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Jean-Marc Desgent
Nacionalidad:
Canadá
E-mail:
Biografia
Jean-Marc Desgent
Seleccin del Poemario: Ce que je suis devant personne.


Lo que soy frente a nadie


Nadie, pronto, nadie, en otra parte. Entonces, voy donde no hay
camas para dos, donde no existen palabras intiles. Por
supuesto, a veces envidio al enamorado que se desviste sin
pensar, que se desliza cerca de su prxima catstrofe, que

no se equivoca traicionando la luz o la materia de su propia
realidad. Imagino, conmovido, sus pequeas vestimentas
dobladas o tiradas sobre la silla, en la pieza, en la vida.

Prefiero las cosas abandonadas. Estn ah para nuestros cuerpos
cesantes, para nuestros cansancios de obreros. Ellas nos
llevan de regreso al cero, ellas reflejan la unidad del ser

y del mundo, ellas se quiebran por nosotros, ellas se quiebran
muy bien; se alejan, pues, de los que piensan en los libros o
que se ven como verdades.

II

Tantas miserias, de dolor me absorben, me interrogan, me invaden
que me es imposible ser exacto. Ellas me devuelven a mis
zapatos desolados, a inviernos interminables, a pasos en el
centro de la borrasca, a la soledad que creada por fro, al
desdoblamiento del ser. Pensar, morir, llorar no me pertenecen
ms. Los sueos se apagan por si solos, ningn resguardo
es conveniente.

III

Sucede que inadecuado en lo real, me enamoro de una silla, de una
cama, o de un telfono pblico.

Los ojos, cuando son verdaderos ojos, ojos enloquecidos, ojos de
profundas necesidades, me vigilan, me siguen y toman lo que
arrastra... lo poco que me queda. Mis hermosos ojos irrespon-
sables no conservan nada; ni el movimiento, ni la blancura de
las aves, ni la fachada de los monumentos, ni el movimiento
de la blancura de las aves sobre la fachada de los monumentos.

Me alejo de la forma humana como huyo de mi persona
insuficiente. Frente a la ventana, veo el marco, frente a la
suma de necesidades, de las urgencias absolutas, sano
el hambre y la sed.

IV

El hablar me complica y me destruye. Entonces, lo digo todo sin
gravedad: Tengo escalofro, acelero el paso, agarro un catarro,
acomodo mi bufanda, bajo las pupilas, tengo calor, tengo
fro, soy una pequea mecnica espiritual atrapada por la nieve.

Despus del paso de los veinte ltimos siglos, despus de todas
esas voces sin unidad formal, despus de tantos otros
corazones malditos, despus del amor esparcido fuera de nosotros,
despus de nuestros poemas destructores de poemas,
comprendo que nada me sana, que nada me consuela.

V

Dominado por un dolor que me irrita hace dos das, dominado
tambin por esta luz de atardecer que entorpece y que me
recuerda un da en que am a alguien, tengo el ritmo lento de
los buques de carga, doy mi voz al ser de la soledad, de
memoria, aprendo los poemas que transportan el agua,
el abastecimiento adonde la existencia es frgil
y sin contemplacin.

Seamos concisos, materiales, indiferentes, perfectos: La realidad
es nuestra monstruosidad; Ella nos deja a merced de nuestro
rechazo al inmediato. Sin embargo, nada que se derrumba, nada
que no contine su trayecto, nada impensable, nada sorprendente.

El agua corre, el fuego penetra la madera, las llamas
suben hacia la nieve, la nieve se establece en nuestros
hombros, somos del vrtigo, nacemos como chispas e iluminamos
momentneamente las noches que atravesamos.*

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* La calor me desgasta. Un libro sobre una silla me atrae pero no
tengo ganas de leer. Algunos pjaros grandes, a lo lejos, se disputan
y acompaan mi alcohol que vuela, que resbala, me enamora.

Nuevamente veo el invierno y una vez ms caminando
contra el viento. Me digo que en las noches de invierno,
parecemos animalitos emboscados. Pienso en alta voz
en los momentos en que todos estamos muy cansados. Pienso
que faltaran ngeles para trabajar por nosotros. Pienso como se muere.

El vientre del invierno, el pesado abrigo colgado para que se
seque, la mano sobre la mesa, la otra imitando el vuelo de
las aves, algunas palabras tan materiales que calientan mi
cama, la manada corriendo sobre el banco de hielo en un
sueo, una casa aislada en el fro, la embriaguez frente a la
actualidad del da, los astros que caen y los que aparecen
frente a nuestros ojos, los seres transformndose en piedras
y ponindose inescrutables, las tristezas que duran hasta el
da siguiente, todo el agua de la sed, el silencio guardado
sobre ciertas cosas para no ir demasiado rpido a la muerte,
el cuerpo como lugar privilegiado de la tierra negra.
Eso se envuelve bajo mi propio nombre.

Biografa:
Jean-Marc Desgent
. Poeta quebequeo, naci en Montreal el 15 de septiembre de 1951. Despus de estudios universitarios en literatura y antropologa, trabaja como profesor de poesa y lingstica. Colabora como crtico literario en diversas revistas literarias.
Su primer ttulo publicado en Herbe Rouge en 1981, 'Faillite sauvage', fue finalista en el Premio Emile-Nelligan. Luego, produce seis poemarios ms y una novela corta. Su libro, 'On croit trop que rien ne meurt', publicado en 'Ecrits des Forges' en 1992, queda como finalista en los premios literarios UNEQ-Journal de Montreal y de la Fondation des Forges . Publica en 1994: 'Ce que je suis devant personne' y 'Les quatre tats du soleil'. Sus poemas aparecen publicados en ms de una veintena de revistas de Qubec, de Mjico, francesas y belgas. Algunos crticos describen a Jean-Marc Desgent como autor de 'tonalidad que golpea, delirante, sensual, llevado por un lirismo atormentado'.
El amor, la angustia, la soledad y los efectos de la cultura, son los temas que frecuentemente brotan en sus actualmente publicados. Su poesa narrativa, a flor de piel, sin concesin, siempre ha sido marcada por la lucidez. Hace algunos aos, Jean-Marc Desgent publicaba un poema cuyo ttulo resume muy bien el conjunto de su obra: 'Mi vida ser bella y violenta o no ser'.

Traduccin del francs, Alfredo Lavergne.

 

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