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Salvador Troccoli
Nacionalidad:
Estados Unidos
E-mail:
Biografia
Yo no vengo a pedir piedad

No vengo a pedir piedad.
No vengo a decirle a ojos extranjeros,
me disculpen por la pobreza que mi tinta,
arrastra en los papeles donde dejo el eco de lugares,
pintados como solfas
que guardan el criollo canto,
ese que encuentro en las races de los pueblos.

Fue una vez recuerdo,
que sal a buscar;
Sal a escudriar en los archivos inspirados,
una idea de cmo ser poeta.
Anduve por las bibliotecas de mas alcurnia,
identificando las clases diferentes de poetas,
esos que deben graduarse en la vida.
Busque alguna categora,
una s:
que diera cabida al rumbo de mis letras.
A la existencia de sus intenciones.
Busque el castigo al delito por cantar fuera de las reglas,
esas que poetas confundidos en su egosmo
y soledad desparramada,
llenaron de estilos y acuerdos.
Esos poetas que lejos se detienen,
de caminar por el extenso salado de las arenas
que humedece el ocano navegante de soares esparcidos.

El mar lleno de una libertad blanca,
me regalo el secreto de las espumas.
Me regalo el enigma de sus burbujas,
que se baan de caricias que descienden de la luna.
Yo no tengo reglas poeta susurro a mi odo:
las brumas...
Olas y mareas,
asi como todos los reflejos del cielo que viven en mis aguas,
puedes cantarlos a tu manera:
puedes cantarle lo s,
de la manera que le hablas a las piedras,
esas que embelesadas,
te sonren alla en los desiertos de tu pueblo.

Disculpa poeta que tambin yo tome la palabra,
hablo el Ri Colorado,
ri que irriga los surcos y campos de mis tierras de Arizona.
Deja que te diga que en ese eterno dormir,
de rocas y lagartijas.
De serpientes cascabeles.
Escorpiones,
y nocturnas lechuzas que cuidan el silencio,
ese donde se esconde la soledad de las arenas.
Se esconde la ausencia del bullicio,
como huyendo de la envidia,
la misma que es amante, concubina del egosmo.
Esto, todo lo vez,
hasta donde tu mirada alcanza
encontraras el canto de los zanates,
y en el auditrium de los aires,
aparecern las canciones de cenzontles,
en coro con torcazas y toda ave que transita en los vientos.
Todo esto poeta esta ah:
llvalo en el morral de tus recuerdos,
Para que un da puedas usarlos en tu canto.
Todo esto ser la suelta inmensidad de un archivo
donde la vida lleve
buscando la clasificacin de tus poemas.

Yo sabrs, sigo siendo el ri,
que viene a dejarte en cestas derramadas
miles de aretes y collares que olvidaron las estrellas,
cuando desnudas jugaron y se amaron en mis aguas.
En esa aguas tambin encontraras las veredas cristalinas,
que en madrugadas se evaporan
al copular con las arenas y hojas derramadas.
Es aqu donde quiero un da traigas de paseo,
A la hembra esa que adulas en tus poemas.
Aqu dejaras que en tus dominios nunca heredados,
le acaricien y adornen el vaivn de sus figuras.
Deja si que la hembra esa que llamas seora,
desnuda le adornes con la luz de las lucirnagas...
Asi: su cuerpo ser el paraso ese en que tu poeta
te pierdes pensando en los placeres de la noche.

Esto es lo que yo darte puedo,
mas imagino que cuando en el Bio Bio
tus pies descansaste en el correr de sus Chilenas aguas,
pudiste encontrar la memoria de los follajes,
en el navegar de hojas titubeando su llegada al ocano.
Hojas pintadas de nieve que alumbran
la profundidad de otoos e inviernos extranjeros.

Cuntame poeta sigui diciendo el Rio Colorado,
supe que conociste tambin las aguas,
de muchos hermanos ros diferentes?
Una lluvia me cont l verte por Iquitos,
abrazando el correr del Orinoco,
que te invito a beber las savias de la selva.
Tu y los bhos de la noche,
juntos conocieron almendras en su vestidura.

Vez, que tu adueas el retumbo de tambores,
esos que encontraste navegando en el Motagua,
ri donde supe recogiste algas y cadveres
acecinados por puercos dictadores,
que muertos los dejaron navegando en esa Guatemala,
flor de pascua en la cintura de Amrica.
Supe que cuando en la Mosquitea,
merodeabas los silencios de la selva,
en esa patria Nicaragua,
siempre fuiste s:
acompaado de un nerviosismo de venado.
Fueron las corrientes del Ri Tipitapa,
esas que en la selva pregunta al Once Coco Segovia,
otro ri que te dio el derecho
de encontrar la raz de las ideas.
Ah aliviaste t sed por los encantos.
Ah reposaste la sed de tu cansancio.
Esos ros jornaleros poeta,
son los que alimentan la luz de los luceros,
esos que a Honduras y Nicaragua
les pintan desde el mundo de las estrellas,
con sus cabellos peinados en hilos de plata.

Una de las pasadas madrugadas poeta,
una garza en su viaje procedente de Alaska:
dijo haberte visto en la extensin de un blanco invierno,
en la Provincia de Alberta,
entusiasmado como un aullido de lobo,
en los millones de nieves volando como plumas,
de palomas violadas por el viento.
Ah se que conociste el desnudo misterio de las rocas,
Congeladas en la sonrisa y su mirada
estancadas como un sueo lento, eterno
en el latido inmvil de la montaa,
que admite al Athabasca River llevar su paso,
como una vena que alimenta el corazn de la mirada.
Poeta tambin Canad te dijo:
Llena los frascos vacos de tu tinta,
llnalos con los ecos del Slave River
en su marcha al Ocano rtico lugar de su destino.
Encontraras diferentes sinfonas,
que de las aguas se evaporan
en un aplauso de hojas desfilando hacia los suelos.

Mis aguas cuando al mar arriban en su final,
abrazan la llegada de infinitas corrientes diferentes,
que arrastran recuerdos germinados con las lluvias.
En esa llegada escuche de tu nombre,
navegando alguien dijo: le vi en el Delta del Paran,
en un da de trabajo, con su maleta,
en la proa de un buque
esperando encontrar en el alcance de su mirada,
la Provincia de Misiones, en la Republica Argentina.
Que cosa quieres poeta?
Si ah fuiste s:
un pescador desnudo en los latidos de la pampa.
Encontraste la msica del malambo.
Encontraste la meldica cadencia de la zamba,
hecha un ritmo embelesado en regalar a plena luz,
lo que tus ojos en pagos y estancias,
deleitaron como el churrasco cocinado por el Gaucho criollo.
Te llevaste en la sonrisa de tu alma,
El abrazo celeste de Ushuaia a Catamarca.

Nos perderamos en un eterno,
hablando de todo lo que regalado se encuentra
como una vestidura en el universo.
Poeta djame entonces decirte adis,
djame recordarte que en el respiro de la Naturaleza,
encontraras siempre el soplido
que absorber te deje:
el derecho s...
De cantar con esta libertad,
que en este momento despides de tus ojos.

Sal Troccoli

biografia:
Salvador Troccoli


Quien eres tu

Quien t eres hombre: mucha gente me pregunta, algunos leemos tus cantos y no comprendemos por que la tristeza siempre se pinta en tus letras: ?
Bien, yo soy un hombre que recogi la humedad de muchas lagrimas en veredas diferentes, soy alguien que en los caminos de mi Amrica encontr la pena como un solo trofeo en cada pecho de pueblos diferentes, pueblos que palpitan en el paso de los das, fueron muchos calendarios que marcaron segundos, minutos, horas, semanas, meses y no digamos aos en que recog la cosecha de muchos sufrimientos, que en un ayer les sembraron en los campos de la vida, unos campos que representan muchas razas olvidadas y explotadas en estas tierras diferentes.
Es pues que aqu hermanos poetas del mundo, hermanos lectores de diferentes puntos cardinales, muchas veces encontraras mis palabras pintando la queja que navega en los ros del tiempo, navegan en un rumbo donde se pintan la explotacin, el racismo y no digamos el olvido tatuado en colores de ignorancia donde se valoren los derechos humanos.
Desde el Ri Grande hasta Tierra del Fuego florecieron los colores que hoy emergen de mis poemas...
Emergen como repiques en cada campanario que en un alma existe...

Sal Troccoli

negorlenthepoet@roadrunner.com

 

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