en su contenido, porque exhibe por primera vez para el lector boliviano la poesía contemporánea de la región. En 1995, accidentalmente, al calor de unas tazas de café, impulsa la creación del «Club del café y del ajenjo», con los poetas Ariel Perez y Gary Daher Canedo. Este terceto posibilita el Encuentro de Escritores de Bolivia y Chile en Santiago de Chile, en junio de 1995. Editaron la revista literaria denominada «Mal menor». La incursión a este club le provocó inolvidables disputas con el quinteto de poetas apocalípticos.
Quiroga publicó tres libros: «El pozo de interminables líneas: cámara de eco» [1990], «Cámara de Eko o el pozo de Ariana» [1992] y «Errores compartidos» [1995], ésta última publicada conjuntamente a Ariel Pérez y Gary Daher Canedo. Dos inéditos: «Turbaciones [de celo] ante la gran piedra» [1993] y «El primero amor» [2001], estos textos abordan una temática mística personal. Sus primeros libros fueron publicaciones a mano y elaborados al gusto de su egoísmo: al revés. Sus poemas deben leerse de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda. Los actuales asumen el común denominador. Durante mucho tiempo asumió los dictámenes fundamentalistas del Corán. Ahora practica el protestantismo anglosajón, sin estigmas ni exclamaciones. Su poesía está incluida en la \\\\\\\'Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI\\\\\\\' [Siglo XXI, México, 1997], de Julio Ortega, compilador.
Participó recientemente como invitado de honor por Bolivia en el Encuentro Internacional de Poetas ChilePoesía 2003 realizado entre el 20 y 27 de marzo en Santiago de Chile y otras ciudades como Punta Arenas, el culo del mundo.

 

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