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Ruben Peredo Balczar
Nacionalidad:
Bolivia
E-mail:
Biografia
UN MAL PASO

DE RUBEN PEREDO BALCZAR

Sal estaba postrado en terapia intensiva, afectado por una sobredosis. El respirador artificial le mantena con vida. Una semana antes haba estado fumando cocana en pipa. Reflexionaba como nunca antes lo haba hecho. Una desazn le invada, estaba cansado de vagar, de ser un don nadie. Su decaimiento fsico era notorio, todo el cuerpo le dola. Al caminar las rodillas le temblaban. Decidi recostarse con la espalda apoyada en la pared y se durmi profundamente. Despert ante dos seores que se encontraban sentados en un recinto, que pareca, una pequea biblioteca. Una mesa haca de escritorio. El ambiente estaba bellamente iluminado, la luz brotaba de todos lados, pero no se vea foco alguno, solo brotaba naturalmente. Automticamente extendi las manos y en silencio uno de los asistentes le alcanz varios libros. Algunos eran delgados, otros ms grandes o ms gruesos. Abri el primero pero no tena letras, no tena ttulo en la cartula, ni nombre del autor. Era como una pelcula. Lo cerr y nuevamente lo abri, inmediatamente empezaron las imgenes. Le pareca raro que un libro sea una pelcula, no entenda. Levant la mirada inquisidora pero los seores ya no se encontraban en el recinto. En el libro observ a una persona famlica recostada en el suelo, por su boca brotaba espuma mientras convulsionaba. Le observ detenidamente y se asusto al verse a s mismo. La pelcula empez a mostrar su vida. A su lado aparece un pequeo anciano, de ojos luminosos, cuya paz, invada el maltrecho espritu de Sal. El viejito le dijo:
-Yo soy aquel que siempre anduve contigo, pero no pudiste escucharme. As que te dej solo para ver qu haras en la vida. Si tienes algo que decir estoy a tu lado. Nuevamente, para or tus reclamos o confesiones.
Sal empez a balbucear lloroso y automticamente comenz a relatar su experiencia de vida, vivida con sus amigos:
- Hace muchos aos en la universidad me enamor de una damita que me puso de vuelta y media. Hice un grupo de estudio. Todos ramos jvenes en busca de experiencias fuertes que nos hagan sentirnos mayores e importantes. Fue todo un proceso de transformacin, de la adolescencia a la juventud. De las travesuras del colegio a las exigencias de la universidad. Usted entender, que los primeros das en la U, son para hacer amistad, de ubicarse socialmente y demostrar actos y conocimientos adquiridos en el colegio. As se form mi grupo. Empezamos libando cerveza despus de clases, alguien con ms confianza trajo un cigarro de marihuana, ms tarde otro lo mezcl con cocana. As pasaron varios meses, hasta que lleg el momento crucial, ese momento en que uno decide quien quiere ser, o un hombre de bien o una piltrafa humana. Ciertamente le digo: es ese instante en que la persona ya no quiere compartir la droga con los dems. Ese fue el momento que el cerebro me exigi, me decida inmediatamente. Mientras un fluido salival con sabor a cocana bajaba por mi garganta. Me encontr en el inminente dilema: ir con mis amigos a comprarla y compartirla o irme solo a consumirla? Mi cerebro insista fuertemente! Fue as que aquella noche en la reunin, desesperado, me levant violentamente y abandon a mis compaeros con una disculpa. Llegu hasta la Plaza Coln. Tras de m apresuradamente lleg otro amigo, Jorge, quien jadeando y nervioso me pregunt:
Dnde vas de ida? Para luego afirmar. Seguro que vas a comprar los pitillos y, solito!
S, hermano Le contest. Me sal porque estoy desesperado. Mi mente as me lo exiga y yo no quiero dar ese paso, pero estoy desesperado.
Yo tambin lo estoy me dijo Jorge. Y este es el momento de hacerlo o no. He visto a muchos amigos que han cado en el vicio, inclusive padres de familia que han destruido su vida por fumar cocana. Ahora andan y viven por las calles como sombras sin futuro. Todo lo vendieron y destruyeron. Hoy en da algunos piden limosna o roban para proseguir con el vicio. Tambin estoy en esa encrucijada. Me muero por fumar, pero creo que no lo voy a hacer. Mira como tiemblo. Tengo seca la boca, pero no, mejor me voy. Mejor vmonos Sal y separmonos de estos amigos!
-Yo me qued callado un instante. Mi ansiedad era tan grande que no atin a reflexionar. Dej que Jorge se fuera. Ahora me ve, seor. Di ese maldito paso. Han pasado ms de veinticinco aos desde entonces. He robado, he vivido en los canales de drenaje, he matado. Los policas me han extorsionado durante aos para que les entregue una suma equis de dinero cada semana, caso contrario llevaba una paliza. As, robaba para ellos y para mantener mi vicio. Mi santa madre me recogi muchas veces casi agonizante y me llevaba al hospital donde me convalecan a punta de sueros, vitaminas y buena alimentacin. Pero mi cerebro siempre me ordenaba y exiga fumar cocana. Estuve en un centro de rehabilitacin, donde consegu estar varios meses sin fumar, hasta que me convert en receptor de jvenes viciosos en los centros de acogida. Pero, llegado el momento, de una u otra manera uno se desmorona. En el centro todos trabajbamos y producamos para ayudarnos en la alimentacin. All recibamos la preparacin necesaria de los psicoterapeutas, quienes nos enseaban a recuperar toda esa dignidad perdida, ese amor propio que se destruye por muchos aspectos. El desprecio social y familiar es tan fuerte que a uno no le queda ms que recubrirse con una coraza de nomeimportismo total. Pero duele que nadie quiera recibirme en su casa o invitarme a su fiesta. Despus de un tiempo yo, casi recuperado, ya poda salir desde el centro a vender empanadas de trigo rellenas de queso. Un da de esos me apegu a unos jvenes que jocosamente rean de todo y nada.
- Jvenes buenas tardes! -Les dije. Miren yo soy del centro de rehabilitacin de adictos Nuevo Amanecer y estoy vendiendo estas empanadas que preparamos. Es para ayudarnos en nuestra manutencin. Por favor cmprenme! Uno de ellos, el ms chistoso, me mir. Pareca que su mente diablica tramaba una pregunta que me pudiera hacer tambalear psicolgicamente, y me dijo:
- Cuntas empanadas tienes y a cmo las vendes?
- Como unas ciento cincuenta y, las vendo a dos pesos
- Te las compro, todas, si me respondes una sola pregunta!
- Cul sera, joven?
- Dime! Es lindo el pitillo o no?
- No, no me pregunte eso joven! No ve que estoy casi rehabilitado? Esa pregunta me tienta, y yo debo vencer cientos de veces mis ansiedades!
- Si me contestas, te las compro todas! -Los otros amigos rean a carcajadas.
- Ante semejante oferta no tuve ms remedio que contestarle. Mis glndulas salivales segregaban torrentes. Mi cerebro empez a enloquecer desbocado. Desde dentro de mi corazn sali esta respuesta: S, Joven, los pitillos son lo ms delicioso del mundo! Son tan sabrosos que uno deja todo. La mujer ms hermosa, el mejor trabajo, la familia, la profesin. Por eso es que soy vicioso. Ante semejante contestacin. Todos rean. Era tal la algaraba, que la gente se paraba a mirarles, porque rean inconteniblemente. Me compraron todas las empanadas incluido el canastn y una humillante propina. Pero mi vida en ese momento haba cambiado, haba vuelto a ser el de antes. Al ver el dinero, en vez de volver al centro de rehabilitacin, regrese a las calles a consumir droga. Luego me enrol en los gremios de delincuentes y viciosos que viven en diferentes zonas de la ciudad. Existen ms de veinte. Yo llegu a conocer unos diecinueve. -Sal continuaba su relato al anciano. Uno de ellos, donde yo perteneca, se encuentra a un lado del parque industrial por el canal Cotoca. Otro en la parte de atrs de la estacin ferroviaria y el ms grande en el Barrio Abara. Cada gremio tiene su especialidad. Hay varios formados por gente muy violenta. Por ejemplo: Aquel que lideriza El Peln, en la estacin ferroviaria. Asaltan y matan sin compasin. Yo ya conoca al Peln y me acercaba de visita a su gremio. En una oportunidad, muchos de ellos, me rodearon para golpearme, por estar invadiendo su territorio. Por suerte apareci mi amigo El Peln, que les grit para que me soltaran, previnindoles que yo era parte de su grupo de seguridad. De esa manera me qued una temporada con ellos. Ellos viven dentro de los matorrales al lado de los rieles de la estacin. Parece que este lder tiene pacto con el diablo. Cierta vez escuch alaridos desesperados en la vivienda de El Peln. Se escuchaba una voz gruesa y tremendos golpes que removan su caseta de madera. El Peln, llorando, prometa cumplir con el pacto que el de la voz gruesa le exiga. Al rato sali el hombre terriblemente golpeado y ensangrentado. El golpeador nunca sali de la caseta. Se esfum como por encanto. Tal parece que era el demonio tranca puerta.
El anciano sabio le observaba. La mirada le haba penetrado hasta lo ms hondo de su alma. -Le dice:
-Ciertamente. El diablo da proteccin, economa y poder, pero pide a cambio el alma.
-l, cada cierto tiempo -Prosigui Sal. Le exiga a El Peln, la vida de una mujer. ste siempre cumpla con el trato. Hasta que un da se neg. El resultado fue que el demonio le quit su proteccin y la consecuencia fue la crcel o la muerte de muchos de los de su gremio. l se fue a vivir entre rejas. Luego me retir de esa agrupacin por la violencia de sus actos, y volv a mo.
Ahora quiero contarle algo que le sucedi a tres de mis camaradas: En una noche sin luna. Venan caminando por la va frrea. De pronto vieron la vislumbre de una camioneta que tena su media luz encendida. Alguien descargaba basura en un matorral. Agazapados esperaron un buen rato hasta que el inescrupuloso se retir del lugar. Mis camaradas se acercaron a rebuscar la basura con el afn de encontrar algunas cosas que sirvieran para vender. Entre ella, haba unos sacos con el sello de un banco. Estaban llenos de dlares. Cuando contaron el dinero, eran ms de setecientos cincuenta mil dlares. Qu haca ese dinero en la basura, en bolsas de banco? Lo ms seguro era que alguien lo haba robado y colocado entre la basura, con la intencin de volver ms tarde a recogerlo. Pero el destino hizo que mis camaradas lo encuentren. Empezaron a gastarlo dentro del gremio. Compraron cantidades de comida para que se sacien hasta el hartazgo. Alcohol, cigarrillos y cocana en cantidad para consumirla. El principal de ellos, en su locura, lleg a quemar cientos de billetes de cien dlares, solo para hacer una fogata. l mismo encenda un billete para quemar la droga en su pipa. Otro de ellos se retir del gremio y compr un inmueble, instal un almacn muy grande, compr vehculos y se retir del vicio. Ahora es un seor. El tercero fue apaleado y le quitaron doscientos cincuenta mil. Ms tarde muri de inanicin. El que quemaba los billetes muri de una sobredosis. Fue una poca de oro para todos nosotros. Vivir con dinero en demasa, fue vivir en la gloria, adems con la cocana. Quiz no me crea, seor! Conseguir la cocana es ms fcil que comprar caramelos! La traen del Chapare Cochabambino. Yo no s porqu algunas autoridades y en especial la gente, se molesta, porque nosotros consumimos cocana y, no se dan cuenta que somos los ms nacionalistas! Nosotros consumimos lo que mejor produce el pas! No me mire as no se haga! Ciertamente es la Cocana...! Pero ahora me arrepiento de haber dado ese maldito paso que me ha convertido en una piltrafa humana!
Un estertor le hizo volver a la cama de terapia intensiva. Sal miraba todo, como expectante, desde otro ngulo. Miraba su cuerpo echado en la cama. Un mdico le desconectaba del respirador artificial. La sala se ilumin. Una guadaa que llevaba un ser brillante le cort el hilo de la vida. Ese hilillo celeste que le una a su cuerpo. Se solt como un resorte y se uni a su luminoso cuerpo dimensional. Miles de fantasmagricos egos, se desprendan del cuerpo fsico de Sal. Plaan desconcertados al quitarles su alimento el vicio. El cuerpo etreo de Sal se elev raudamente como una co. A su lado el anciano le guiaba hacia un tnel de luz. Sal se resista a dejar maltrecho cuerpo. Necesitaba volver a su cuerpo. Estaba acostumbrado a dicha vestimenta corprea. El anciano con suavidad le dice:
-Aprate hijo! Tienes que llegar temprano a tu propio tribunal, donde te juzgars sabiamente. All escogers, si vuelves rpido te quedas una temporada de vacaciones. Hoy has nacido nuevamente de donde saliste a obtener experiencia y sabidura. Volver te ser un nuevo reto. No hagas caso a tus propios demonios que no quieren que les dejes. Conjrales en el nombre del Cristo. Avanza hacia la luz, no te detengas, no mires hacia atrso te petrificars por miles de aos, hasta que se diluyan las insanas personalidades que vivan contigo!

br>rubenperedo1@yahoo.es

 

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